Una nueva etapa de la “distensión”, la explotación de los recursos y las promesas sin cumplir de un ataque nuclear

Diálogo con los Jóvenes es un espacio quincenal en el que los jóvenes interesados en los temas internacionales pueden compartirnos sus experiencias y reflexiones.

22/03/13

Jonathan Velázquez

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Imagen: noticias.lainformacion.com

 

Desde finales del mes de febrero, la mayoría de los habitantes del planeta fijó su mirada y su concentración en las apresuradas (pero no repentinas) declaraciones del líder norcoreano Kim Jong-Un, quien después de efectuar un lanzamiento nuclear (fallido) el 13 de abril del año pasado y posterior ensayo atómico subterráneo a mediados del mismo febrero, tuvo que enfrentarse a las duras sanciones que estableció la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por contravenir las resoluciones que su Consejo de Seguridad había elaborado para evitar un repunte armamentístico de la nación asiática.

Una de las primeras sanciones en contra de Pyongyang fue la suspensión de 240,000 toneladas de alimentos propiciada por los Estados Unidos, que en un ánimo de confrontar a la sociedad internacional con Corea del Norte declaró que dicho ejercicio nuclear era un “acto de provocación que amenaza la seguridad y viola el derecho internacional.” Pese a lo anterior, la posición de Corea del Norte continuó siendo la misma y, de hecho, hasta hoy no ha dado un paso atrás en esta disuasiva que si bien es cierto no ha pasado del discurso, tampoco ha llegado a tener un menor grado de intensidad en cada declaración.

Ante las nulas repercusiones que han tenido las sanciones impuestas por la ONU, Estados Unidos y Corea del Sur tampoco han bajado los brazos y mantienen una tónica similar a la de los norcoreanos; los ejercicios militares conjuntos que llevan a cabo ambas naciones bajo la tutela del programa “Ulchi Freedom Guardian” no fueron suspendidos y, al contrario, varios analistas han propuesto que dichos ejercicios reforzaron su intensidad ante las amenazas que ha lanzado Corea del Norte.

Desde entonces hasta hoy, las amenazas por parte de ambos bandos no han cesado. Cada vez más la retórica belicista de Corea del Norte ha llevado a Occidente y a Corea del Sur a tomarse las cosas en serio. Quizá la respuesta más contundente de Pyongyang ante las resoluciones del Consejo de Seguridad ha estado presente en las declaraciones de que el país aumentará su capacidad militar nuclear a toda costa, incluso después de que Rusia le pidiera no seguir contraviniendo las resoluciones que ya se habían establecido.

La situación comienza a ponerse un tanto delicada una vez que Estados Unidos y Corea del Sur han movilizado tropas, buques, aviones espía, entre un vasto equipo militar con el fin exclusivo de atender una crisis regional que pudiera convertirse en internacional si esto se llegara a “salir de las manos”. Por igual, países como China, Alemania, Francia y, en sí, toda la Unión Europea se han manifestado en contra de las pruebas nucleares que efectúa Pyongyang argumentando que tales acciones pueden poner en riesgo el orden internacional ya muy desgastado por diversos temas que afectan el mundo en general; una guerra de proporciones nucleares es lo que menos necesita el planeta para saber que atravesamos por una crisis civilizatoria.

No obstante y ante las nuevas sanciones impuestas por los países de Occidente, Corea del Norte ha aseverado en reaccionar con un “ataque nuclear preventivo” si los Estados Unidos continúan con una política hostil en contra de los ejercicios nucleares que lleva a cabo el país. Declaración que hizo enfurecer a la diplomacia norteamericana y provocó la rápida movilización no solo de tropas militares por las costas asiáticas, sino que también reforzó su escudo antimisiles en Alaska, California y Japón entre otros lugares estratégicos para los estadounidenses. Al respecto, Chuck Hagel, jefe del Pentágono, rectificó que tales maniobras “defensivas” tendrían que estar en operación para el año 2017… en caso de que Pyongyang atacara a los Estados Unidos ¿tardará cuatro años en hacerlo?

Un hecho es que, dadas las circunstancias con Corea del Norte, Estados Unidos ha desviado su atención y su presupuesto del sistema de defensa antimisiles que se instalaba en Europa como parte del programa de la OTAN para contener cualquier agresión proveniente de Irán o incluso de Rusia. Ante la creciente amenaza de Pyongyang y sus misiles, los norteamericanos favorecerán la protección de su costa oeste, mientras que en Europa “reestructurarán” el programa interceptor de misiles SM-3 que ya se desarrollaba en su cuarta fase.

