Microfinanciamiento y banca de desarrollo ante las fallas en los mercados de crédito

11/07/13

Israel Hernández Seguin

Recientemente el Presidente de México Enrique Peña Nieto, propuso que la banca de desarrollo alcance fondos de hasta un billón de pesos para dar créditos directos e inducidos. Este aumento en el crédito sería canalizado a través de Nafin, Bancomext, Banobras, Financiera Rural y otras entidades de banca de desarrollo en el país. Los medios reportaron este anuncio como una ampliación del crédito y un abaratamiento del mismo.

El renacimiento de la banca de desarrollo y el auge del microfinanciamiento en América Latina en los últimos años, obliga a hacer un análisis de la forma en la que estos mecanismos se insertan en el desarrollo financiero, sus ventajas y sus riesgos. De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo, los bancos de desarrollo en la región han pasado en la última década de ser un lastre para las cuentas de los gobiernos a convertirse en instituciones solventes y con futuro. En lo que respecta al microfinanciamiento, en 10 años este sector ha crecido en escala y niveles de rentabilidad que eran difíciles de creer, con 12.5 millones de clientes en 2010 (Pedroza, 2011).

I. Fallas en los mercados de crédito

A lo largo de los años los estudiosos han analizado el crecimiento económico y el desarrollo, en búsqueda de las variables y los factores que los facilitan. En materia financiera, se ha encontrado que existe una interrelación positiva entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico en un país (Nabi y Suliman, 2009). Como parte de un contexto de madurez del sistema financiero, debería observarse la eficiencia de los mercados de crédito. Para ello, se requiere información completa entre los agentes económicos, lo que genera incentivos correctos para una eficiente asignación de recursos, con precios que reflejan correctamente las tasas de retorno y el riesgo de los activos que se intercambian (Hermann, 2010). Sin embargo, en la realidad esta situación no se observa debido a la existencia de información asimétrica, externalidades, retornos que son difíciles de predecir, costos de transacción, entre otros.

A pesar de los esfuerzos realizados por los gobiernos para corregir las fallas en los mercados de crédito, muchos países en desarrollo continúan experimentando una escasez en el financiamiento sobretodo de largo plazo y en sectores de alto riesgo (Thorne y du Toit, 2009).  La ineficiencia de los mercados deja fuera a segmentos que son fundamentales para el proceso de desarrollo económico como la innovación, las operaciones de largo plazo y las actividades sobre las que se esperan altos retornos sociales (Hermann, 2010).

La eficiencia de los mercados de crédito no alcanza a los sectores más pobres de la población. Los riesgos asociados al daño moral (esfuerzo insuficiente de los emprendedores) y la selección adversa (características de los emprendedores) no encuentran solución con los requerimientos de colateral o el monitoreo de los deudores, porque estos estratos no tienen suficientes activos para cubrir algún colateral y su monitoreo resulta muy costoso. Como estos sujetos de crédito no tienen las cualidades para recibir préstamos, se crea una trampa de pobreza de la que no pueden salir.

Esta es una ineficiencia del mercado de créditos porque no significa que estas personas no están pidiendo préstamos, sino que lo están haciendo a tasas muy elevadas. Si se aumentara el acceso al crédito y los servicios financieros, se crearían oportunidades para los pobres y se incrementaría la eficiencia productiva agregada (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005). Por ello, ha sido tan importante encontrar alternativas para subsanar estas fallas. Los mecanismos que se han adoptado tienen que ver con el financiamiento en el corto plazo a través de las instituciones de microfinanciamiento, y en el largo plazo con los bancos de desarrollo.

II. El corto plazo: microfinanciamiento

Desde las primeras iniciativas de microfinanciamiento (el caso memorable del Grameen bank) hasta la actualidad, han surgido diversas organizaciones no gubernamentales que han transformado sus esquemas iniciales de créditos rotativos en ciertas comunidades, a bancos que proveen microfinanciamiento con instrumentos de mercado (Nitsch, 2008). Más recientemente bancos privados comenzaron a crear unidades de microfinanciamiento para atender a los sectores de la población que habían dejado fuera, empleando vehículos de inversión microfinanciera (Wagner, 2012).

