Myanmar: frente a tensiones étnicas y un futuro indefinido

31/07/13

Coralie Houters

 

En Myanmar, el cambio político ha sido extremadamente lento durante medio siglo. Sin embargo desde el año 2010, unos líderes han tratado de impulsar una rápida transición. El Gobierno liberó a los prisioneros políticos, organizaron  elecciones, emprendieron reformas económicas. La sensación de esperanza en el país ha sido palpable, con un periodo de aparente relajamiento del Gobierno autoritario. Las reformas democráticas emprendidas dejaron un sentimiento de paz, sin embargo, las tensiones étnicas siguen siendo una cuestión mayor, en particular la incesante violencia en el Estado de Rakhine.

155En marzo, en una región que no parecía conocer tensiones étnicas, esta ilusión de paz fue interrumpida por enfrentamientos violentos entre budistas y musulmanes. El 20 de marzo, la gota que derramó el vaso fue una pelea entre un vendedor musulmán y unos clientes en Meiktila en el centro del país. El altercado se intensificó y resultó incontrolable. Las bandas destruyeron  barrios completos, quemaron casas y mezquitas. En las calles de la ciudad había cuerpos carbonizados en el suelo. De hecho, este fenómeno se sigue acelerando desde hace unos meses. La situación en Meiktila tuvo que ser controlada por el ejército nacional. Esos grupos que ordenaron e hicieron los actos de violencia eran en mayoría budistas y grupos de jóvenes inidentificados.

Según la ONU, que se basa en las estimaciones del gobierno, 12 000 personas fueron desplazadas con fuerza. Como consecuencia de esta violencia, había unos diez arrestos de budistas.

Esto fenómeno de violencia entre etnias no es nuevo aunque los medios empezaron a difundirlos más constantemente desde hace poco tiempo. En realidad esta violencia había sido escondida por el régimen anterior pro budista.

En 2012, los enfrentamientos entre los budistas de la minoría étnica de Rakhine y los musulmanes de la minoría apátrida de Rohingya provocaron 110.000 desplazados en el oeste y 180 muertos.

De hecho, casi 70 por ciento de los 60 millones de habitantes son birmanos, un 9 por ciento es Shan, 6 por ciento es Karen, y otros grupos son Kachin, Chin, Shah, Rakhine, Mon, Kayah (Karenni). De esos grupos, 90 por ciento es budista, los musulmanes representan 4 por ciento, igual que los cristianos.

Los conflictos étnicos tienen larga historia. En 1947, en la Conferencia histórica de Panglong, el padre de Aung Sang Suu Kyi, Aung San, alcanzó un acuerdo histórico con los líderes étnicos basado en la igualdad de oportunidades y autonomía para las minorías.  Estableció las bases de una unión independiente de Myanmar en la era post-británica.

Sin embargo, la mayoría de los políticos tenían otra opinión sobre el futuro de Myanmar. Su visión era tener un país unificado, con una única cultura y religión; la Birmania budista. Cinco meses más tarde, uno de ellos asesinó a Aung San. Por eso, el Acuerdo de Panglong nunca se implementó. En 1962, el general Ne Win tomó el control por un golpe militar, y un budista dominó el gobierno de Birmania. De allá empezó una discriminación que se trasformó en guerras civiles. El gobierno abusó de los derechos humanos contra las minorías étnicas desde ese momento y la discriminación se intensificó.
Desde el golpe de 1962, el gobierno y los grupos étnicos habían firmado, y violado, muchos acuerdos de alto al fuego.

En junio de 2012, después del inicio del proceso de reforma democrática, un alto el fuego de 17 años con los Kachin, en el norte, se rompió. Aunque más recientemente, en mayo de 2013, el gobierno firmó otro acuerdo de alto el fuego con ellos.

El caso particular de los Rohingya

Se cree, de acuerdo con la historia Rohingya, que en el comienzo del siglo VII, los comerciantes del mundo árabe, del Imperio mogol y los países vecinos Bengalíes comenzaron a establecerse en el territorio de Arakan. En el siglo XIX, los británicos obtuvieron el control de Arakan después de la primera Guerra Anglo-Birmana y muchos más bengalíes de la Bengala Oriental británica vinieron a establecerse en Arakan.

Se piensa de acuerdo con los diversos grupos étnicos indígenas de Birmania, la gente local “arakanés” y el gobierno militar de Birmania, que las olas de migraciones posteriores al Arakan bengalí comenzaron en el siglo XIX después de la ocupación británica.

Los Rohingyas están ubicados principalmente en las zonas cercanas a la frontera con Bangladesh. Muchos sobreviven en la miseria. En 1982, una ley del gobierno les consideró oficialmente apátridas. Los Rohingyas no se reconocen como minoría étnica. Les resulta difícil casarse, ingresar a sus hijos a la escuela, ir a la universidad y están sujetos al control de natalidad.

