Democracia a la turca

20/08/2014

Por Francisco Trejo Campos*

Erdogan

Recep Tayyip Erdogan. Imagen obtenida de: http://carolineglick.com/turkeys-high-risk-power-play/

El domingo 10 de agosto trascendió que el ciudadano Recep Tayyip Erdogan ganó las primeras elecciones presidenciales directas en la historia de la República de Turquía con alrededor del 52% de la votación popular. A primera vista parecería un suceso normal en la política mundial, pero en realidad se trata de un game changer por dos razones principales: la primera radica en que Erdogan pretende asumir ciertas facultades que aumentarían el poder del presidente y con ello debilitar el régimen parlamentario del país; la segunda reside en el fortalecimiento de la figura de Erdogan como el principal líder de la nación, aspecto que amenaza las instituciones democráticas de Turquía. En caso de que estas tendencias se lleven a cabo, la democracia liberal será cada vez más una quimera.

En primera instancia, desde su fundación, Turquía se ha caracterizado por contar con un régimen parlamentario, cuyo origen proviene de la “Revolución de los Jóvenes Turcos” a principios del siglo XX, que cambió el carácter del imperio otomano de una monarquía absoluta a una constitucional, estableciendo las bases de un sistema multipartidista en el período de 1908 a 1918. Una vez fundada la República de Turquía en 1923 por el militar Kemal Atatürk, ésta se basó en los seis principios básicos del “kemalismo”: republicanismo, nacionalismo, estatismo, populismo, laicidad y reformismo. Es importante señalar que la institución que velaría por el cumplimiento de este nuevo orden era el Ejército, lo cual tendría consecuencias mayores para la democracia turca en el futuro.

Durante las primeras tres décadas de la República, hubo un régimen de partido único, liderado por el Partido Republicano del Pueblo, el cual reprimía directamente todos los movimientos opositores, ya que Atatürk los consideraba reaccionarios. A la muerte del fundador de la república, lo sucedió Ismet Inönü, quien gobernó hasta 1950, año en el que ocurrió la transición al Partido Demócrata y así dio inicio un régimen multipartidista en la nación turca.

El Partido Demócrata fue incapaz de adaptarse al nuevo sistema multipartidista y de mantener el crecimiento económico, aspecto que utilizó el Ejército para intervenir y dar un golpe de Estado. Durante los años cincuenta, hubo una explosión demográfica y movilizaciones importantes del campo a la ciudad. Por ello, los Demócratas fomentaron políticas consumistas que liberalizaron las importaciones y provocaron altas tasas de inflación, lo cual afectó directamente a los militares. En consecuencia, el Ejército orquestó un golpe de Estado contra el Primer Ministro Menderes, ya que según los jefes militares, éste había traicionado los principios del kemalismo.

En el período que abarca de los años sesenta a los noventa, Turquía experimentó una alta movilización política, que trajo inestabilidad al país, razón por la cual el Ejército dio tres golpes de Estado, a saber: en 1971, 1980 y 1997. Las principales causas de la efervescencia social de esta época fueron la rápida urbanización así como los fuertes choques económicos, especialmente la crisis petrolera de 1974 y la alta tasa de endeudamiento en los años noventa, que impactó directamente el bienestar del pueblo turco. Pese a la celebración de elecciones bajo condiciones relativamente libres, la Corte Suprema prohibía partidos políticos que consideraba anticonstitucionales y el gobierno apresaba a periodistas opositores. Cabe destacar que el Ejército tuvo la oportunidad de intervenir en la política en diversas ocasiones dado que las diferentes Constituciones que estaban en vigor en este período le conferían autonomía y amplias facultades, pues lo consideraban como el guardián de los principios del kemalismo. El golpe de 1997 se llevó a cabo debido a la amenaza que representaba la agenda de orientación altamente religiosa del Primer Ministro Necmetin Erbakan. No obstante, el papel del Ejército en el gobierno cambiaría a inicios del nuevo milenio con la llegada del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP por sus siglas en turco).

Turquía es una nación de mayoría musulmana sunita, aspecto que no impidió que durante todo el siglo XX el Estado mantuviera a la religión dentro de la esfera privada y reprimiera toda manifestación religiosa en el ámbito público. El estadista Atatürk estableció el secularismo como uno de los pilares de la República de Turquía, pues se basó en el modelo de Estado-nación francés, el cual veía como el mejor camino para modernizar al país y posicionarlo a la par de las naciones europeas. Las coaliciones partidistas que asumieron el poder en Turquía durante el siglo XX procuraban respetar el principio secularista, ya que eran conscientes de que el Ejército actuaría cuando éste se viera amenazado.

