¿Por qué el interés en la relación bilateral México-Turquía?

17/12/13

Sergio González Serna

Para empezar, cabe recordar que el Presidente Enrique Peña Nieto canceló la visita de Estado a Turquía que tenía programada para llevar a cabo a principios de septiembre de 2013, entre otras cosas porque en la situación social en México estaba muy crispada, principalmente por las manifestaciones y acciones de protesta de la CNTE en oposición a la aprobación de las leyes secundarias de la reforma educativa, y porque justo en esas fechas el conflicto sirio alcanzó su punto más álgido cuando se demostró que Bashir el-Assad había utilizado armas químicas en contra de su propia población en la guerra civil que aqueja al vecino país de Turquía. Así, ambos países apenas respiran un poco de calma luego de un año de tensiones sociales, tales como las manifestaciones juveniles ocurridas en la plaza Taksim en Estambul.

Dicha visita de estado, la primera que realiza un presidente mexicano a suelo turco en más de 80 años de relaciones diplomáticas, ocurrió hasta mediados de diciembre, en vísperas de Navidad. Es preciso mencionar que el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan ya había visitado México en diciembre de 2009 y en junio de 2012 para las reuniones del G20.

A continuación esbozo unas rápidas ideas de por qué el estrechamiento de las relaciones con Turquía resultaría de mucho interés y hasta estratégico para México.

En primer lugar, el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, en la estrategia 5.1.3. del eje México con Responsabilidad Global, establece la siguiente línea de acción: Profundizar los acuerdos comerciales existentes y explorar la conveniencia y, en su caso, celebración de acuerdos comerciales internacionales con los países europeos que no son parte de la Unión Europea. Turquía ha presentado un crecimiento económico estable y sostenido en la última década y su influencia regional en el suroriente de Europa y el Medio Oriente se ha acrecentado. Para que México continúe posicionándose como un actor global de importancia, es necesario fortalecer su presencia en Ankara. Además, es innegable, el estancamiento en materia comercial y de inversión de las relaciones bilaterales de México con la Unión Europea y sus países miembros.

Turquía, con alrededor de 75 millones de habitantes, representa la puerta de entrada para México hacia los países europeos extracomunitarios y hacia el Medio Oriente. Cabe mencionar que Turquía es miembro de la Organización para la Cooperación Islámica, al mismo tiempo que forma parte de la OTAN y se mantiene como candidato a formar parte de la Unión Europea.

Turquía es una democracia fuerte y en consolidación con una constitución laica. Dados los procesos de cambio político y social del Medio Oriente y del norte de África que presentan una oportunidad en términos de política exterior, y ante el reto que enfrentan algunos de los países más importantes de la región en términos de transición democrática, México y Turquía deben ser una referencia obligada y de cooperación institucional en términos electorales y de construcción de instituciones.

La presencia mexicana en el Medio Oriente es nimia, sin embargo, la región ofrece varios atrativos. México puede ver en Turquía no solamente una puerta a la Europa extracomunitaria y al Medio Oriente, sino también el inicio de una fructífera cooperación económica que alcance hasta Asia y África. La tan referida “diversificación” de socios puede ser una estrategia diplomática que provea a México de presencia global y le otorgue autonomía política y económica.

El caso brasileño lo demuestra. No olvidemos que Brasil nos lleva al menos una década de fuerte presencia en la región desde la llegada de Lula da Silva, quien realizó al menos dos giras por el Medio Oriente, proponiéndose incluso como mediador en el conflicto palestino-israelí; fue también el primer país de América Latina en reconocer al estado palestino y firmó varios acuerdos de cooperación, sin olvidar el TLC entre el Mercosur e Israel.

Además, las ambiciosas reformas impulsadas por el Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğan desde su llegada al poder han sido fundamentales para consolidar la estabilidad política y el despunte económico turco de la pasada década luego de la crisis económica de 2000-2001. Así, para ambos países la aprobación de reformas, por ejemplo, en la política fiscal y energética (recién salidita del horno), son clave para mantener la estabilidad macroeconómica e impulsar el crecimiento. Aquí hay otro punto de confluencia: tanto Peña Nieto como Erdoğan se ven a sí mismos como reformadores, como modernizadores, como agentes de la transformación económica de sus países y, al mismo tiempo, como estabilizadores. Un ejemplo: el apenas inaugurado tren que conecta Europa con Asia cruzando el Bósforo. ¿Veremos, al menos, los trenes de México a Toluca y a Querétaro?, ojalá.

Por su peso económico, político y demográfico, Turquía y México ejercen una importante influencia en su entorno regional. Ambos países coinciden en foros internacionales como G20 y OCDE, así como en diversos temas de la agenda internacional, tales como desarrollo sostenible, crecimiento y empleo, reforma del sistema financiero internacional, seguridad alimentaria. Profundizar la relación, a partir de las convergencias existentes, conlleva amplias ventajas de beneficio mutuo. La relación bilateral tiene un amplio contenido político incluyendo contactos de alto nivel, acuerdos en negociación, cooperación y cultural. En lo multilateral, hay amplias coincidencias en temas como lucha contra el cambio climático, desarme, paz y seguridad. Los intercambios estudiantiles deberían ser parte central de cualquier acuerdo bilateral.

Por último, México y Turquía, junto con Indonesia, Corea del Sur y Australia componen el Grupo MIKTA (por sus siglas en inglés), un grupo de países miembros del G20 que por el tamaño de su economía, así como por su importancia demográfica y geopolítica regional se muestran como los próximos líderes con economías promisorias para la inversión y para un futuro crecimiento económico. México es la 14ª economía mundial y Turquía la 17ª. Ciertamente, este grupo MIKTA no busca competir ni mucho menos oponerse a los BRICS, sino que intenta, con potencias regionales medias al margen de este último bloque, incidir en el sistema internacional e inyectarle nuevos aires. Mismo rol que juega la Alianza del Pacífico, ante el impasse en el que se encuentra el Mercosur.

Por todo lo anterior, me atrevo a proponer que Turquía es una pieza clave en la apuesta de México, para un México con Responsabilidad Global como lo indica el PND 2013-2018. Este viaje del Presidente Enrique Peña Nieto a Turquía representa, indudablemente, un despegue de la clásica política exterior mexicana respecto a su marco político tradicional y a conocidos sus interlocutores internacionales.

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