Centroamérica y la ola migratoria de menores no acompañados hacia Estados Unidos

Octubre de 2014

Por Frania Duarte*

niños migrantes

Menores inmigrantes. Fotografía de Alejandra Ramírez, obtenida de El Universal

 

Más de 60 mil niños indocumentados no acompañados, la mayoría procedentes de Centroamérica, han cruzado la frontera de Estados Unidos en lo que va de este año. De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, Honduras es el país del que procede la mayoría de esos niños (17,975), seguido de Guatemala (16,528), El Salvador (15,800) y México (14,702). Durante su travesía, estos menores están expuestos a ser víctimas, entre otros, del crimen organizado y, en general, de que sus derechos humanos sean violentados. Al respecto se suele preguntar, ¿cuál debiera ser el curso de acción para frenar esta problemática? La respuesta resulta compleja en tanto que se trata de una situación que tiene su origen en diversos factores, no obstante los gobiernos de los países involucrados han comenzado a diseñar estrategias que pudieran reducir los riesgos a los que los menores suelen enfrentarse.
Para charlar acerca de la emigración de menores hondureños no acompañados hacia Estados Unidos, así como del actual reto que enfrentan los países centroamericanos ante dicha situación, Frania Duarte, del Programa de Jóvenes Comexi, entrevistó a Josué Carlos Rivera. Él es consultor en migración, cooperación internacional y desarrollo de proyectos, y anteriormente fue Ministro Consejero para Asuntos Migratorios en la Embajada de Honduras en México y Vicecónsul de Protección en el Consulado de Honduras en Los Ángeles.

 

PJ Comexi – ¿Cuál es el rango de edad y el sexo promedio de menores hondureños que emigran hacia Estados Unidos? ¿Cuáles son las principales causas por las que se van?

JCR – Es muy complicado hablar de estadísticas concretas al referirnos a la migración irregular, principalmente por el hecho de que dichas personas sin importar su edad o sexo buscan pasar desapercibidos de las autoridades y de cualquier otro grupo que consideran que podrían poner en riesgo su viaje hacia los EUA. En mi experiencia, y después de muchos años de entrevistar e interactuar con miles de migrantes, he visto menores de todas las edades; desde casos de recién nacidos que eran trasladados por sus padres, menores sin acompañar de 8 años de edad, menores de todas las edades que eran trasladados por traficantes de personas o polleros como se les llama comúnmente y, por último, grupos mixtos de menores sin acompañar. Tienden a ser principalmente del sexo masculino, sin embargo sí existe una cantidad importante de niñas menores que, de igual forma, emigran hacia EUA.

Las causas de su salida de Honduras son ampliamente debatidas desde hace muchos años, entre las más comunes encontramos el huir de la violencia, el reclutamiento por parte de grupos del crimen organizado, la falta de oportunidades, etc. Sin embargo considero que hay una causa que tiene un peso aun mayor, ésta es el deseo de reunificación familiar. A diferencia de la cultura anglosajona, los latinoamericanos tenemos un apego mayor a nuestros núcleos familiares. En EUA, por ejemplo, se acostumbra que a los 18 años los hijos dejan sus hogares para asistir a la universidad y en la mayoría de los casos no regresan a los mismos. En los países de principal origen de migrantes como México, Guatemala, El Salvador y Honduras, los núcleos familiares tienden a mantenerse hasta que los hijos forman su propia familia, y aun en este momento estas nuevas familias continúan teniendo una fuerte conexión con las familias originales.

La razón por la que considero importante enfatizar lo anterior, es dado el cambio en la dinámica de los flujos migratorios después del 11 de Septiembre de 2001. Anteriormente la migración tendía a ser cíclica, es decir las personas podían trasladarse a EUA, trabajar por algunos años, regresar a sus países de origen y, de ser necesario, regresar a trabajar a EUA nuevamente; en estos casos los menores se mantenían en sus países de origen donde eran cuidados por sus familiares y mantenidos con las remesas que se recibían de los padres en el exterior. Posterior a las acciones tomadas por EUA para blindar sus fronteras dicho ciclo se vio interrumpido, lo cual provocó un cuello de botella en la frontera norte de México y, sin meternos mucho en el tema, provocó en cierta forma la inclusión del crimen organizado en el tráfico de personas.

Esto a su vez condujo a que los padres de familia limitaran el riesgo de salir una vez que se encontraban en EUA, así que continuaban enviando remesas para mantener a sus menores, y es entonces donde el deseo de reunificación familiar, que al mismo tiempo se ve agravado por situaciones como violencia y faltas de oportunidad, impulsa y motiva a miles de familias a tomar el riesgo de pagar por que sus hijos sean introducidos de forma irregular a EUA.