Bajo el liderazgo del devoto Erdogan –quien fuera alcalde de Estambul de 1994 a 1998 y después permaneció en prisión durante cuatro meses por pronunciar públicamente un discurso que ensalzaba el Islam– y de ex líderes del Partido de la Virtud y del Partido Madre Patria, el AKP surgió en 2001 como un partido con una visión moral y social conservadora, aspecto que le permitió obtener dos tercios de los curules de la Gran Asamblea Nacional en la elección del 2002. A raíz del descontento de la población turca con el desempeño de los partidos políticos tradicionales, el AKP encontró su base de poder en las áreas rurales del país y en las clases conservadoras de los principales centros urbanos.

El gobierno del partido AKP se podría dividir en dos fases: durante los primeros años impulsó reformas democráticas que buscaban acelerar la adhesión de Turquía a la Unión Europea; no obstante, a raíz de la oposición de países como Alemania y Francia, el AKP dio marcha atrás a estas medidas y promovió una agenda más conservadora y autoritaria. De 2002 a 2006 el gobierno turco tomó varias medidas importantes para armonizar el sistema judicial y de derechos humanos turco con los estándares europeos tales como la abolición de la pena de muerte y el otorgamiento de mayores derechos a las poblaciones kurdas. Este impulso reformista se interrumpió cuando la Unión Europea anunció mayores reservas a la adhesión de Turquía como el respeto a la libertad de prensa y la solución a la situación política en la isla de Chipre. En los años siguientes, el AKP ha mostrado signos de impulsar una agenda islámica moderada como sus intentos para eliminar la prohibición de que las mujeres utilicen velos en edificios públicos, las publicaciones contra el consumo de alcohol y la exhibición pública de los hábitos religiosos del mandatario Erdogan.

El auge económico que ha experimentado Turquía desde la llegada del AKP, reflejado en un crecimiento anual del PIB mayor al 5% y la cuadruplicación del PIB per cápita en una década, ha sido la principal fuente de legitimidad de este partido, si bien las instituciones democráticas se han debilitado. En los últimos años, el Primer Ministro Erdogan ha llevado a cabo una serie de acciones a efecto de consolidarse en el poder, entre las que destacan: 1) aumentó su influencia en el poder judicial mediante la designación de jueces afines al partido gobernante y el despido de magistrados considerados desleales; 2) debilitó las redes de poder de altos mandos militares a través del caso Ergenekon que acusó a diversos miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército de formar una organización clandestina, en el transcurso de varias décadas, que orquestaba ataques terroristas así como golpes de Estado; 3) ha limitado la libertad de prensa al ordenar la detención de decenas de periodistas y la censura de medios de periódicos críticos así como de redes sociales; 3) recurrió a la represión de las manifestaciones sociales ocurridas en 2013. Si bien es cierto que el AKP ha ganado las últimas cinco elecciones nacionales de manera legítima, el Primer Ministro Erdogan ha tomado medidas concretas para eliminar cualquier oposición política que amenace su poder, como se ha visto en su enfrentamiento al líder religioso en el exilio, Fethullah Gülen, que acusó al mandatario de monopolizar el poder.

En la actualidad, Erdogan pretende convertir la figura de Presidente en una posición ejecutiva, como en Francia. En caso de que se realicen las reformas constituciones necesarias para este fin, podría permanecer en el poder hasta después del 2023, año en que se celebra el centenario de la República de Turquía. Se dice que el parlamento nombrará a Abdullah Gül como Primer Ministro, el cual cuenta con el respeto de la clase política y de la sociedad turca, razón que le permitiría contrarrestar la figura de Erdogan.

En suma, la República de Turquía se ha caracterizado por contar con un sistema parlamentario multipartidista con una amplia influencia del Ejército y de corte estrictamente secular. Recientemente esto ha cambiado sustancialmente, dado que el AKP se ha convertido en el partido con mayor influencia liderado por una figura carismática y profundamente religiosa como Erdogan, quien busca mantenerse en el poder al menos una década más al fortalecer el cargo de presidente. En términos electorales, la democracia turca se mantiene vigente, pero si tomamos en cuenta las medidas que ha tomado el gobierno turco tales como la represión a las manifestaciones sociales, la censura a los medios de comunicación críticos, el arresto a periodistas, la persecución de líderes opositores, las constantes presiones al poder judicial, la evasión de escándalos de corrupción que involucran a familiares del Primer Ministro, entre otras, se puede afirmar que la democracia turca, en un amplio sentido, se ha debilitado ante la acumulación de poder de Erdogan, alejando sus posibilidades de adherirse a la Unión Europea y disminuyendo su prestigio frente a otras naciones musulmanas.

*Francisco Trejo Campos es Asociado Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI).

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