Reflexión en torno a la Integración Latinoamericana

20/05/13

Raúl Gutiérrez Patiño*

El concierto internacional cada vez más se ha ido adecuando bajo el funcionamiento de regiones más allá de los Estados Nación. Actualmente, muchos Estados que buscan elevar los esquemas de cooperación, miran hacia la Unión Europea como el modelo de integración regional más exitoso; sin embargo, lo hacen con cierto escepticismo debido a las dificultades económicas por las que atraviesa, las cuales, si bien es cierto que tienen influencia directa de la reciente crisis económica, también es necesario reconocer que el mismo sistema económico europeo, llegó prácticamente a un punto insostenible, en donde las desigualdades económicas día con día se ponen de manifiesto elevando la deuda de los Estados con un acelerado aumento del desempleo, entre otros problemas de importante relevancia.

Como lo aseguró el filósofo Jürgen Habermas en mayo de 2013, que lo único que une a los ciudadanos europeos en estos momentos es “un euroescepticismo que se ha acentuado durante la crisis en todos los países, aunque en cada país por razones diferentes y a veces opuestas”.

Cuando hablamos de integración latinoamericana, nos referimos justamente a esa “evolución” que obedece a términos geopolíticos latinoamericanos, que permiten la unificación de países bajo un esquema de unidad regional a través del libre tránsito y la eliminación de fronteras de personas y mercancías, y en casos más avanzados, de unidad económica.

Si tomamos en consideración el modelo europeo de integración regional aplicable para América Latina, debemos considerar que en la Unión Europea se establecen ciertos requisitos que deben cumplir los países miembros, que desafortunadamente no todos son aplicables a los países latinoamericanos:

  • El establecimiento de un sistema democrático
  • Combate a la corrupción
  • Establecimiento de una unidad económica en común
  • La creación y sumisión a un organismo supranacional, que si bien respeta la soberanía de los Estados, tiene la facultad de decidir en temas de vital importancia para el orden de la región.

Ahora bien, como lo establece Natalia Saltalamacchia Ziccardi en “México y América Latina: La vía multilateral” en el libro Los Retos Internacionales de México: “en el caso de sujetarse México a una integración latinoamericana como tal, es necesario reconocer que históricamente, el multilateralismo ha sido uno de los instrumentos más importantes en la política exterior de México hacia América Latina. México se ha destacado no sólo por participar sino por ser el constructor de una serie de esquemas multilaterales de geometría variable, distinto grado de institucionalidad y diversidad temática. Por ejemplo:

En el área política.- Fue el impulsor de Contadora, el Grupo de Río, la Cumbre Iberoamericana, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, organismo intergubernamental de ámbito regional, heredero del Grupo de Río y la CALC, la Cumbre de América Latina y del Caribe que promueve la integración y desarrollo de los países latinoamericanos).

En el área económica.- Fue protagónico en la gestación de la ALALC/ALADI, el Pacto de San José, el Grupo de los Tres y el Mecanismo de Tuxtla/Plan Puebla Panamá/ Proyecto Mesoamérica.

En el campo estratégico.- Fue el promotor del tratado de Tlatelolco.

Las razones que explican la preferencia de México por la política multilateral en América Latina, son las siguientes:

  1. La defensa de los intereses nacionales se finca en la promoción de un orden internacional basado en organizaciones internacionales fuertes y principios generales
  2. En segundo lugar, el multilateralismo se ha visualizado en distintos momentos como un factor de contra peso a la hegemonía estadounidense.
  3. El multilateralismo es útil para superar algunas dificultades de la inserción latinoamericana de México derivadas de su ubicación geográfica y su cualidad de país bisagra entre la América Latina y la América Anglosajona”.

Por lo que podemos ver un genuino interés por parte del gobierno mexicano para facilitar una integración regional exitosa, que permita lograr una unidad económica sólida en la región. No obstante a los argumentos anteriormente mencionados, en términos de geopolítica, México se vería inmerso dentro de la región norteamericana. Situación que presenta una problemática debido a la falta de voluntad política por parte de los vecinos del norte y por el apego de México a su soberanía nacional que muchas veces tiende a confundir a la integración regional como una intervención por parte de potencias extranjeras.

Esto puede entenderse si hacemos una breve revisión de la historia de México ya que como lo afirma Hugo Pichardo Hernández en “Geografía y desintegración territorial en el México del siglo XIX” en el libro Geopolítica, relaciones internacionales y etnicidad. Aspectos de la construcción del Estado en América Latina durate los siglos XIX y XX: “Desde la época de la independencia hasta los últimos años del siglo XIX, nuestro país sufrió grandes dificultades para definir sus fronteras internas y sus límites territoriales con los países vecinos. En cuanto a la definición de las fronteras con los países colindantes se pueden mencionar ejemplos que permiten observar los diferentes intereses y circunstancias que obligaron a los gobiernos mexicanos a conceder separaciones y entregar gran parte del territorio heredado de la Nueva España. Casos como los territorios del norte: Texas, Nuevo México, Arizona y Alta California, y los del sur: Centroamérica y Belice.”

Cabe mencionar que el tema de la soberanía resulta especialmente delicado, ya que la existencia de un organismo supranacional es necesaria para que el modelo de integración sea realmente exitoso; lo que bajo ninguna circunstancia debe entenderse como una afrenta a la soberanía de los Estados.

Podemos mencionar que existen una serie de pendientes que obstaculizan la evolución de esquemas de cooperación a una verdadera integración regional latinoamericana. Entre los cuales, resulta oportuno mencionar los siguientes:

El esquema de seguridad en la región demanda mayores niveles de coordinación transnacional. Para ello, México debe de seguir estimulando que en conjunto, todos los países latinoamericanos fortalezcan la agenda de seguridad regional que permita la cooperación en el combate contra el narcotráfico, el crimen organizado, la trata de personas, así como el tráfico ilícito de migrantes.

En conclusión con lo anteriormente expuesto, podemos considerar que para que pueda florecer una integración latinoamericana como tal, es necesario limar todas aquellas asperezas entre las distintas regiones de los distintos Estados y por su puesto, tener siempre en cuenta aquellas situaciones en donde los intereses nortemericanos no obstaculicen este proceso.

 

*Raúl Gutiérrez Patiño es Asesor en el área de Análisis Político de la Fundación Miguel Estrada Iturbide, A.C., de la Cámara de Diputados de la LXII Legislatura. Anteriormente se desempeñó como Asesor en la Vice-coordinación de Política Exterior y Asuntos Internacionales del GPPAN en el Senado de la República de la LXI Legislatura. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana; estudiante de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México-SUA; Maestro en Corrupción y Estado de Derecho por la Universidad de Salamanca, España.

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