El microfinanciamiento se basa en préstamos a grupos, lo cual ha sido una innovación. Este mecanismo combate el problema de información asimétrica, y sus consecuencias de daño moral y selección adversa, así como la falta de colateral al prestar a los estratos más pobres de la población.  A través de la formación de grupos, los bancos, o las instituciones de crédito, otorgan préstamos sin el requerimiento de colateral, bajo la condición de que los prestatarios se organicen en colectivos y cada participante acepte asumir responsabilidad compartida por el préstamo. De esta manera, además de pagar su parte del crédito, el integrante del grupo acepta pagar las obligaciones de los otros participantes en caso de incumplimiento, pues de otra forma todos los miembros del grupo (incluidos los que sí pagaron) dejarían de tener acceso al financiamiento en el futuro (Armendáriz de Aghion y Gollier, 2000). Este mecanismo resuelve el problema del racionamiento del crédito que afecta especialmente a los emprendedores “pobres”.

El microfinanciamiento es de corto plazo, en exhibiciones semanales o mensuales, pues ello permite un control a tiempo de la calidad del portafolio y permite una importante flexibilidad para ajustar las condiciones de los préstamos en tiempos de crisis (Wagner, 2012). La concavidad de la curva de retornos marginales sobre el capital, explica por qué un emprendedor pobre tiene mayor retorno marginal sobre el capital que un emprendedor rico, y por tanto está dispuesto a pagar a los prestamistas con mayores tasas (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005). Pero incluso cuando los microcréditos exhiben tasas más altas que las de mercado, son menores que las que se obtendrían en mercados informales. Esto se debe al mecanismo del crédito a grupos solidarios, a los que se transfiere parte del riesgo de incumplimiento y entonces los bancos o instituciones de préstamos pueden requerir tasas de interés más bajas (Armendáriz de Aghion y Gollier, 2000).

Elementos clave en el bueno funcionamiento de los microcréditos son el diseño del contrato y la política de precios (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005), así como entornos regulatorios apropiados, innovación, un equipo comprometido y un manejo eficiente, énfasis en la rentabilidad de los proyectos, entre otros. Una ventaja por ejemplo de perseguir la recuperación del costo del crédito es que limita la intervención de los donantes o de los que otorgarían los subsidios en el diseño de los préstamos, en otras circunstancias (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005).

El problema surge cuando se le pide a las microfinancieras que persigan un doble objetivo: lograr sustentabilidad financiera en su negocio, por una parte, y tener un alto y positivo impacto social, por la otra. Algunos estudios encuentran que ambos objetivos en lugar de ser complementarios, más bien podrían ser conflictivos: el impacto sobre la reducción de la pobreza disminuye con el tamaño del crédito, pero el desempeño financiero mejora con el tamaño del crédito gracias a las economías de escala (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005). 

III. El largo plazo: banca de desarrollo

De acuerdo a Armendáriz de Aghion (1998), los bancos de desarrollo son instituciones financieras patrocinadas por el gobierno, concentradas primordialmente en la provisión de capital de largo plazo a la industria. Diversas condiciones explican en cada país el surgimiento de los bancos de desarrollo, pero existen dos elementos fundamentales que dan lugar a su origen: 1) el proceso de desarrollo está caracterizado por un contexto de incertidumbre, el surgimiento y expansión de nuevos sectores, así como procesos y productos que resultan innovadores, y 2) los ahorradores (inversionistas) tienden a evadir los riesgos que se perciben muy altos y que son difíciles de evaluar (Hermann, 2010).

Para resolver las ineficiencias del mercado de crédito a través de los bancos de desarrollo, los gobiernos proveen capital con tasas de interés por debajo de las de mercado y garantías a las emisiones de bonos de estos bancos. Si bien diversos estudios comprueban el mérito de estas instituciones en la promoción de la industrialización de las naciones desarrolladas, su impacto en las naciones en desarrollo ha sido menos claro.

Entre las causas del mal funcionamiento de los bancos de desarrollo están las evaluaciones pobres de costo-beneficio, mala administración y corrupción (Armendáriz de Aghion, 1998), un entorno institucional desfavorable, operar sin principios comerciales, mandatos rígidos e inapropiados (Thorne y du Toit, 2009). Además, elementos como un crecimiento disperso y desvinculado entre sí con ineficiencia administrativa se suman a la lista de fallas (Ortiz, Caballero, de Jesús, 2009).  Otro problema tiene que ver con el resguardo de la especialización y el conocimiento que van acumulando los bancos, dada la concentración por sectores, y que no están necesariamente dispuestos a compartir con otras entidades (Armendáriz de Aghion, 1998).

