Alemania, una potencia en redefinición

22/07/2015

Por: Francisco Trejo Campos*

reighstag

Reichstag. Imagen obtenida de Council on Foreign Relations.

En la actualidad, Alemania proyecta una imagen de nación próspera, exitosa y responsable. De hecho, se trata de la economía más grande de Europa, el segundo mayor exportador del orbe, el tercer mayor productor de vehículos, la cuarta economía mundial, entre otros rasgos que convierten a este país en la principal potencia del continente europeo. Alemania ha alcanzado esta posición gracias a su capacidad industrial y al acceso privilegiado a los mercados europeos que proporciona la Unión Europea. El ascenso pacífico germano no debe darse por sentado, ya que en el período de 1871 a 1945 Alemania era percibida como una amenaza por sus vecinos y otras potencias, aspecto que aumentaba las tensiones regionales y conducía a conflictos militares. Por ello, en este ensayo analizaré las causas y principales rasgos de la actual posición de Alemania en la economía y política internacional, así como sus implicaciones.

La República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) se reunificaron en octubre de 1990, acelerando la integración política y económica de Europa. Este proceso representó un gran peso financiero para Alemania Occidental, dado que se equiparó el Marco alemán de la RDA con el de la RFA, pese a la gran diferencia en productividad, además de que se otorgaron subsidios masivos (alrededor de 1,400 millones de euros de 1990 a 2010) destinados principalmente a programas sociales y a la mejora de la infraestructura en la parte oriental del país. Dos años después, en 1992, los doce miembros de la Comunidad Económica Europea firmaron el Tratado de Maastricht, mismo que sentó las bases de la integración europea, apuntalada por la creación del euro, la libre movilidad de bienes, servicios y personas, así como el establecimiento de precondiciones económicas para los futuros miembros de esta organización. Desde entonces, la estabilidad y la prosperidad de Alemania han estado íntimamente vinculadas con el proyecto de integración europeo.

A pesar de ser una economía desarrollada impulsada por el sector exportador, las relativamente bajas tasas de inversión pública y privada limitan el potencial económico de Alemania. En 2014, la tasa de inversión relativa al PIB de este país equivalió a 17.7%, cifra comparativamente menor al 22% de Francia. De hecho, al desagregar la inversión total, se observa que Alemania invierte menos en maquinaria (6.2%) que naciones con niveles similares de industrialización como Suiza (10%) y Austria (7.8%). Esta situación es alarmante dado que la población alemana está envejeciendo rápidamente (la edad promedio actualmente equivale a 47 años), aspecto que exige elevar la productividad para que la población joven pueda mantener el sistema de pensiones. Una de las principales razones del bajo nivel de inversión pública es que el gobierno alemán respalda la consolidación fiscal (presupuesto balanceado sin incurrir en nuevas deudas por parte del gobierno federal para 2016 y de los gobiernos municipales en 2020), misma que está estipulada en la Constitución desde el año 2009. Además, el alto grado de endeudamiento de los municipios (Gemeinden), fuente de dos terceras partes de la inversión pública, impide que éstos destinen recursos necesarios para el desarrollo de infraestructura. Por otro lado, las bajas tasas de inversión privada se deben principalmente a los siguientes factores: 1) las menores tasas de rentabilidad en Alemania en comparación con naciones emergentes; 2) la reducción de la edad de jubilación de 67 a 63 años; 3) la imposición de tarifas eléctricas más altas para incentivar el uso de energías verdes (solar y eólica); y 4) el establecimiento de un tope al precio de las rentas inmobiliarias.