De forma sencilla puedo con un alto grado de certeza declarar que de las decenas de miles de menores que son detenidos en la frontera sur de EUA, la gran mayoría de los menores sin acompañar de 12 años hacia abajo, están viajando con el fin de reunificarse con al menos uno de sus padres, los cuales contrataron los servicios de un traficante de personas. Esta situación es igualmente aplicable en el caso de menores que se encontraban viajando en compañía de uno o más de sus hermanos. En el caso de los mayores de 13 años una gran cantidad igualmente viajaban con el fin de reunificarse con al menos uno de sus padres, y otra parte viajaban en compañía de amigos o conocidos que lograron convencerlos de aventurarse al viaje.

Hay que considerar que existen de la misma forma una gran cantidad de familias completas que intentan ingresar a los EUA.

PJ – México es el país de tránsito de los migrantes centroamericanos cuya meta es llegar a Estados Unidos. ¿Cómo es la travesía de los niños migrantes hondureños por México? ¿Cuál considera que es el papel del gobierno mexicano en el tránsito de los menores inmigrantes en su paso por el territorio mexicano? ¿Los alienta o disuade de continuar?

JCR – El tránsito de los menores es extremadamente riesgoso en la mayoría de los casos, debemos recordar que muchos de ellos están siendo trasladados por traficantes de personas que finalmente son personas que están infringiendo las leyes con el fin de obtener un beneficio económico. Existen innumerables casos de menores de los cuales se pierde el contacto y dichos traficantes se vuelven ilocalizables. Debemos mencionar que de la misma forma los menores pueden verse expuestos a delitos como la trata de personas, abusos sexuales y tráfico de órganos.

El principal papel del Gobierno mexicano es el resguardar el interés superior de los menores, tal y como lo establecen todos los tratados internacionales en la materia, y al mismo tiempo trabajar de forma conjunta con los países tanto de origen, tránsito y destino de los menores con el fin de abordar la problemática con respuestas regionales.

En mi opinión los gobiernos no tienen la función de disuadir o alentar la migración, su responsabilidad consiste en que sus ciudadanos puedan tomar una decisión informada al respecto. Es decir, que los mismos estén consientes de los riesgos y de las consecuencias legales que su decisión podría implicar, pero por otro lado que igualmente estén consientes que sus derechos humanos no se desvanecen al cruzar cualquier frontera sin importar su estatus migratorio.

En el caso de los menores es imperativo que todos los gobiernos sirvan una minuciosa vigilancia sobre la salida de sus menores, evitando las salidas no autorizadas o sin consentimiento por parte de los padres.

PJ – ¿Cómo ha reaccionado el gobierno de Honduras ante el reciente incremento de menores hondureños no acompañados que se van hacia Estados Unidos? En el caso de los menores deportados, ¿cuál es el proceso para reinsertarlos en la sociedad?

JCR – El aumento en la afluencia de los menores no es reciente, es una situación de la que nos percatamos en los últimos dos años, y donde México de igual forma expresó su preocupación por el asunto. Las recientes fotografías de los menores y las condiciones bajo las cuales eran alojados una vez que eran tomados en custodia en frontera levantaron de forma inmediata y alarmante la atención hacia esta crisis humanitaria, lo que obligó a todos los gobiernos a tomar acciones inmediatas. Se formaron comisiones de alto nivel, se movilizaron recursos para recibir a los menores retornados, se generaron mecanismos para brindar oportunidades a los retornados y se puso en marcha una ofensiva diplomática liderara por el actual presidente, Juan Orlando Hernández, para tratar la problemática a nivel presidencial. A pesar de todas estas acciones es aun necesario crear mecanismos de desarrollo regionales permanentes que sean tanto preventivos como reactivos y le den a dicha situación un trato de emergencia humanitaria.

Por el momento no existen procesos claros de reinserción, por lo que es necesario fortalecer las instituciones responsables y crear mecanismos efectivos que garanticen el bienestar de los menores y permitan generar un verdadero plan de vida digna para los mismos a su retorno al país.

PJ – El pasado 9 de septiembre los fiscales de El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras y México acordaron crear un grupo de alto nivel que se encargará de diseñar una estrategia conjunta para proteger a los menores migrantes no acompañados en su travesía hacia Estados Unidos. Sin duda esta acción se inserta en el marco de la responsabilidad compartida de dicha problemática. Sin embargo, ¿hasta qué punto la migración latinoamericana se trata de una responsabilidad compartida y hasta qué punto cada país debiera asumirla como responsabilidad propia, teniendo en cuenta que en diversos casos son la falta de oportunidades y la pobreza las razones que orillan a las personas a emigrar?

