Crimea: Una crisis, varios frentes

14/04/2014

Por Elías Camhaji*

 

Firma de acuerdo de anexión de Ucrania a Rusia. Imagen: RIA Novosti

Desde la firma del Tratado de Roma en 1957 hasta la inclusión de Croacia como miembro en julio de 2013, los arquitectos de la Unión Europea se han debatido entre dos dimensiones de diseño institucional: la ampliación de su membresía y la profundización de sus acuerdos de integración.

Hasta hace poco, con la irrupción de la crisis financiera de 2008, el tema de la profundización acaparó el trabajo académico y periodístico en torno a Europa. En este contexto, la cuestión clave ha sido elucidar cuáles áreas (diplomáticas, económicas y políticas) debían trabajarse desde un frente común y cuáles no. La anterior es una tarea particularmente compleja dentro del variado mosaico político europeo, que en ocasiones puede derivar en parálisis prolongadas o en consensos frágiles que, con el afán de no comprometer demasiados intereses, refuerzan esa debilidad e inoperancia institucional. Ya en los años setenta, Henry Kissinger, exsecretario de Estado de Estados Unidos, había puesto el dedo en la llaga: “Si quiero hablar con Europa, ¿a quién llamo?[1]

A su vez y más notablemente con el estira y afloja en torno a si se debe aceptar la inclusión de Turquía o no, el tema de la ampliación de las membresías al “exclusivo” club europeo siempre ha estado latente, aunque a diferentes niveles de intensidad de acuerdo a cada coyuntura política. En este caso, la cuestión de la ampliación no solo se reduce a quién se le permite “entrar”, sino en dónde se fijan las fronteras (principalmente, orientales) de la Unión Europea. Paradigmáticamente, de haberse aceptado la inclusión de Turquía en años anteriores, la Unión Europea tendría hoy como “vecino de al lado” a Siria, tiempo antes del estallido del conflicto que hoy se vive en ese país.

En 2004, mientras se consolidaba como un actor global fortalecido y relevante, la Unión Europea emprendió su movimiento inclusivo más ambicioso hasta la fecha, al sumar 10 nuevos miembros, de los cuales 8 pertenecieron al bloque del Este: Eslovaquia, Eslovenia[2], Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia y República Checa. Posteriormente y pese a las voces que instaban a asumir una posición más cautelosa, las dos últimas ampliaciones en 2007 y en 2013 ¾que introdujeron a Bulgaria, a Rumanía y más recientemente a Croacia¾ siguieron el mismo rumbo: el Este.[3] Aunado a esto, con el ingreso de Bulgaria y Rumanía, la Unión Europea ganó dos nuevos aliados ortodoxos, un dato que no es del todo trivial y del cual tampoco se ha hablado mucho.

Para evaluar las consecuencias geopolíticas de las últimas tres ampliaciones, basta con levantar un mapa, pues dos son particularmente importantes. En primer lugar, la Unión Europea obtuvo acceso directo al mar Negro, un puente crucial para el horizonte energético del continente tanto en los prospectos de producción y exploración como en el acercamiento al corredor de hidrocarburos del mar Caspio a través de gasoductos y otro tipo de infraestructura.[4]

En segundo término, la Unión Europea no solo se posicionó en Europa Central y del Este, la ventana occidental de la antigua zona de influencia soviética, sino que ganó una nueva doble frontera con Rusia: con Polonia a través del enclave de Kaliningrado y con los países bálticos hacia la parte europea de Rusia. Esto se suma a la colindancia que ya existía a través de Finlandia desde 1995.[5]

En retrospectiva, “todos los caminos conducían a Rusia” y la posibilidad de que se concretara un acuerdo de asociación económica entre Ucrania y la Unión Europea hubiera dado la puntilla a una Rusia con la amenaza creíble de quedar marginada del concierto europeo, al menos desde la perspectiva de los halcones rusos, y con intereses geopolíticos contrapuestos —que van mucho más allá de su base militar en Sebastopol y que tienen también aristas geográficas (territorio y acceso a recursos energéticos), políticas (influencia y poder de decisión vis à vis otros actores internacionales en las negociaciones sobre el futuro de esa región) y económicas (acceso a nuevos mercados y a cadenas productivas más eficientes)—. Si se consideran otros episodios álgidos como la crisis de Osetia del Sur y Abjasia en 2008 o, incluso, la intervención estadounidense en la guerra de Kosovo en 1999, la posición rusa parecería ser producto de una secuencia lógica de decisiones encaminadas a reivindicar viejos anhelos de hegemonía mundial.[6]

Sin embargo, el sistema internacional no funciona de forma lineal. A todas luces, sería aventurado (por no decir falso) afirmar que la Unión Europea es la única culpable de la disputa entre Ucrania y Rusia por Crimea o que se había sentado un precedente claro desde Occidente para que se iniciara este conflicto. De ser así, la crisis habría ocurrido mucho antes, tras las ampliaciones de 2004 o 2007, o incluso habría sido prevista y prevenida, y los responsables podrían ser señalados claramente ante los ojos de la opinión pública.