Se ha discutido si podrían evitarse estos problemas a través de proyectos en donde participen por igual los bancos de desarrollo y los bancos privados, pero se encuentra el problema del “free-rider”, en donde se pierden los incentivos para que un banco haga un buen monitoreo si la expectativa es que otros harán ese trabajo (Armendáriz de Aghion, 1998). Además, los bancos de desarrollo enfrentan un problema de riesgo de daño moral y selección adversa en proyectos co-financiados (Thorne y du Toit, 2009).

Otras soluciones propuestas son la co-propiedad privada, el compromiso de diseminar el conocimiento adquirido, autonomía, límites presupuestales, y recursos humanos de gran calidad. Thorne y du Toit (2009) también observan que la estabilidad macroeconómica, un mandato apropiado y flexible, un alcance limitado y específico, una regulación y supervisión bajo las mismas líneas que el sector privado (aunque con las distinciones apropiadas en donde son necesarias) y un buen gobierno corporativo, son elementos cruciales para el buen desempeño de estas instituciones. Finalmente, es importante que la banca de desarrollo no cuente con garantías estatales totales e indiscriminadas pese a ser banca estatal (Ortiz, Caballero, de Jesús, 2009).

IV. El impacto del microfinanciamiento y la banca de desarrollo en América Latina e la última década: datos empíricos

Al revisar los datos empíricos de ambos mecanismos en América Latina, se observa que ambos han sido proveedores importantes de crédito en la última década, justo en el mismo periodo en el que el crédito bancario comercial con relación al PIB se ha quedado en niveles del 20% en la región de América Latina, mientras que en Asia-Pacífico alcanzó el 72%, en el Medio Este y África el 43% y en los países desarrollados el 84% (Ortiz, Caballero, de Jesús, 2009). La cartera de microfinanciamiento creció casi 13 veces en este periodo y el número de clientes aumentó 7 veces, como se puede ver en la gráfica 1.

Gráfica 1: Crecimiento en los créditos y en la cartera de clientes de las instituciones de microfinanciamiento en América Latina

Gráfica tomada de Banco Interamericano de Desarrollo (2011)

 

Dos son las medidas con las que se puede analizar el impacto del microfinanciamiento en la región: el grado de penetración entre los sectores que requieren ese financiamiento, así como el nivel de tasas de interés que se están cobrando, respecto a las tasas que se cobran en el mercado.

Tabla 1: Penetración de microcrédito en América Latina por país, 2010

País

No. de personas- categoría ocupacional: patrón y cuenta propia

Número de clientes de microcédito

Penetración microfinanzas %

Argentina

                                  5,106,817

                    39,804

0.8%

Bolivia

                                  1,784,357

                  775,616

43.5%

Brasil

                                23,200,818

              1,887,564

8.1%

Chile

                                  1,551,949

                  278,673

18.0%

Colombia

                                  8,777,605

              1,698,945

19.4%

Ecuador

                                  2,995,188

                  734,293

24.5%

El Salvador

                                      839,732

                  221,315

26.4%

Guatemala

                                  1,803,555

                  448,990

24.9%

Honduras

                                  1,414,802

                  175,178

12.4%

México

                                10,405,844

              3,131,774

30.1%

Nicaragua

                                      745,728

                  279,761

37.5%

Panamá

                                      447,022

                    21,897

4.9%

Paraguay

                                  1,133,927

                  108,959

9.6%

Perú

                                  6,556,695

              2,221,738

33.9%

Rep. Dominicana

                                  1,665,088

                  252,464

15.2%

Uruguay

                                      424,811

                    10,840

2.6%

Total

16.000

Tabla tomada de Banco Interamericano de Desarrollo (2011)

En la tabla 1 se calcula la penetración de las microfinanzas tomando como sector de interés el de las personas que se emplean por cuenta propia o que son patrones de algún negocio. Esta población se compara contra los clientes que en cada país reportan tener las instituciones de microfinanciamiento. Resulta que el promedio de penetración en la región es del 16%, lo cual resulta aún muy bajo. Pese al crecimiento importante que han tenido las microfinanzas en la última década, aún sigue habiendo un amplio sector desatendido.

