Propuestas para la agenda joven de la cultura mexicana

Marzo 2014

Por Juan Ernesto Trejo

El Museo Soumaya, nutrido de inicio por una colección privada y hoy alimentado por la Fundación Carlos Slim, promueve el arte para todos y de manera gratuita. Intercambios de know-how, talleres y conferencias son acciones que complementan su discurso de inclusión y de diversidad que promueve. Desde las esculturas de Rodin y Dalí, hasta el arte prehispánico y los anuncios publicitarios de décadas pasadas, en donde encontramos a Juan Pablo II haciendo publicidad de cigarros de tabaco de una manera bastante kitsch, el Soumaya transporta a los visitantes a un viaje por los siglos pasados. Si se tiene una buena capacidad de abstracción, se podrá comprender el porqué muchas corrientes artísticas surgieron dependiendo del contexto sociopolítico que sucedía a su alrededor.

Para ejemplificar el anhelo por la difusión del arte, próximamente, dos museos no gubernamentales y uno nacional (Museo Nacional de San Carlos, Museo Franz Mayer y Museo Soumaya) inaugurarán un espacio pensado para difundir y dar a conocer el arte a los mexicanos: 20 piezas de cada una de las instituciones, junto con 20 cuadros de primer nivel de los llamados antiguos maestros europeos que influyeron y marcaron líneas artísticas, conformarán una exposición que será llevada a los estados de la República Mexicana a partir de abril de 2014.

Juan Ernesto Trejo, asociado joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), entrevistó a Alfonso Miranda Márquez, director general del Museo Soumaya de la Ciudad de México (Carso y Loreto) para charlar acerca del papel que desempeñan los jóvenes en la creación, difusión y participación del arte, así como del papel del Estado y la imagen artística y cultural que México ha proyectado a lo largo de los años.

Alfonso Miranda, director general del Museo Soumaya de la Ciudad de México.
Fotografía: Juan Ernesto Trejo

PJCOMEXI – ¿Qué es el arte para Alfonso Miranda? ¿Es la imitación del mundo suprasensible, como diría un griego clásico; es lo que evoca a la contemplación divina y la perfección del hombre, como dirían en la Edad Media; el arte depende del punto desde el que se mire, como argumentarían los manieristas; o hay un buen sentido único que es universal, que sería algo que argumentaría Descartes? ¿De qué se compone el arte?

AMM – Es una pregunta complicada, me parece que tendría un respuesta “en construcción”. Caben muchas interpretaciones y el arte contemporáneo, por ejemplo, ha hecho que la línea que parecía fija y anquilosada, en cuanto a la definición de arte, se reformule día con día. Es una forma de expresar una emoción, pero al mismo tiempo de intelectualizarla. Es una forma de establecer un vínculo con la parte más sensible del hombre. No hay una sola forma de definirlo o imitarlo, porque no sería justo para las múltiples manifestaciones artísticas que existen y que se producen actualmente.

En el caso de los museos escuchamos que son espacios ya superados y que no vinculan con el arte. Sin embargo, estas instituciones son un espacio vivo que nos permite a todos explorar una manera de diálogo con el arte, mediante el arte y a partir del arte con el fin de no crear puntos finales, pero sí establecer conexiones espejo con nosotros mismos, que nos permitan saber quiénes somos y hacia dónde vamos como cultura. Asimismo, en ocasiones, vemos que cuando se ponen exposiciones de ciencias, de arte u otras, la audiencia es mínima, lo cual habla de una mala estrategia de comunicación. A veces, no comunicamos lo que quisiéramos comunicar. Tenemos que tratar de ver qué es lo que la sociedad busca en estos espacios.

PJCOMEXI – Si pudieras explicar a México a través del arte, ¿cómo lo harías?