Lo cierto es que en su momento la Unión Europea no tenía mucha necesidad de condicionar su política exterior hacia Europa del Este frente a Rusia, aparentemente debilitada e impotente ante lo que sucedía fuera de su territorio. Asimismo, si se considera el equilibrio de poder actual, Rusia tampoco debió sentirse demasiado presionada por Bruselas ni, en su defecto, por Washington previa a consumar la anexión de Crimea, independientemente que se haya hecho de jure o de facto con la normativa del Derecho Internacional.

Desde luego, en la narrativa del conflicto existe un componente geopolítico importante, pero la geopolítica no cuenta por sí misma toda la historia. Los determinantes geopolíticos, que no cambian de un día para el otro, están condicionados a circunstancias específicas, que sí lo hacen. En esta línea, se ha hablado mucho en medios de revanchismo ruso[7], pero la “sed de venganza” de Rusia no tendría por qué haberse exacerbado, ni siquiera tendría por qué haber cambiado justo ahora. Innegablemente, en la política exterior rusa de los últimos años hay un elemento reactivo que se ha hecho patente para establecer límites a lo que es percibido desde Moscú como “unilateralismo occidental”[8], sobre todo desde la llegada de Vladimir Putin al Kremlin en 1999, pero las circunstancias actuales no apuntan a un atenuante suficientemente claro ni inmediato.

En todo caso, en medio del desorden ucraniano (el factor circunstancial diferente y más evidente) y con un movimiento inesperado y de dudosa legitimidad, Moscú vio una buena oportunidad para fortalecerse en el mar Negro y para tener un contrapeso geopolítico y diplomático frente a Estados Unidos y a la Unión Europea. Todo lo demás ¾el acercamiento de Bruselas hacia Kiev, el conflicto entre los seguidores de Viktor Yanukovich y los de Yulia Timoshenko, los cerca de 1 400 000 habitantes étnicamente rusos que viven en Crimea[9], las comparaciones entre el curso de acción ruso con el de Adolf Hitler en los Sudetes checos hechas por Hillary Clinton[10] o la legitimidad del referéndum de secesión/anexión celebrado el pasado 16 de marzo[11] — parece quedar relegado a un papel secundario.

Aunque aún sería prematuro esbozar conclusiones en torno al desenlace de la crisis en Crimea, el tablero está puesto para que los intereses estratégicos de Bruselas y Moscú entren en conflicto y cada vez se divisa con mayor claridad lo que podría estar en juego en el futuro inmediato. Sin embargo, el desarrollo del conflicto dependerá de las circunstancias y del poder relativo que permita a cada lado llevar a mejor término sus respectivas agendas.

Sorprendentemente, Rusia, que ha corrido los mayores riesgos militares, políticos y diplomáticos, parece ser en el corto plazo el actor que sale mejor librado de este embrollo. Por ejemplo, pese a que la Organización de las Naciones Unidas ya ha declarado inválido el referéndum por el que Crimea se unió a Rusia[12], la anexión de la península no ha traído de momento mayores consecuencias ni riesgos para Moscú, al menos no tangibles ni considerables.

Sin embargo, eventualmente es posible que el oportunismo de Rusia, cuya economía creció apenas 1.3% en 2013[13] y que gastó este año alrededor de 50 mil millones de dólares en la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno más caros de la historia[14], no sea tan redituable, ya que le podría infligir altos costos económicos de extenderse un posible conflicto militar prolongado. Además, se podría sentar un precedente negativo con otros países con quien mantiene conflictos geográficos y demográfico-migratorios como China (en la franja fronteriza que comparten en el Lejano Oriente), Japón (en las Islas Kuriles) y antiguas repúblicas soviéticas como Georgia o Kazajistán.[15]

Ahora, es turno para que Estados Unidos y la Unión Europea muevan sus piezas. No obstante, si la parálisis institucional y administrativa —caracterizada por la falta de liderazgo y las rencillas internas que no han permitido asumir una posición común frente al conflicto— sigue marcando el ritmo de la política exterior de Occidente (y con esto regresamos al tema de la profundización), no habrán visos convincentes de un desenlace positivo para Washington ni para Bruselas. De hecho, lejos de dar un empujón para salir de la parálisis con un rally around the flag, el conflicto de Crimea ha evidenciado las secuelas del estancamiento político que ha prevalecido durante los últimos años en Estados Unidos y la Unión Europea.