La posibilidad de que Grecia incurra en un default y su consecuente salida de la eurozona podrían desencadenar una crisis financiera en el corazón de Europa por lo que el gobierno alemán, como principal acreedor de la deuda griega, ha encabezado las negociaciones con las autoridades helénicas para evitar este escenario. Desde el inicio de la crisis de 2009, Alemania ha dominado la política financiera de la zona euro, dado que las economías de Francia, Italia y España se han debilitado significativamente. De hecho, la Canciller Merkel ha exigido a las naciones más endeudadas implementar amplias medidas de austeridad, aspecto que ha llevado a desencuentros con el gobierno griego que acusa a Alemania de buscar únicamente su interés nacional. Además, el Primer Ministro Alexis Tsipras, miembro del partido de izquierda SYRIZA, se muestra reacio a ceder ante las presiones de distintos gobiernos europeos y organismos internacionales (el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y bancos europeos), así como de los partidos de oposición (To Potami y Pasok), los cuales apoyan la implementación de un amplio paquete de austeridad a efecto de otorgar más préstamos a la nación helénica. Los resultados del referéndum del 5 de julio del 2015 demuestran que una parte importante de la población griega también rechaza las condiciones leoninas que están imponiendo las instituciones financieras a la deuda de Grecia. La renegociación de la deuda griega en la actualidad ha estado fuertemente influenciada por Alemania, pilar del actual sistema económico europeo.

Las prioridades de política exterior alemana son: la integración europea, la alianza trasatlántica, la defensa de los derechos humanos, así como la promoción de la democracia y del libre comercio. En relación al proyecto europeo, Alemania ha promovido un modelo de integración económica profunda con énfasis en la unión monetaria y la disciplina fiscal, el cual ha impulsado sus exportaciones en detrimento de países con menores niveles de productividad. Por otro lado, la alianza trasatlántica actualmente atraviesa una crisis de confianza, dado que se han revelado casos de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense a mandatarios como Angela Merkel y François Hollande. Aunado a esto, la ausencia de Estados Unidos en las negociaciones del cese al fuego en Ucrania han mandado un mensaje claro a los líderes europeos de que Washington no está tan comprometido con la seguridad del continente europeo como en el pasado. Por ello, es necesario que las potencias europeas, especialmente Alemania, utilicen todos sus recursos diplomáticos y militares a fin de garantizar la seguridad europea.

El limitado poderío militar de Alemania se explica por razones históricas y fiscales. Por un lado, la derrota en la Segunda Guerra Mundial permitió que las naciones aliadas impusieran límites a la industrialización, especialmente militar, de Alemania, además de que el ejército estadounidense asumió la seguridad de Alemania Occidental (actualmente el ejército estadounidense tiene 21 bases militares en territorio alemán). Por otro lado, el compromiso de consolidación fiscal impide que el gobierno federal destine más recursos al rubro de defensa (actualmente equivale al 1.3% del PIB, frente al 2.2% de Reino Unido y Francia). En consecuencia, en el marco de una Unión Europea debilitada y de una Alemania con recursos militares restringidos, Rusia ha asumido un papel revisionista que desafía el estatus quo en el continente europeo.

La anexión de la península de Crimea en marzo del 2014 y el respaldo del gobierno ruso a milicias en el este de Ucrania han colocado a Rusia como la principal amenaza a la paz y la seguridad de Europa. El presidente Vladimir Putin anexionó la península de Crimea al territorio ruso, apelando a reclamos históricos, en reacción a la destitución del presidente ucraniano Yanukovich, de tendencia pro-rusa, y al establecimiento de un gobierno interino a cargo del Primer Ministro, Arseniy Yatsenyuk, miembro del partido Unión de Todos los Ucranianos, organización que impulsa el fortalecimiento de los vínculos entre Ucrania y la Unión Europea. Los enfrentamientos entre milicias pro-rusas y ucranianas en la región de Donbass se han intensificado a raíz de la asunción de Petro Poroshenko como Presidente, quien promueve la adhesión de Ucrania a la Unión Europea y ha nombrado a extranjeros como Ministros de su gabinete. En respuesta, Estados Unidos y la Unión Europea, con Alemania a la cabeza, han impuesto sanciones económicas a Rusia con resultados diferenciados.

