La incorporación de Croacia podría revelarse una bomba de tiempo para Unión Europea

25/06/13

Marco Dalla Stella*

El largo y complicado camino de Croacia para integrarse a la Unión Europea está a punto de llevarse a cabo. Del éxito o fracaso de dicha incorporación podría depender el futuro de la Unión.

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Después de un proceso de adhesión que tardó 10 años, el primero de julio Croacia será el país número 28 de la Unión Europea. A partir de esa fecha empezará también el proceso de integración al Euro, la moneda única europea, que tardará por lo menos unos dos años para cumplirse.

El momento histórico en el cual esta incorporación se está llevando a cabo es más que nunca significativo. Dentro de la Unión hay creciente pesimismo y contrastes, como lo demuestra la decisión de Inglaterra y la República Checa de no firmar el Fiscal Compact (un acuerdo aprobado el 2 marzo 2012 por parte de 25 Estados sobre las reglas para el equilibrio de la balanza comercial). Además, en toda Europa creciéndose han incrementado los movimientos  anti-euro, tales como “Alternativa para Alemania” para las próximas elecciones podría alcanzar un 25% de los votos.

En esta situación la incorporación de Croacia, un país de aproximadamente 4 millones de personas distribuidas en un territorio de 56.000 kuilómetros cuadrados, se revelará  decisiva para decretar la capacidad de Bruselas de extender la Unión sin perjudicar a una estabilidad político-económica ya se encuentra en discusión.

Las negociaciones han sido largas y difíciles. La crisis del Euro y la compleja situación política Croata hicieron que fuese el proceso de adhesión más largo en la historia de la Unión. Alemania, que fue la primera en reconocerle su independencia en 1991, sigue siendo uno de los países más críticos sobre su ingreso en la organización europea. Junto con los Países Bajos, Dinamarca y Finlandia se fue creando un bloque de estados que pide mesuras más rígidas para los ingresos de nuevos países en Europa y que critican la desatención que tuvo Bruselas al a hora de admitir países como Rumania y Bulgaria, que a los seis años de sus adhesiones todavía no se ajustan a los parámetros europeos.

Es un hecho que en el pasado la integración europea se promocionó más a través de la política que de la economía. Tal es el caso de Grecia, quien ingresó en 1981 no obstante que había sido declarada inadecuada por la Comisión Europea. En este caso las razones políticas relacionadas con la Guerra Fría prevalecieron y acabaron abriendo las puertas también a otro estado considerado “no apto” para la Unión como Chipre, una isla que todavía no ejercita pleno control de su territorio.

Hay razones para creer que la Comisión Europea reconoció los errores del pasado y que no quiere repetirlos. Es en este sentido que se explica el endurecimiento de los criterios de admisión que causaron la lentitud del proceso de adhesión croata.

En un reciente informe, la Unión Europea declaró a Croacia finalmente lista para su ingreso en la UE, pero hay quién criticó dicha opinión y que se opone al ingreso del país balcánico. En particular el Süddeutsche Zeitung, uno de los mayores periódicos alemanes, escribió que Croacia sigue basándose en una política de tipo clientelar, con una administración desequilibrada, un sector público desorbitado y un sistema jurídico con muchas fallas. Además, informes elaborados por el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial han denunciado una situación de corrupción y de economía atrasada que amenazan con repetir el caso de Grecia.

En este momento la deuda externa de Croacia asciende a 8 mil millones de euros mientras que la relación Deuda/PIB equivale al 56,3% del PIB, es decir inferior a los límites puestos por el Fiscal Pact. Sin embargo, la relación déficit/PIB se encuentra en -4,9%, y la tasa de desocupación es del 20,9%. Es por esta última razón que Eslovenia, el cercano país que se adhirió a la UE en 2004 y que teme una excesiva inmigración croata, decidió poner límites estrictos a los trabajadores croatas.

La adhesión de Croacia a la Unión Europea lleva consigo muchas luces y sombras. En caso de que se repitiera un caso parecido a los de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), Zagabria podría convertirse en una bomba a tiempo para el ya afligido sistema europeo.

 

 *Marco Dalla Stella es licenciado en Relaciones Internacionales en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Actualmente es voluntario en México para ENGIM Internazionale y redactor para el sitio italiano de política internacional The Post Internazionale.

 La opinión expresada es exclusivamente del autor y no refleja la opinión institucional del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales o su Programa de Jóvenes

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