AMM – Como un país mágico, fascinante, pasional, con una herencia a partir de la imagen visual, sonora, olfativa, gustativa que nos hace una nación diciente, pensante y que tiene grandes aportaciones al arte universal, que a veces empata con violencia con el arte occidental, pero que siempre tendrá un espacio ahí. Desde las culturas mesoamericanas, pasando por la conquista y el virreinato que heredó un ser híbrido pletórico de significados insignificantes con un espíritu barroco, el México independiente forjó una diferencia absoluta hacia estas relaciones con la otredad de Norteamérica, España y después con América Latina, forjando así un discurso de identidad. El México del siglo XX inició con la revolución mexicana como ícono que forjó un arte con vanguardia en donde la escuela mexicana de pintura rebasó el formato hacia el muralismo. De ahí se saltó a los mediados del siglo XX, que tampoco fue complaciente con la idea de un México incluyente, que es el cuerno de la abundancia, que es el pasado indígena rescatado y la fuerza de una nación moderna.

El siglo XXI tienen muchos artistas aplaudidos en la esfera internacional que han superado la localidad. La globalización ha superado los regionalismos y es lo que nos permite ver que hoy, por ejemplo, veamos a cinéfilos aplaudir a Alfonso Cuarón, que si bien no es un logro total y nacional para México, de alguna manera sí lo es debido a la “matria”, más allá que la patria por ser la que cobija y la que abraza, y entonces nos empatamos y lo aplaudimos, lo valoramos y lo dimensionamos. También vemos en estos casos a chefs como Enrique Olvera o a nuestro más célebre artista actual como es Gabriel Orozco. Crean y entretejen discursos de quiénes somos, más allá de la nación, como seres humanos.

Dibujo de una campaña planificación antigua, expuesto en el Museo Soumaya de Loreto .
Fotografía: Juan Ernesto Trejo

PJCOMEXI – Sabemos que incluso dentro de cada país podemos encontrar culturas distintas, y con ello estilos propios y diversas corrientes artísticas, pero, ¿crees que dentro de Latinoamérica podríamos encontrar un eje o un molde artístico de similitudes entre los artistas?

AMM – Sin duda, es un lugar en donde se juntaron dos visiones: la indígena y la europea. El barroco novohispano, el peruano y el colombiano tienen una absoluta independencia y sentido de originalidad. Somos mucho más originales de lo que creemos ser o pensamos. El problema, creo, está en la comparación. Comparar arte es como comparar a dos hijos: sí habrá puntos concordantes, pero también muchos otros divergentes. Hay que subrayar la originalidad de los procesos culturales latinoamericanos y apostar por una crítica en donde a América Latina le hace falta trabajar en discursos incluyentes. No somos solamente Shakira, tequila y Ricky Martin. Hay mucho más a qué apostarle y construir en el discurso latinoamericano. México, en muchas ocasiones y debido a su posición geográfica mira más hacia el norte que hacia el sur. Sin duda, le hace falta tender más de estos lazos con los países latinoamericanos y realmente entretejer una discursiva que sea más incluyente, porque de otro modo, este “ombliguismo” que tenemos de ser aparentemente una nación separada y concentrarnos en nosotros mismos nos impide tener una perspectiva de lo que implica la realidad actual.

PJCOMEXI – ¿Qué opinas de la imagen cultural que México debe proyectar hacia el extranjero? “Frida y Diego” siempre ayudan; sin embargo, ¿no crees que también es necesario incluir al arte joven en esta imagen?