Cabe destacar que este programa interceptor en Europa, desde su concepción, significó un punto de controversia y de una tensión particular entre Washington y Moscú, ya que Rusia considera que dicho sistema amenaza sus intereses estratégicos, por lo que pidió garantías a los Estados Unidos y la OTAN de que dicho escudo interceptor no se usará para evitar acciones concretas de los rusos en el futuro. Siendo un punto de inflexión en las actuales relaciones de los Estados Unidos con Rusia, esta medida favorece de buena manera a los implicados en el asunto, sobre todo en el mejoramiento de sus relaciones bilaterales que, desde el término de la Guerra Fría en 1991, año de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), no habían tenido un acercamiento tan relevante como lo pueden tener ahora que se ha determinado “replantear” el sistema antimisiles en la región.

Se dice que el despliegue de escudos interceptores en varios puntos estratégicos, principalmente en Alaska, no sólo tiene como fin proteger a los Estados Unidos de un eventual ataque nuclear de los norcoreanos, sino que esta acción va más allá de las amenazas un tanto infundadas de los asiáticos a los Estados Unidos. De hecho, diversos analistas conocedores de la capacidad nuclear de Corea del Norte dicen que el país no se encuentra en condiciones de perpetrar un daño real al territorio norteamericano, por lo que la defensa de la costa oeste no tiene mucho sentido si tomamos estas declaraciones como algo palpable.

¿Por qué motivo entonces los Estados Unidos hacen un despliegue militar por el helado territorio de Alaska? La respuesta a esta pregunta sólo los estadounidenses la saben en su totalidad, sin embargo, diversas fuentes cercanas al gobierno de Washington aseveran que la movilización conlleva un tinte económico en sus veladas declaraciones sobre el desarrollo nuclear de Pyongyang.

Sabemos que el deshielo de la parte norte del continente está avanzando de manera rápida y gradual y que la riqueza energética de la región no puede ser aprovechada hasta que el hielo terminé por adentrarse en el mismo océano ártico. Quizá lo anterior nos pueda acercar a un pleno conocimiento de las intenciones estadounidenses en este despliegue militar de “defensa” si consideramos la pérdida del protagonismo de este país en la dinámica de la economía mundial. Como es de saberse, varias economías de la región asiática (China, Corea del Sur, Rusia) están apuntando a lo más alto de la cúspide económica y Estados Unidos no se quiere quedar atrás. ¿De dónde sacará Estados Unidos más recursos para seguir alimentando su sistema de producción cuando ya se ha hablado de una “independencia energética” desde la Casa Blanca? Parece ser que la apuesta por el Shalle Gas va más lejos de la extracción en el territorio convencional de los Estados Unidos y tal parece que Alaska comienza a figurar como uno de los estados de la nación en donde se pueden encontrar diversas fuentes de energía dada su privilegiada posición geográfica.

Así las cosas entonces. Por un lado Rusia y Estados Unidos, ante las circunstancias, pueden entablar un mejor entendimiento bilateral desde 1991 y aunque por el momento la instalación y operación del sistema antimisiles de la OTAN queda en una especie de “vacío”, Estados Unidos no deja este programa de lado, sólo supone una “restructuración” del mismo ante la “amenaza” que ya comienza a representar Corea del Norte y la disminución de sus recursos financieros destinados a la Guerra. Es verdad que la medida en ese sentido es buena, pero podría ser mejor si se aprovecha en toda la extensión del término y si Rusia influye más en las labores de desarme en contra de Norteamérica y su brazo armado, la OTAN.

La cuestión de Corea del Norte hasta que no pase del discurso no podrá ser tomada en cuenta si nos remontamos al pasado y vemos que desde el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea en 1953, los norcoreanos han trastabillado en varias ocasiones con un ataque militar a Corea del Sur y a los mismos Estados Unidos. La disuasión nuclear es efectiva, sí, pero ésta debe de ser mesurada y aplicada en el tiempo en que es requerida. Kim Jong-Un debería de reconsiderar su retórica belicista, enfocarse en las necesidades de su Estado al interior, y guardar las estrategias de largo alcance para el momento más adecuado.

Por último, lejos de atender la amenaza que supuestamente representa Corea del Norte, las sospechas de que Estados Unidos está aprovechando la ocasión para apoderarse de los recursos energéticos del ártico con el envío de interceptores militares a Alaska, no deben de tomarse como declaraciones “descabelladas” una vez que ya se señaló la marcada deficiencia económica de los Estados Unidos para imperar en el sistema internacional. Sólo quedaría preguntarse… ¿El ártico es parte medular del programa de independencia energética de los Estados Unidos? Si lo es ¿Qué tan perjudicado se vería el medio ambiente en la extracción del gas esquisto? ¿Será Corea del Norte quien le ponga un alto a las altas pretensiones de los norteamericanos?

 

Jonathan Velázquez es Estudiante y Profesor Adjunto de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM. Enfoca sus estudios en el análisis de la política y la economía internacional contemporánea.

La opinión expresada es exclusivamente del autor y no refleja la opinión institucional del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales o su Programa de Jóvenes

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