Estados Unidos, Shale Gas y el Espejismo de la Independencia Energética

01/02/13

César Augusto Díaz Olin

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Source: nytimes.com via INT’L on Pinterest

Mares de petróleo abundante, de fácil acceso, con una tasa de cambio inferior a dos dólares por barril desde inicios del siglo XX hasta mediados de la década de 1970 en condiciones de abasto continuo y garantizado por las operaciones del Cartel Petrolero Internacional posibilitaron la construcción del american way of life como paradigma de desarrollo económico en Estados Unidos.

El bajo costo de los automóviles, de las viviendas en los centros urbanos y en los suburbios, la edificación de grandes centros corporativos, la electrificación y la construcción masiva de carreteras consolidaron, paulatinamente, el modelo energético sustentando en el principio de consumir como si no hubiera mañana. A la par se afianzaron los intereses económicos de las grandes empresas, desde la General Motors, hasta la Standard Oil, respaldados por el aparato estatal en un proceso de asimilación simbiótica.

Esta convergencia de intereses en torno a la conformación de la matriz energética contribuyó a la imposición del petróleo y del gas natural como los combustibles imperiales que permitieron el progresivo fortalecimiento de las posiciones de privilegio del poder de Estados Unidos en el proceso de acumulación del capital a nivel mundial. Tal como el Reino Unido lo hizo con el carbón durante la Revolución Industrial.

La disposición de enormes cantidades de hidrocarburos y el establecimiento de su explotación comercial desde 1859 posicionaron a Estados Unidos como el epicentro energético y económico mundial. Desde entonces, como ahora, el país es el mayor productor y consumidor de energía en el mundo para satisfacer las necesidades corporativas y para abastecer la creciente demanda del voraz modelo urbano.

El modelo suburbia estadounidense consume el 81% de la demanda final de energía; Estados Unidos presenta el nivel más alto de consumo energético proveniente de las ciudades superando la media internacional estimada en 67%, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Estados Unidos demanda una quinta parte del total de la energía producida a nivel mundial con un consumo per cápita que asciende a 312 millones de Unidades Térmicas Británicas (Btu por sus siglas en inglés), en tanto, el consumo de energía per cápita mundial tan sólo alcanza los 71 millones de Btu.

El ascenso rampante del consumo energético con precios deprimidos y con disponibilidad inmediata provocó que el despilfarro en la utilización de los recursos se convirtiera en característica permanente del modelo urbano estadounidense.

Este esquema de consumo energético se moldeó a la par de la disponibilidad del petróleo y del gas natural que rápidamente desplazaron al carbón como el combustible dominante en su matriz energética. Pero sin duda, el bajo costo de la energía terminó por acelerar su demanda hasta el punto de convertir al petróleo en la piedra angular del sistema energético estadounidense. A continuación presentamos una gráfica con la evolución del comportamiento del precio del barril de petróleo en Estados Unidos entre 1900 y 2011, variable esencial de su política energética.

Fuente: Elaboracion propia con datos Energy Information Administration, US Department of Energy 2012

La gráfica anterior muestra los niveles extraordinariamente bajos del precio del barril de petróleo que, aunado a la flexibilidad en su uso desde combustible para el sector transporte, hasta su transformación en bienes petroquímicos contribuyeron a la curva ascendente de la demanda. Por tal motivo, desde el inicio de su explotación comercial, el consumo de petróleo y de sus derivados se ha incrementado constantemente.

El petróleo domina la matriz energética y con él, el gas natural y el carbón. Actualmente, éstos combustibles fósiles concentran el 81% del uso primario de energía, de los cuales, el petróleo representa el 36%, el gas natural 25% y el carbón 20%. En contraste, el conjunto de energías renovables aportan el 9% y la núcleo-electricidad el restante 8%. De tal manera, más de un siglo y medio perfilaron la aparición de la economía de los hidrocarburos en torno a la máxima disponibilidad doméstica de los recursos. En la siguiente gráfica se muestra la composición de la mezcla energética estadounidense entre 1950 y 2011.