En suma, el campo está abierto para encontrar una salida al conflicto. Quizá, una estrategia exitosa podría empezar a casi 900 kilómetros de Sevastopol, en Kiev. Mientras persista el caos, Ucrania permanezca debilitada y las pretensiones de cada parte no se pongan sobre la mesa, la lectura de los hechos se hará más impredecible, los resultados políticos continuarán siendo difusos y el riesgo de un desenlace negativo y altamente costoso seguirá presente.

En el fondo del asunto, al margen de las bravuconerías y de las amenazas, la incertidumbre es un equilibrio que ninguna de las partes podrá darse el lujo de sostener. En cambio, si se estabilizan las disputas políticas en la capital, será posible encontrar una solución que desactive la crisis en el corto plazo y que permita a los actores involucrados definir el futuro de Crimea en el marco de un horizonte temporal más amplio.

_______________

[1] James Meek, What is Europe, disponible en http://www.theguardian.com/world/2004/dec/17/eu.turkey1 (consulta: 25 de marzo de 2014).

[2] Cabría la excepción de Eslovenia que, como antigua república yugoslava, se mantuvo en el bloque de los países no alineados. No obstante, geográfica e históricamente, los Balcanes nunca fueron indiferentes a Moscú ni tampoco a Washington.

[3] European Comission, Enlargement, disponible en http://ec.europa.eu/enlargement/policy/from-6-to-28-members/index_en.htm (consulta: 25 de marzo de 2014).

[4] Olyana Kindybaliuk, The Black Sea: Energy Bridge, disponible en http://eurodialogue.org/The-Black-Sea-Energy-Bridge (consulta: 25 de marzo de 2014).

[5] European Comission, op. cit.

[6] Masha Green, Crimea is Putin’s Revenge, disponible en http://www.slate.com/articles/news_and_politics/foreigners/2014/03/putin_s_crimea_revenge_ever_since_the_u_s_bombed_kosovo_in_1999_putin_has.html (consulta: 25 de marzo de 2014).

[7] Paul Goode, How Russian nationalism explains –and does not explain- the Crimean crisis, disponible en http://www.washingtonpost.com/blogs/monkey-cage/wp/2014/03/03/how-russian-nationalism-explains-and-does-not-explain-the-crimean-crisis/ (consulta: 25 de marzo de 2014).

[8] David M. Herszenhorn, In Crimea, Russia Moved to Throw Off the Cloack of Defeat, disponible en http://www.nytimes.com/2014/03/25/world/europe/ukraine.html?_r=0 (consulta: 27 de marzo de 2014).

[9]Euro News, Russian parliament passes unanimous vote for armed troops to be deployed in Crimea, disponible en http://www.euronews.com/2014/03/01/russian-upper-house-approves-use-of-troops-on-ukrainian-soil-/(consulta: 27 de marzo de 2014).

[10] The Guardian, Hillary Clinton says Vladimir Putin’s Crimea occupation echoes Hitler, disponible en http://www.theguardian.com/world/2014/mar/06/hillary-clinton-says-vladimir-putins-crimea-occupation-echoes-hitler (consulta: 25 de marzo de 2014).

[11]Pilar Bonet, Crimea se abraza a la Rusia de Putin, disponible en http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/16/actualidad/1394974142_352878.html(consulta: 27 de marzo de 2014).

[12] CNN México, La ONU declara inválido el referéndum por el que Crimea se une a Rusia, disponible en http://mexico.cnn.com/mundo/2014/03/27/la-onu-declara-invalido-el-referendum-por-el-que-crimea-se-une-a-rusia(consulta: 27 de marzo de 2014).

[13]Olga Tanas y Vladimir Kuznetsov, Russian Economic Growth Slows More Than Estimated in 2013, disponible en http://www.bloomberg.com/news/2014-01-31/russian-economic-growth-slows-more-than-estimated-in-2013.html(consulta: 27 de marzo de 2014).

[14] Brett Forrest, Putin’s Run for Gold,disponible enhttp://www.vanityfair.com/culture/2014/02/sochi-olympics-russia-corruption (consulta: 30 de marzo de 2014).

[15] Helena Yakovlev-Golani y Nadiya Kravets, Is Crimean Independence or annexation a good outcome for Russia?, disponible en: http://www.washingtonpost.com/blogs/monkey-cage/wp/2014/03/06/is-crimean-independence-or-annexation-a-good-outcome-for-russia/(consulta: 27 de marzo de 2014).

 

*Elías Camhaji estudió la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y es productor editorial de Foreign Affairs Latinoamérica.

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