Punching Below the Waist: los latinos y la comunidad de origen mexicano en Estados Unidos

03/06/1

Desirée Colomé*

143Desde las elecciones presidenciales en Estados Unidos en 2008, y recientemente en las de noviembre de 2012, se ha incrementado el análisis de la relevancia de la comunidad hispana en el electorado estadounidense. Obama logró entender bien los números y desarrolló una estrategia exitosa de campaña para acercarse a esta minoría, que cada vez es menos minoritaria. Las tendencias son claras: el voto latino es importante y cada vez lo será más, por lo que los políticos y legisladores que aspiren a ganar una elección o permanecer en el Congreso se ven forzados a mirarlos, entenderlos, escucharlos y atender sus necesidades y prioridades como grupo. Quisiera poner sobre la mesa algunas cuestiones que me parece relevante destacar y que creo que, si bien han estado presentes en los debates académicos y políticos recientes, no deben perderse de vista. En primer lugar, con base en los análisis realizados después de la elección de noviembre de 2012, quisiera analizar brevemente el voto latino, su relevancia y las tendencias que se han identificado para el corto plazo. En segundo lugar, resaltar aspectos específicos sobre la comunidad de origen mexicano en Estados Unidos y, finalmente, los retos y oportunidades que estos datos representan para el gobierno mexicano, en el marco de la relación bilateral con Estados Unidos y el debate interno en éste último sobre la reforma migratoria.

En relación con la comunidad de origen hispano en Estados Unidos, en noviembre de 2012, el Pew Hispanic Research Center publicó un estudio en el que señala que en Estados Unidos hay aproximadamente 53 millones de personas de origen hispano, quienes representan 17% de la población total. Sin embargo, sólo 48% de los latinos que podían votar acudieron a las urnas, una cifra muy disminuida comparada con la de otros grupos étnicos como los afroamericanos que excedieron 60%. Tal como lo dice este estudio, estas cifras nos dejan ver que los latinos están “pegando por debajo de la cintura”, o no ejerciendo todo el capital electoral que de hecho poseen. Según las tendencias, el electorado latino se duplicará de aquí a 2030 debido a que actualmente muchos tienen menos de 18 años, y que de consolidarse la reforma migratoria un número importante adquiriría la ciudadanía y el derecho a voto. En 2030, entonces, se estima que habrá 40 millones de personas de origen latino que puedan votar. Esto, como puede apreciarse, implica que se trata de un grupo cuya influencia en la agenda electoral seguirá incrementando. Y queda la pregunta sobre quién va a capitalizar esta fuerza: los demócratas, tal como lo han hecho tradicionalmente, o los republicanos, quienes parecen estar entendiendo la relevancia de estas cifras, y en consecuencia empiezan a modificar su plataforma electoral en favor de esta minoría.

Por otro lado, el pasado 1° de mayo el mismo centro de pensamiento publicó un estudio dedicado enteramente a la población de origen mexicano que reside en Estados Unidos; los datos que presenta se comparan con los de la población hispana en general y se segregan entre los mexicanos que migraron hacia Estados Unidos y los que nacieron ahí, es decir los de segunda generación. Esto arroja datos interesantes en términos de diferencias al interior de la comunidad mexicana en Estados Unidos. Con base en cifras a 2012, se calcula que hay 33.7 millones de hispanos de origen mexicano residiendo en Estados Unidos; de ellos, 11.4 millones son inmigrantes y 22.3 millones son de segunda generación. En total, representan 64% de la población hispana y 11% dela población total en Estados Unidos. En términos generales, tal como se muestra en la siguiente tabla, los mexicanos de segunda generación tienen mejores niveles de vida, ingreso y educación, que aquellos que llegaron como inmigrantes a territorio estadounidense.