JCR – Como mencioné anteriormente, la falta de oportunidad y la pobreza son solo una parte de las razones por las cuales los menores salen de sus países. Por otra parte estoy de acuerdo en el concepto de responsabilidad compartida, en el sentido de que por ser una crisis regional debe ser abordada a través de soluciones y mecanismos regionales permanentes. Finalmente ningún gobierno puede limitar la movilidad humana y su responsabilidad consiste en que sus ciudadanos tengan la oportunidad de tomar decisiones informadas.

PJ – Recientemente los gobiernos de El Salvador, Guatemala, Honduras y México acordaron realizar campañas de información para alertar a sus connacionales sobre los riesgos de emigrar de manera irregular hacia Estados Unidos, y así persuadirlos para que no se vayan. ¿Éste podría ser un elemento disuasivo suficiente o considera que podría haber otras acciones que pudieran coadyuvar a reducir los niveles de emigración irregular?

JCR – Estas campañas deben ser integrales, por lo que deben resaltar los riesgos y al mismo tiempo hacer énfasis en los derechos humanos, que son universales. Considero que mientras el deseo reunificación familiar esté al centro y al mismo tiempo se vea respaldado por la búsqueda de mejores oportunidades y en algunos casos por huir de la violencia, el instinto humano prevalecerá, por lo que continuaremos teniendo este tipo de migración.

Es importante considerar que las economías de estos países dependen mucho del ingreso de remesas, y en este sentido tendríamos que analizar de forma muy minuciosa si en efecto existe un verdadero interés por reducir los niveles de migración.

La migración irregular puede reducirse en la medida que cultivemos nuevas oportunidades en el exterior a través del fomento de la educación, capacitación técnica y competitividad en las actuales y futuras generaciones; abriendo espacios en los gobiernos locales y sentando pautas para nuevos programas que permitan que nuestros ciudadanos puedan emigrar bajo condiciones dignas y de verdadero beneficio para sus familias y países.

PJ – En América Latina se mira con gran interés la realización de una reforma migratoria en Estados Unidos que contemple un trato digno a los inmigrantes latinoamericanos. Esto sin duda ayudaría a los inmigrantes que ya están allá, pero ¿en qué medida representaría una ventaja para quienes apenas van hacia allá? ¿Se correría el riesgo de caer en un círculo vicioso en el cual los que están por llegar quedarían desprotegidos? ¿Qué lineamientos debería impulsar un lobby latinoamericano en Estados Unidos sobre este asunto?

JCR – Para algunos podría considerarse que este ciclo ya está en marcha. Acciones como la amnistía otorgada por el Presidente Reagan, la apertura a la regularización por parte del Presidente Clinton, los TPS (Estatus de Protección Temporal) otorgados en diferentes momentos de emergencia a diferentes países lograron regularizar a cientos de miles de personas.

En este momento considero que lo más importante es enfatizar los beneficios que nuestros migrantes brindan a las sociedades donde se encuentran establecidos, comprobar su valor y su compromiso para fortalecer dichas sociedades.

Considero que el principal lobby lo llevan a cabo los migrantes a través de las acciones que realizan y la forma en la que se comportan dentro de las sociedades donde viven, sus reacciones pueden llegar a tener mayor influencia sobre las nuevas políticas que cualquier negociación de alto nivel.

PJ – ¿Qué les diría usted a los niños y jóvenes latinoamericanos que pretenden emigrar hacia Estados Unidos?

JCR – El sueño de emigrar a EUA es algo que está latente en algún momento en todos nosotros, es parte de nuestra herencia cultural, existen muchos mecanismos para lograrlo, algunos de ellos peligrosos y que podrían llegar a costarnos hasta la vida. Pero existen otros que están llenos de retos y de grandes esfuerzos a través de la educación, buscando sobresalir con el fin de optar por las oportunidades que finalmente deseamos. Sin embargo, algo que nunca deben olvidar es que sin importar donde hayan nacido y hacia donde desean ir, su hogar siempre será el mismo y esta conexión es algo que nunca en la vida se llega a perder. Es nuestro deber y debe ser nuestro deseo el siempre poner en alto el nombre de nuestro país.

 

*Frania Duarte es Asociada Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Se graduó de la licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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