La República Federal de Alemania se ha convertido en el principal mediador en el conflicto de Ucrania debido a que el este de Europa constituye la región más importante para su estabilidad. Rusia es un importante proveedor de energéticos y un mercado importante para las exportaciones alemanas, además de que las economías de Europa oriental mantienen una estrecha vinculación con Alemania. De hecho, actualmente el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán está organizando una serie de conferencias, talleres y reuniones sobre las perspectivas de la política de seguridad en Alemania con la participación de políticos, investigadores, empresarios y líderes de opinión reconocidos internacionalmente y se planea publicar un “Papel blanco”, con las conclusiones de dicho ejercicio, en el verano del 2016.

El liderazgo de Merkel en la crisis ucraniana ha sido multilateral: por un lado, la Canciller ha coordinado los asuntos más importantes con Estados Unidos y por otro ha solicitado el apoyo de Bruselas para impulsar sus iniciativas. El 11 de febrero del 2015, la mandataria alemana y su homólogo francés promovieron la negociación del Protocolo de Minsk II entre Ucrania y Rusia, el cual estipula el cese de las hostilidades en Donetsk y Luhansk, así como el otorgamiento de amnistía a los combatientes, el restablecimiento del control fronterizo a cargo del gobierno ucraniano, entre otras medidas. No obstante, a pesar de las sanciones económicas y los acuerdos diplomáticos, los enfrentamientos en el este de Ucrania persisten, dado que Alemania ha desalentado el uso de instrumentos militares para manejar esta crisis.

La respuesta militar de la alianza trasatlántica respecto al conflicto en Ucrania se ha limitado a una reorientación de la OTAN a la defensa colectiva. Desde abril del 2014, la OTAN ha incrementado su presencia en su flanco oriental mediante el despliegue de barcos en el Mar Báltico y el Mediterráneo oriental, así como la realización de ejercicios militares y navales, y el reciente anuncio, a cargo del Secretario de Defensa de Estados Unidos, Ash Carter, del posicionamiento de tanques, artillería y tropas rotativas en Europa central y oriental. Algunos analistas consideran que estos movimientos poseen un mensaje más simbólico que estratégico, dado que se comunicó sobre el despliegue de una brigada distribuida en seis países, aspecto que difícilmente puede verse como una amenaza real para Rusia. De hecho, Merkel propuso el despliegue de una fuerza de respuesta rápida en lugar de enviar tropas de la OTAN de manera permanente a las naciones bálticas y de Europa oriental. Asimismo, la canciller se opuso al envío de armas al ejército ucraniano. Estas decisiones se pueden explicar por el rechazo popular a las opciones militares por parte del electorado alemán, así como la dependencia de Alemania de las fuerzas estadounidenses (y su escudo nuclear) para garantizar su seguridad. Lo anterior demuestra que actualmente el liderazgo alemán se expresa por medios multilaterales, diplomáticos y económicos, dado que carece de opciones militares unilaterales, aspecto que lo hace vulnerable a amenazas y chantaje.

En suma, en la actualidad Alemania se encuentra en una encrucijada respecto a su papel en Europa y en el mundo, dado que posee una gran influencia en el ámbito económico y financiero, pero limitada capacidad para manejar crisis geopolíticas como la que se presenta en el este de Ucrania. Joseph Nye define el poder como la habilidad de influir en la conducta de los demás para obtener los resultados que uno desea. De aquí, deduce que el poder suave implica usar incentivos, mientras que el poder duro incluye coaccionar al otro para alcanzar el objetivo anhelado. En este caso, la Alemania reunificada ha ascendido económica y políticamente mediante poder suave (fortalecimiento de vínculos económicos y difusión de ideas y valores), aspecto que la ha convertido en el líder y principal defensor del proyecto europeo. No obstante, las ambiciones geopolíticas de Rusia en Ucrania y Europa oriental han evidenciado las limitaciones del poder suave alemán y la necesidad de asumir su liderazgo en el esquema europeo y atlántico a efecto de defender la estabilidad y prosperidad de la Unión Europea.

 

*Francisco Trejo Campos es Asociado Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.

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