 

Mexicanos nacidos en México Mexicanos de segunda generación
Porcentaje de personas mayores de 5 años que dice hablar inglés proficientemente. 29% 89%
Edad promedio 35 años 17 años
Personas mayores de 15 años que están casadas 58% 34%
Porcentaje de personas que posee título universitario 6% 15%
Porcentaje de personas que concluyó estudios de bachillerato 41% 79%
Promedio de ingresos anuales por persona, mayores de 16 años 19,000 USD 22,000 USD
Porcentaje de la población que vive en condiciones de pobreza 29% 26%
Porcentaje de personas que no tienen seguro médico 57% 20%
Porcentaje de personas que son propietarios de una casa 45% 53%

 

Me parece relevante resaltar estas diferencias, pues pueden tener implicaciones importantes en términos de la manera en que se identifican con México, se vinculan con nuestro país y pueden relacionarse con el gobierno mexicano como una comunidad unida con intereses compartidos en Estados Unidos. Así como sabemos que las personas que fueron llevadas a Estados Unidos de pequeños tienen una especia de crisis de identidad al sentirse más identificados con los valores y formas de vida de ese país y aun así ver que no son reconocidos como ciudadanos con plenos derechos, podemos preguntarnos ¿cómo se sienten? o ¿qué se sienten? los mexicanos de segunda generación (¿mexicanos, estadounidenses, una mezcla de ambos, depende de las circunstancias?). En el mismo sentido, es necesario cuestionar si sus intereses y prioridades coinciden con las de los inmigrantes y, en términos más generales con las del gobierno mexicano, o si, por el contrario, se identifican más con la sociedad estadounidense, por lo que están más preocupados por cuestiones de política interna que les afectan directamente, que por mantener un vínculo con “su país de origen”.

Con base en estos dos estudios del Pew Hispanic Research Center, podemos inferir que la población de origen mexicano en Estados Unidos puede constituirse en sí misma, es decir independientemente de la población latina, en una importante fuerza demográfica. La pregunta, o preguntas, que me vienen a la cabeza, entonces, son ¿cómo se puede capitalizar esta fuerza demográfica y cómo traducirla en una fuerza política y electoral? O un paso atrás ¿se puede capitalizar en estos términos? Es decir, ¿se podría hablar de un grupo homogéneo, con intereses compartidos, al cual se podría movilizar en favor de causas específicas? Considero que éste es un aspecto importante que deberíamos estar discutiendo en México.

Debemos analizar la manera en la que el Estado mexicano se ha acercado a su diáspora en Estados Unidos, cómo ha entendido sus necesidades, si las ha atendido y qué mecanismos ha desarrollado para trabajar en conjunto. O, si estos intereses comunes no resultan tan obvios a primera vista, entonces ¿cómo puede acercarse el gobierno mexicano a estas personas y negociar para apoyarse mutuamente en sus agendas particulares y obtener beneficios mutuos? Tal vez, el estar conscientes del enorme capital político que podría tener México si lograra consolidar una relación de colaboración con la diáspora residente en Estados Unidos podría brindar nuevas oportunidades de negociación y colaboración con el gobierno estadounidense. No quiero hacer una comparación directa, porque creo que hay muchos otros factores que deben considerarse, pero pensemos por ejemplo en la comunidad judía en Estados Unidos; el cabildeo pro-Israel, en términos generales, ha colaborado con el propio gobierno de Israel para obtener grandes beneficios para este Estado. ¿Podría México hacer algo así? ¿Podríamos empezar a hablar de una simbiosis en este sentido en favor de intereses estratégicos mexicanos?

Creo que estas son preguntas fundamentales que deberíamos tener presentes, particularmente en el marco de la reforma migratoria que se discute en Estados Unidos, en virtud de las implicaciones que tendría para los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos y, de manera más general y a largo plazo, para el Estado mexicano y su política exterior.

 

*Desirée Colomé es Licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y realizó un intercambio académico en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). Sus áreas de concentración son temas relacionados con la protección internacional de los derechos humanos, el Sistema de las Naciones Unidas y la resolución de conflictos. Durante 2011 fue seleccionada como becaria del Programa de Formación de Líderes de la Fundación Ethos y participó como Sherpa de la Delegación Mexicana en las Cumbres Juveniles del G8 y el G20, llevadas a cabo en París. En el ámbito profesional ha colaborado en la Dirección General para Europa de la Secretaría de Relaciones Exteriores y en la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Actualmente se desempeña como consultora en Global Policy Strategies. Es miembro de la Conferencia Mariano Otero desde 2007 y Asociada Joven del COMEXI desde 2013.

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