Proteger a los mexicanos de ambos lados

13/09/13

Frania Duarte*

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Luis V. Gutierrez y Leonardo Curzio
Foto por Frania Duarte

El pasado 9 de septiembre el Programa de Estudios de Estados Unidos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) organizó un encuentro con el congresista estadunidense, Luis V. Gutierrez, quien además preside el Grupo de Trabajo sobre Inmigración en el caucus hispano. 

El congresista vino a México para tener una perspectiva de lo que aquí se está discutiendo y haciendo en torno al asunto de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Si bien son diversos los sectores que abogan por incrementar la protección y defensa de aquéllos y, más aún, que buscan insertarse en el debate para conformar una fuerza que logre influir en la política migratoria estadunidense, hasta ahora son muy pocas las propuestas o líneas de acción a través de las cuales estos objetivos pudieran ser alcanzados. Es más, todavía no se logra involucrar a más sectores para que, lejos de las críticas, se aventuren al cabildeo. 

La idea de eventualmente formar un lobby mexicano o uno hispano no es per se mala. Sin embargo, un lobby requiere cohesión. Si bien los hispanos están hoy más organizados que antaño, aún falta mucho para que estén bien cohesionados, es decir que tengan objetivos y planes de acción concretos para su consecución. Asimismo, suelen existir recelos entre los propios inmigrantes mexicanos en EU que provienen de distintos estados de la República Mexicana, quienes suelen unirse en clubes y muchos de éstos tienen agendas más bien locales y diversas. Además, el vínculo de estos clubes es mayor con sus estados de origen (fondos que reúnen para la mejora de escuelas, clínicas o iglesias, por ejemplo), que con Washington. 

Los inmigrantes hispanos tienen a su favor que son la primera minoría en Estados Unidos (16.4% de la población total) y que pueden lograr influir en la elección de un candidato a un cargo público; pero habrá que ver hasta qué punto el objetivo principal de los que tienen la ciudadanía estadunidense es apoyar la inclusión y el recibimiento de nuevos inmigrantes connacionales suyos. Por ejemplo, es interesante observar que en una encuesta elaborada por Gallup, en la cual se les pidió a varios votantes hispanos registrados enumerar los asuntos que más les preocupaban, la política migratoria no ocupaba ninguno de los tres primeros lugares, y el orden de las prioridades fue el siguiente: el sistema de salud, el desempleo, el crecimiento de la economía, la brecha entre ricos y pobres, las políticas migratorias y el déficit fiscal. Es natural que al vivir en cierto lugar, una persona se ocupe por su bienestar; sin embargo, vale la pena señalar que no todos los inmigrantes o descendientes de inmigrantes latinos apoyan la reforma migratoria, sino que existen quienes han apoyado políticas antiinmigrantes, contabilizando entre ellos a servidores públicos, tales como los republicanos Susana Martinez (gobernadora de Nuevo México) o Marco Rubio (senador de Florida). 

Ahora bien, es innegable que muchos hispanos reciben un trato infame una vez que cruzan la frontera hacia el norte del país, violentando sus derechos humanos. Es, pues, justo y válido que el Estado mexicano –y en general, cualquier país– vele por los derechos e intereses de sus connacionales en el exterior. En el caso de México, se creó el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y se han implementado programas educativos, de salud, culturales, entre otros, que permiten cierto desarrollo del inmigrante. En esta tesitura, el Plan Nacional de Desarrollo de la administración del presidente Peña plantea la necesidad de mantener ese apoyo y, en general, el vínculo con los inmigrantes en EU. Vale la pena añadir también, que la inmigración hispana en EU es sumamente rentable para la economía estadunidense, la cual, de acuerdo con Raúl Hinojosa Ojeda, profesor de la Escuela de Políticas Públicas de la UCLA, perdería $2.6 billones de dólares durante una década en caso de que se deportaran a los inmigrantes indocumentados y, por el contrario, la reforma produciría una ganancia de $1.5 bdd, equivalente al incremento de 0.8% del PIB. Sin embargo, me parece oportuno insertar aquí el asunto de la autocrítica. 