La tabla 2 hace una comparación entre la tasa promedio que cobran a sus clientes las microfinancieras y la correspondiente a los bancos comerciales. Se calcula una prima de las microfinancieras a partir de la diferencia entre ambas. El promedio en la región es del 30.7% para microfinanciamiento y de casi un 20% como prima. Este nivel podría considerarse razonable, si se aceptan los cálculos de Braveman y Guasch, quienes estimaron que los costos administrativos de manejar préstamos pequeños están entre el 15 y el 40% del tamaño de esos préstamos (Armendáriz de Aghion y Morduch, 2005).  A pesar de ello, algunos analistas consideran que las tasa de interés siguen siendo muy altas, sobre todo si se consideran algunos casos aisladamente como el de Grupo Compartamos en México, que registraba una tasa de interés anual cercana al 60%.

Tabla 2: Tasa de interés de instituciones de microfinanzas y bancos en América Latina, 2010

País

Ratio microfinanzas (a)

Ratio bancos (b)

Prima de microfinanzas (a) – (b)

Argentina

                            55.8

                   25.3

                                      30.5

Bolivia

                            20.3

                   11.4

                                        8.9

Brasil

                            24.9

                   15.3

                                        9.6

Chile

                            43.8

                     8.7

                                      35.1

Colombia

                            32.0

                   11.6

                                      20.4

Costa Rica

                            24.0

                   12.9

                                      11.1

Ecuador

                            26.5

                   12.4

                                      14.1

El Salvador

                            27.9

                   11.2

                                      16.7

Guatemala

                            31.4

                   19.2

                                      12.2

Haití

                            41.8

 n.d.

 n.d.

Honduras

                            26.6

                   18.5

                                        8.1

México

                            72.2

                   18.4

                                      53.8

Nicaragua

                            25.6

                   17.0

                                        8.6

Panamá

                            38.5

                     8.1

                                      30.4

Paraguay

                            24.5

                   14.2

                                      10.3

Perú

                            28.0

                   13.7

                                      14.3

Rep. Dominicana

                            32.1

                   17.4

                                      14.7

Venezuela

 n.d.

                   26.9

 n.d.

Media ponderada regional

30.7

Tabla tomada de Banco Interamericano de Desarrollo (2011)

En lo que respecta a los bancos de desarrollo, su participación también ha aumentado considerablemente. En la actualidad y en su conjunto proporcionan más de 700, 000 millones de dólares en préstamos al año en la región, con activos que superan los 1.4 billones de dólares o el 25% del PIB regional. En conjunto representan el 19.4% del sistema bancario. Aunque las cifras son importantes, se encuentran todavía por debajo del promedio mundial que es del 25% (en la Unión Europea alcanza el 30%).

Gráfica 2: La banca de Desarrollo en América Latina

Gráfica tomada de Banco Interamericano de Desarrollo (2013)

Un sector en el que tradicionalmente se necesita la participación de los bancos de desarrollo es la inversión en infraestructura. Se estima que los países en desarrollo necesitan invertir el 5% de su PIB en ese ámbito. En América Latina la inversión alcanza apenas el 2%. Se ha recomendado que los bancos de desarrollo se conviertan en socios de negocio de fondos privados para estos desarrollos facilitando y motivando la participación del capital privado (UN-DESA, 2005).

Aún hay escasez de estudios y datos empíricos para medir el impacto de los bancos de desarrollo, sobre todo después de haber enfrentado un declive en su participación en economías como la mexicana y la brasileña en la década de los 90. En términos de su desempeño, un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo pudo evaluar el retorno de los activos y el retorno del patrimonio de estas entidades clasificando a los bancos de desarrollo entre los que son especializados en un sector y los que son multisectoriales, como se ve en la tabla 3.

Tabla 3: Evolución de los indicadores de resultado según orientación sectorial (en porcentaje)

Orientación sectorial

Utilidad/Activo

 (ROA)

Utilidad/Patromonio (ROE)

Utilidad/Ingresos

2000

2005

2010

2000

2005

2010

2000

2005

2010

Bancos multisectoriales

1.16

2.17

3.01

2.59

10.92

17.2

9.1

19.15

32.12

Bancos especializados

-1.82

-0.11

1.87

-12.73

6.4

10.33

-12.55

7.63

25.33

Tabla tomada de Banco Interamericano de Desarrollo (2013)

Resultan interesantes dos observaciones a partir de esta tabla: 1) el desempeño de los bancos de desarrollo muestra claras señales de mejoría en los 3 distintos indicadores, y 2) el mejor desempeño lo exhiben los bancos multisectoriales. Con bancos multisectoriales dejaría de existir el problema de la concentración del “expertise” y los problemas para compartirlo que se describieron en la parte teórica, así como la existencia de monopolios de inversión en sectores.