La ONU les considera como “la minoría más perseguida en el mundo”. La organización internacional AVAAZ  estima que Birmania tiene factores de advertencia de un posible genocidio. En 2012, más de 200 personas murieron (una cifra oficial subestimada) y 140.000 desplazados tras los enfrentamientos liderados por los budistas contra los musulmanes rohingya. Pero la violencia se extendió a otras partes del país, esta vez contra todos los musulmanes birmanos.

Los rohingyas son considerados por los monjes  como una amenaza para la identidad de Birmania, la pureza racial y la moral budista. Thein Sein, el Presidente actual, ha prometido una “tolerancia cero” para quienes alimentan este odio étnico, sin embargo, muchas organizaciones están preocupadas por la acción ambivalente de las autoridades. Human Rights Watch considera en particular que el ejército no sancionó la violencia, pero favoreció los abusos.

Después de la violencia que se produjo en 2012, el presidente birmano había estimado que la única solución era deportarles a otro país o meterlos en campos de refugiados.
De hecho, Thein Sein se preocupa más de la situación económica de su país. Puso en marcha el proceso de transición a la democracia, que incluye un compromiso de liberar su economía. Estos cambios llevaron a la eliminación de casi todas las sanciones impuestas por los países occidentales.

En este sentido, Japón accedió a condonar una deuda de Birmania ascendiente a US$3.700 millones, la que incluye intereses no pagados. Los países acreedores agrupados en el denominado Club de París condonaron deudas por un monto de 5.900 millones de dólares para apoyar las reformas que se realizan en ese país tras el fin de la dictadura militar.

Esta anulación de deuda es también una estrategia para contrarrestar la influencia china en el sudeste de Asia. Tokio aspira a convertirse en el mayor socio comercial de Birmania, dándole “toda la ayuda económica” para apoyar las reformas.
Japón se ha comprometido invertir medio de millones de dólares en proyectos de infraestructura, incluyendo la creación de la zona industrial y portuaria Thilawa, a 25 km al sur de Yangon. Japón también debería prestar asistencia de $ 2 millones de dólares para el suministro de agua, debe estar en funcionamiento en 2015.

Mientras la deuda externa se anula para apoyar el país en su desarrollo democrático, los recientes eventos violentos  se aceleraron. Este fenómeno resulta de años de represiones religiosas. Desde que la marcha por la democracia comenzó, los grupos religiosos y étnicos tienen más libertad expresarse. Aunque la Constitución de 2008 no tiene en cuenta los derechos culturales y políticos de las minorías étnicas. No obstante, un grupo budista extremo que tiene Wirathu Ashin, monje de 46 años, como figura emblemática del movimiento islamólogo, se siente amenazado.

Ni el gobierno, ni el estado de derecho intervienen mucho. Por un lado, la impunidad ocurre por protección étnica de los budistas y monjes. Por otro lado, el gobierno cuenta con el apoyo de su población budista (90%) en vista de ganar las próximas elecciones parlamentarias de 2015. Por tanto, el gobierno está frente a una ambigüedad. Además, el presidente Thein Sein no es el único en seguir esta estrategia. La figura emblemática de la lucha por los derechos humanos, la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, no se ha comunicado desde el inicio de la crisis. Ella también tiene el objetivo de postularse a la presidencia de 2015.

Las elecciones del 2015, con un más que probable triunfo de la Liga Nacional para la Democracia, serán decisivas. Una victoria abrumadora puede llevar a un nuevo escenario que impulsará más democracia y libertad para las étnicas.

La comunidad internacional también dejo sus sanciones demasiadas temprano sin exigir más democracia y respeto de los derechos humanos. La comunidad internacional también quiere su parte en Myanmar. EEUU y sus aliados occidentales quieren parte del pastel económico de Myanmar y, sobre todo, debilitar la alianza local con China.

Aún es pronto para evaluar las bondades del nuevo gobierno, ni siquiera podemos hablar de un periodo post conflicto, ya que se siguen vulnerando los derechos más básicos. Además se hace notoria la poca contundencia con que se influye desde la comunidad internacional, que lejos de implicarse a largo plazo con el pueblo de Myanmar, se limita a hacer pequeñas restricciones comerciales, que no acaban siendo efectivas gracias a la posibilidad de evitar restricciones comerciales entrando y saliendo del país a través de cualquiera de sus socios del ASEAN. Tampoco se toman resoluciones firmes para acoger o prestar ayuda y asilo a los cerca de 200.000 desplazados fuera de las fronteras.

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