Reflexión en torno a las elecciones presidenciales en Venezuela, 2013

01/05/13

Raúl Gutiérrez Patiño*

Antes de comenzar con esta breve reflexión y a efecto de eliminar cualquier tipo de fanatismo ideológico que despierta el tema en si mismo, es necesario reconocer una serie de hechos que determinaron la actual coyuntura política de la República Bolivariana de Venezuela.

Para empezar, resulta contradictorio que la eficiencia de un proyecto nacional dependa enteramente de un Jefe de Estado, ya que esta depende de la amalgama existente entre las fuerzas del gobierno y el sistema que garantice de manera eficiente la adecuada validez de la expresión de la voluntad popular, ya lo decía el propio Simón Bolívar en 1830: Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debería existir, y al fin no existiría.

La dependencia de un hombre o de una doctrina para sostener al Estado, paulatinamente desemboca en el odio encarnizado en contra de la oposición, comenzando con las prácticas persecutorias e inquisitivas tan propias de los sistemas dictatoriales, violentando con ello la salvaguarda de los derechos humanos, fomentando la corrupción endémica en el sistema de gobierno y socavando con ello, la existencia del Estado de Derecho.

No es objeto de este ensayo analizar cual de las plataformas políticas de los entonces candidatos a la presidencia representaba la mejor opción para el pueblo venezolano, ya que la libre autodeterminación de los pueblos, es la que determina el correcto desarrollo de las relaciones internacionales entre los Estados; sin embargo, se considera que estas sean mencionadas a efecto de aportar elementos al debate e información que ayuden a comprender un poco esta coyuntura política.

Las plataformas políticas de los principales candidatos consistían en los siguientes objetivos principales:

Henrique Capriles

  • Generar una economía fuerte y sólida que genere fuentes de empleos;
  • Proteger al país de la volatilidad de los precios del petróleo al incrementar y diversificar su producción;
  • Generar nuevas empresas y empleos productivos;
  • Alcanzar una tasa de inflación de un solo dígito;
  • Abatir la pobreza de modo sostenible.

Nicolás Maduro

  • Básicamente su plataforma política consistía en dar continuidad a las planteadas por el difunto presidente Hugo Chávez, esto se puede demostrar cuando el candidato declaro: “Yo no soy Chávez, hablando de la inteligencia, la fuerza, la capacidad de conducción, del mando. El comandante es una cosa y yo soy chavista, que vivo y muero por él. Nadie puede aspirar a que Maduro sea Chávez. Soy chavista, hijo de Chávez”:
  • Lograr un equilibrio político;
  • Desarrollar la economía productiva, humanista, autogestionaria y competitiva;
  • Alcanzar la justicia social;
  • Consolidar el territorio, desconcentración para el desarrollo sustentable;
  • Fortalecer la soberanía en la integración multipolar.

Como se puede observar, ambas plataformas presentan propuestas eficientes que pretendían alcanzar el bien común para la sociedad; sin embargo, el aspecto preocupante consiste en la obsesiva permanencia del poder que obstaculiza y pone en tela de juicio el correcto ejercicio del sistema democrático, y en consecuencia la omisión del apego a la legalidad.

Cuando analizamos el tema en cuestión, salen a la luz una serie de interrogantes que representan una legítima preocupación en torno al desarrollo del Estado de Derecho en Venezuela. En el ordenamiento constitucional venezolano se establece en el artículo 233 que: “… Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”.

Asimismo, el artículo 229 establece que: “No podrá ser elegido Presidente o elegida Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”.

Cabe mencionar que el ex presidente Chávez, no se presentó a la toma de posesión de su tercer mandato establecido para el 10 de enero del presente año; por lo que Nicolás Maduro todavía se encontraba como Vicepresidente del Gobierno y de acuerdo al ordenamiento constitucional venezolano, no podía ser electo como Presidente.

Cuando se anuncia al Vicepresidente Maduro como legitimo sucesor de Hugo Chávez, este prácticamente de inmediato se lanzó a contender como candidato en las nuevas elecciones presidenciales, sin haber sido electo popularmente o bien sin haber abandonado su cargo como Vicepresidente; sin embargo la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia Venezolano, en ponencia conjunta de sus siete Magistrados, indicó según un comunicado del propio Tribunal, que, con la muerte de Chávez, Maduro “cesa en el ejercicio de su cargo anterior” de vicepresidente y pasa a ser el “presidente encargado” de la República, figura que por cierto, no se encuentra contemplada en el ordenamiento constitucional venezolano.

La clara obsesión por dar continuidad al sistema establecido por Hugo Chávez, quedó igualmente demostrada ante las declaraciones que realizó Maduro a lo largo de su campaña, por ejemplo cuando aseguró que caería una maldición ancestral sobre quienes no votaran por él en los comicios del pasado 14 de abril. “Si alguien del pueblo vota contra Nicolás Maduro, está votando contra él mismo, le está cayendo la maldición de Maracapana”, aseveró, al evocar una leyenda indígena que cuenta que en 1567, los indígenas caribeños fueron derrotados por las tropas ibéricas, marcando así 300 años de dominio peninsular. Asimismo, en cuanto a la elección de Francisco I como nuevo jerarca de la Iglesia Católica, el candidato declaró “Nosotros sabemos que nuestro comandante (Chávez) ha ascendido hasta esas alturas y está frente a frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un Papa sudamericano.” Esto resulta sumamente relevante si tomamos en consideración el papel preponderante que juega la Iglesia Católica en Venezuela.

Evidencias contundentes que demuestran la urgencia de seguir con el proyecto condicionando la estabilidad emocional de las personas ante el triunfo o la derrota de un candidato; sin embargo, estos errores representaron un profundo costo político electoral, que quedó demostrado en la estrecha victoria que obtuvo de apenas el 1.7% sobre Capriles.

Cabe recordar que en las pasadas elecciones presidenciales entre Hugo Chávez y Henrique Capriles, los resultados fueron: 57.3%, contra 32.9%, favoreciendo a Chávez. En esta ocasión fueron de 50.66% para Maduro contra 48.98% para Capriles con una participación del 78%. Ante estos resultados, se puede especular sobre la continuidad que pueda dar el presidente Maduro respecto al proyecto político establecido por Hugo Chávez, y si este hecho, marcará o no el fin del “chavismo”.

 

*Raúl Gutiérrez Patiño es Asesor en el área de Análisis Político de la Fundación Miguel Estrada Iturbide, A.C., de la Cámara de Diputados de la LXII Legislatura. Anteriormente se desempeñó como Asesor en la Vice-coordinación de Política Exterior y Asuntos Internacionales del GPPAN en el Senado de la República de la LXI Legislatura. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana; estudiante de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México-SUA; Maestro en Corrupción y Estado de Derecho por la Universidad de Salamanca, España.

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