V. Conclusiones

El intercambio de ahorros y préstamos en los mercados de crédito se da entre algunos agentes solamente. No todos los que requieren crédito lo obtendrán, debido a la lógica del racionamiento del crédito presentada por Stiglitz en su artículo “Credit rationing in markets with imperfect information” (1981). Este racionamiento se da por la existencia de información asimétrica entre los oferentes y los demandantes de crédito y los problemas asociados de selección adversa y daño moral. Tal como se explicó anteriormente, dichos problemas se resuelven en los mercados del crédito a través del requerimiento de colateral y el monitorio de los prestatarios. Sin embargo, hay sectores de la población que quedan fuera de esa solución y la asignación de los créditos es limitada y con tasas muy altas, todo lo cual crea ineficiencia.

En países en desarrollo como los de América Latina, la exclusión de “emprendedores pobres” ha sido especialmente seria. Afortunadamente, en la última década las instituciones de microfinanciamiento expandieron sus operaciones y registraron interesantes tasas de retorno. En 10 años han cubierto al 16% del sector que deberían atender, según las mediciones propuestas en este artículo. Se requieren mayores esfuerzos para seguir aumentando la penetración de mercado de estas alternativas de financiamiento.

Además del microfinanciamiento, se requiere la participación de los bancos de desarrollo para el largo plazo. Después de décadas en las que los bancos de desarrollo en América Latina mostraron ser una fuente de ineficiencia y corrupción, la última década también ha mostrado mejores resultados. Hoy los bancos de desarrollo tienen importantes recursos y han mostrado una mejoría en sus retornos sobre activos y patrimonio. Sin embargo, también siguen estando por debajo de los niveles necesarios, pues representan una proporción del PIB menor al promedio mundial.

Así, mientras que las instituciones microfinancieras han encontrado mecanismos para superar la falta de colateral a través de los créditos a grupos solidarios, sus préstamos se concentran en el corto plazo, precisamente porque ello induce menores riesgos y costos de monitoreo. Prestar a largo plazo a clientes riesgosos es de una dificultad mayor. Por eso es que en este caso, entran en juego los bancos de desarrollo. A pesar de ello, estas entidades no deben estar desvinculadas. Se ha sugerido que la banca de desarrollo establezca vínculos con la banca privada y en apoyo a las microfinanzas (Ortiz, Caballero, de Jesús, 2009). Quizás ello ayudaría a potenciar su impacto que aún está debajo del requerido.

Es posible concluir entonces que el microfinanciamiento y la banca de desarrollo son instrumentos positivos y que las cifras indican un mejoramiento en la asignación de créditos sin lugar a dudas. Ambos mecanismos tienen un uso en el tiempo diferente (corto plazo versus largo plazo). También han mejorado sus indicadores internos de rendimiento y sustentabilidad como aquí se ha visto. Es importante entonces que su presencia siga creciendo con políticas adecuadas. Si bien la banca de desarrollo y las instituciones de microfinanciamiento se originan ante un problema de selección adversa, algunos de los mecanismos que entran en juego, notoriamente la participación del gobierno vía subsidios, podría generar un problema de daño moral en donde las políticas tienen un alto grado de discrecionalidad, de no seguirse las mejores prácticas.

Bibliografía

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  • Armendáriz de Aghion, B. y Morduch, J. (2005). The Economics of Microfinance. Cambridge: Massachussets Institute of Technology Press.
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  • Pedroza, P. (2011). Microfinanzas en América Latina y el Caribe: El sector en cifras 2011. Banco Interamericano de Desarrollo.
  • Thorne, J. y du Toit, C. (2009). ‘A macro-framework for successful development banks’. Development Sothern Africa, vol. 26. Diciembre.
  • United Nations Department of economic and Social Affairs (UN-DESA). 2005. Rethinking the role of national development banks. Brackground document for the Ad Hoc Expert Group Meeting on Rethinking the Role of National Development banks, New York, 1-2 December.
  • Wagner, C. (2012). ‘From boom to bust: how different has microfinance been from traditional banking?’ Development Policy Review (2), pp. 187-210.

 

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