Desde diversos sectores y posturas mexicanos ante el asunto migratorio parece ser más fácil adjudicar las culpas de una problemática interna a un actor externo, que asumir las responsabilidades a nivel doméstico. La principal razón para el éxodo de mexicanos hacia EU se encuentra en la falta de oportunidades laborales dignas (empleos bien remunerados, en condiciones y horarios decentes), las cuales inevitablemente derivan en la falta de acceso a servicios sociales básicos de calidad. Frente a este contexto hay quienes culpan al TLCAN de la precariedad en que se vive, cuando en realidad sólo es un tratado para incentivar el comercio entre ambos países, y varios de los errores radicaron en que el gobierno mexicano no se encargó de hacer las reformas estructurales pertinentes para que sectores como el agrícola no se vieran seriamente afectados por el acuerdo.

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Foto: Los Angeles Times

Otros tantos, aunque inconformes con la situación, no reclaman y se van a EU. Hace tiempo algunos gobiernos mexicanos les llamaron “traidores” por haber abandonado su patria. Pero recientemente se han convertido en “héroes” porque tuvieron la determinación y el coraje para lograr su meta de salir adelante poniendo en peligro su vida al cruzar el desierto o el río, o al encontrarse con miembros del crimen organizado. Y ahora que se han convertido en héroes el gobierno les ayuda y apoya. Critica, además, las leyes antiinmigrantes y algunos bienaventurados como el ex presidente Vicente Fox tratan de lograr un acuerdo migratorio integral o la “enchilada completa”, para utilizar el término del entonces canciller, Jorge Castañeda. 

Pero al final México ha adoptado, como hace algunos años señalara Jorge Schiavon, la “política de la no política”, es decir el gobierno encuentra en la emigración una válvula de escape al problema laboral, a la limitada y precaria prestación de servicios sociales y a los bajos ingresos (vía remesas), de tal forma que sólo se limita a la defensa de los mexicanos. Y, al mismo tiempo, EU no cierra por completo sus fronteras a los mexicanos porque su economía así lo requiere. Por tanto, de lo que se trata, sugiere Schiavon, es de simulaciones e intereses pues ambos gobiernos resultan beneficiados.

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Foto por Acción Poética

Son innegables los beneficios para ambas economías y es de aplauidir que el gobierno mexicano se preocupe por sus ciudadanos en el exterior, pero ¿por qué no proteger a los mexicanos en su propia patria? ¿Por qué no crear condiciones para frenar la emigración mexicana hacia EU a causa de pobreza y falta de oportunidades? ¿Por qué confiar solamente en el American dream y no crear un Mexican dream? ¿Por qué ese Mexican dream no ha sido creado desde hace décadas ya que el fenómeno migratorio no es reciente? 

Celebro que hoy México esté discutiendo importantes reformas para el futuro del país, pues algunas representan un avance respecto al camino que se había estado tejiendo. El conjunto de ellas prometen elevar la competitividad de México para, entre otras cosas, generar empleos. Pero dentro de todos estos cambios me parece sorprendente que no se mencione como objetivo –que no precisamente como consecuencia– el freno a la emigración. Posiblemente para algunos sea implícito que el producir más empleos eventualmente se convierta en un tapón a la masiva emigración, pero no basta con la creación de más empleos si éstos no son de calidad vis a vis el capital humano mexicano que posee cierta formación académica y tecnológica –que en algunos casos termina por convertirse en brain drain

Ojalá la reunión del congresista Gutierrez con diversos funcionarios mexicanos haya logrado sentar un precedente importante para el cabildeo bilateral en torno al asunto migratorio en tanto que es ciertamente importante trabajar por los poco más de 11 millones de mexicanos que viven en EU. Pero igualmente importante será que el gobierno mexicano esté trabajando por mantener a los mexicanos dentro de su territorio y en condiciones dignas a fin de evitar que algunos se vean obligados a abandonar el país y a sufrir los malos tratos que continuamente son condenados de este lado de la frontera pero que con la “política de la no política” intenta atenuarse el problema. El gobierno mexicano tiene, pues, la tarea de proteger a los mexicanos de ambos lados de la frontera.

 

*Frania Duarte ha colaborado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el Centro de Investigaciones Sobre América del Norte y la California State University, Northridge. Es colaboradora en Revista Cuadrivio. @franiadu

 

 

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