AMM – Es incluyente, y para eso están las bienales que nos permiten tener una proyección hacia fuera. Me parece que hay una poca difusión por parte del Estado de los espacios que hay afuera, pero también creo que debemos dejar de ser paternalistas en este sentido. Debemos olvidar lo mismo de siempre: “Estado ayúdame”, “Estado es tu obligación”, etcétera. El siglo XXI nos ha dado cierta independencia en eso y la sociedad civil ahora ya puede ser más responsable en este rubro. Cada vez hay más jóvenes que estudian en el extranjero que presentan sus muestras a través de galerías, relaciones universitarias o del mercado del arte que nos permite tener estas fuerzas. Claro que me encantaría decir que el Estado necesita dar más recursos para fomentar la cultura, pero también es cierto que la política económica latinoamericana tiene primero otras grandes preocupaciones y ocupaciones que las estrategias de identidad cultural. Tendría que apostarse primero por salud, educación, economía, trabajo, para que de ahí se parta a otras cosas y entonces vendrá la cuestión de una cultura sólida. Esto no quiere decir que no se creen obras artísticas, pero lo que sí pasa es que su visibilidad estará un poco mermada ante una situación compleja. Ahora, es cierto que en épocas de crisis, el arte se vuelve una válvula de escape: vemos a artistas como Teresa Margolles, que a partir de una violencia extendida por nuestro territorio desde los pasados años y con una fractura enorme del tejido social, encuentran en las asesinadas de Juárez o en las muertes por el narcotráfico una gran posibilidad estética y nos empata con el horror y la tragedia; con eso que de pronto decimos “no, yo no quiero ser eso”. Para esto, el arte no es autocomplaciente y no tendría por qué serlo. A los espectadores, esto puede resultarles incómodo, porque dicen “eso no lo entiendo y no me gusta”, entonces hay una responsabilidad también como espectador. No se puede ir por la vida pensando en que todo lo que vamos a ver va a ser agradable. Esto es un problema del mundo pos-posmoderno. El arte hace que volteemos a ver cosas que a veces no queremos ver y que guardamos en un desván, pero que, tarde o temprano, saldrán y no de una forma tranquila. El arte refleja el momento histórico y a su sociedad, por  eso el arte actual no va a reflejar colores claros o apacibles.

PJCOMEXI – Entonces, ¿es más fácil que los artistas expongan por medio de la sociedad civil que del gobierno?

AMM – Me parece que es una doble responsabilidad. Ahora, también habría que definir la vocación de los espacios. En ocasiones denunciamos “¿Por qué no entran jóvenes artistas al Museo Nacional de Arte  o al Palacio de Bellas Artes? Bueno, porque esos espacios también tienen una vocación y hay una responsabilidad, por parte del Estado, de qué discurso estético quiere difundir, mostrar y construir. Y desde la iniciativa privada también: qué discursos se quieren entrelazar. No sólo se trata de abrir por abrir los espacios. Se trata de buscar respuestas sólidas que tengan calidad. Aunque ciertamente a veces los espacios que se han abierto para los jóvenes no son suficientes, pero como también no son suficientes las escuelas, los hospitales u otras cosas que se necesitan.

PJCOMEXI – ¿Que artistas jóvenes latinoamericanos debemos tener en la mira y por qué?

AMM – Es una pregunta muy difícil y de mucha responsabilidad. Yo en esta charla citaba a Teresa Margolles y Gabriel Orozco, pero hay otros artistas que tienen alguna discapacidad visual o auditiva que nos permiten encontrar otras perspectivas que el discurso tradicional no permite conocer o que muchas veces clasifica como “artistas de segunda”, como las artesanías indígenas, por ejemplo. Realmente tenemos que ver, evaluar y criticar a todos. No hay una lista definitiva; hacerla sería ceñirnos a un discurso tradicional. También, si me dijeras “¿Cuáles son los museos que hay que ver?” Yo respondería que todos, porque será ahí donde nuestra crítica podrá decantar y decir “esto me gusta” o “esto no me gusta”, y que no te guste algo no significa que no lo valores. Porque también estamos acostumbrados a una crítica automáticamente destructiva, es más, nos encanta hacerla o escucharla, y entre más dañina o destructiva sea, más la aplaudimos, y eso es uno de los más grandes errores. La crítica va en función de entender las propuestas y de comprender en muchos niveles cómo esa propuesta está incidiendo. Hay cosas que no nos gustan, pero con las que tenemos que lidiar. A veces, si no nos gusta algo es porque nos incomoda. Y por eso tenemos que ver todo.

Dali

“Venus espacial”, de Salvador Dalí
Fotografía: Alfonso Miranda

PJCOMEXI – Después de Londres, la Ciudad de México es el lugar del mundo que más museos tiene con más de 180. ¿Crees en la cantidad más que en la calidad? Por el simple hecho de tener tantos museos, ¿el arte que ahí se exhibe enriquece la vida cultural de un país?

AMM – Estamos acostumbrados a escuchar esa cifra, a que nos emocione, la presumimos, pero realmente asistimos a un puñado, quizá al 10% de todos esos museos. Realmente, no se trata de cantidad. Lo que me dice esa cifra es la gran tradición de ir al museo que hay en México y América Latina.

La cuestión es cada cuándo vamos a un museo, qué implica ir ahí. A los niños los obligan a ir al museo. Un padre que fue obligado a ir a un museo ahora llevará a su hijo al mismo lugar al que él odio ir, entonces, lejos de forjar un círculo virtuoso, hacemos un círculo vicioso. También, ¿qué queremos ver en el museo? Por lo general, son museos de historia e historia del arte, pero qué pasa con la filosofía, la antropología social, la ingeniería, las ciencias y las humanidades, se necesita hacer de esos espacios un lugar democrático en donde todos quepan.

PJCOMEXI – ¿Crees que los políticos deberían incentivar y difundir más el arte y la cultura? ¿Qué les recomendarías a ellos y a la gente que puede influir más en los jóvenes para que estos se interesen por el arte; para que consuman arte; para que participen del arte?

AMM – El Estado tiene que ocuparse de los procesos de identidad. Los políticos deberían asistir más a los museos porque los van a sensibilizar y humanizar de una forma mucho más próxima a las necesidades de la gente. El arte es un buen golpe de realidad. Las redes sociales también tienen un peso mayúsculo en la difusión de este y un papel fundamental que no se ha estudiado. Entonces, hay que ver lo que implican las formas de comunicación.

También se debería reforzar la crítica. Hay poca crítica en México. En el siglo XX hubo una importante crítica que en este siglo ya se está diluyendo. Es muy importante conocer el porqué la gente va actualmente a ver arte. ¿Va porque lo vio en un anuncio? ¿Porque lo vio en Twitter? ¿Porque en la escuela lo obligaron a asistir? Todos en una justa dimensión podemos ser portavoces de una propuesta estética actual mexicana.

Ahora, los museos estamos tratando de jalar a los políticos a los espacios de arte. Invitamos a embajadores, diputados y líderes de opinión a que vean las exposiciones. Nos acercamos a las comisiones de cultura. Nos acercamos y trabajamos con las secretarias de Turismo. Nosotros llegamos con los políticos con estrategias ya pensadas que a ellos les interesan para sus fines políticos.

Los políticos no tienen un discurso referente al arte, no lo buscan y no lo consideran prioritario, eso ya lo sabemos. Por ejemplo, ¿cuáles eran los libros que recordaba el señor presidente? No sabía ¿Por qué? Porque no lee cultura ¿Es grave? Tal vez, lo que sí es que no es el único político así. Seguramente lee mucho acerca de asuntos políticos, cuestiones financieras, de estrategia o demás temas, pero en ese momento no pudo recordar nada. Eso nos da un panorama claro: el político no se está formando de una manera integral y, para él, el último peldaño lo considera de cultura. Otra cosa es qué estamos entendiendo por cultura, porque cultura también es cultura económica, política, de salud o de seguridad, esos también son elementos culturales, no nada más es arte, música, performance, etcétera. Los políticos no se acercan tanto, los pocos que lo hacen lo harán por conveniencia, lo cual no es malo, sino aprovechable. Nosotros tenemos que acercarnos la mayoría de las veces para decirles en qué estamos trabajando y cómo lo que hacemos les puede llegar a su electorado. Esto también se vale.

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