Fuente: Energy Information Administration, US Department of Energy 2012

En la gráfica anterior se observa al ascenso acelerado de los combustibles fósiles en el consumo de energía. Del total de la demanda energética estadounidense el 80% es cubierta por producción doméstica. La producción interna de energía muestra el siguiente comportamiento: los combustibles fósiles representan el 77% del total de la energía producida, de la cual, el 30% corresponde al gas natural, 28% al carbón y 19% al petróleo. Por su parte, el restante 23% corresponde a las energías renovables con 12% y la núcleo electricidad con 11%, según la Administración de Información de Energía del Departamento de Energía de Estados Unidos (EIA/DOE).

Ante tal condición de relativa dependencia energética, los principios de la seguridad en el abasto confiable, continúo y a precios competitivos de los recursos energéticos se convierten en las piezas angulares de la política estadounidense en la materia. Hasta la década de 1970, Estados Unidos cumplía con estas condiciones geoestratégicas; sin embargo, el cenit de la producción doméstica de petróleo a principios de la década, la pérdida progresiva del control internacional sobre las reservas, la producción y el precio por parte del Cartel Petrolero Internacional partir de la década de 1960, la profundización del déficit comercial derivado del inicio de las importaciones petroleras y la continua devaluación del dólar en un ambiente recesivo a lo largo de la década, volcaron al poder estadounidense a aumentar la disponibilidad de la energía como una válvula que mitigara los efectos adversos de la factura energética.

Desde la década de 1970, en materia energética, Estados Unidos ha desplegado una estrategia agresiva para retomar el control sobre sus flujos de abastecimiento y a partir de ello, reconstruir la base de su poder internacional. Esta estrategia la hemos detallado en nuestro estudio titulado Imperialismo, Petróleo y Poder Hegemónico del cual, retomamos los principales dispositivos de su geoestrategia petrolera.

  1. Privilegiar al dólar en los intercambios petroleros internacionales
  2. Respaldar a las empresas petroleras estadounidenses
  3. Expandir la presencia militar y establecer la clientela petrolera
  4. Excluir geopolíticamente
  5. Desarrollar fuentes de suministro fuera de la OPEP
  6. Rechazar la firma de acuerdos internacionales en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
  7. Retrasar el desarrollo de las energías alternativas y;
  8. Aumentar la producción doméstica

Estos dispositivos de la política energética estadounidense revelan su tendencia a forzar la oferta de recursos sobre la reestructuración de los patrones de demanda del modelo suburbia. En cuanto refiere al aumento de la producción doméstica de combustibles fósiles convencionales o no, ésta es uno de los principales componentes de la geoestrategia energética estadounidense.

Para coadyuvar con este postulado geopolítico, el gobierno de Estados Unidos otorga al establishment energético su total respaldo a la continuación de la economía de los hidrocarburos en forma de subsidios, de apertura de zonas federales y con una legislación laxa y flexible en materia regulatoria y de emisiones de gases de efecto invernadero. Todo ello para incrementar la disponibilidad de energía proveniente de estas fuentes.

El interés del gobierno de Estados Unidos de aumentar la disponibilidad doméstica de combustibles fósiles, particularmente, gas natural y petróleo se ha reflejado en el incremento de la actividad exploratoria en fronteras geopolíticas no explotadas debido a su complejidad tecnológica, a su baja rentabilidad o porque los recursos se encontraban en zonas federales.

Tras el cenit de la producción doméstica de petróleo, el establishment energético se ha lanzado a un proceso de búsqueda incesante de nuevos recursos disponibles, desde las guerras de conquista por reservas convencionales de gas natural y petróleo donde quiera que estas se encuentren hasta la apertura de nuevas fronteras geopolíticas en el Círculo Polar Ártico, en las aguas profundas del Golfo de México y en los recursos que yacen en formaciones geológicas denominadas lutitas.

En particular, los avances tecnológicos en la exploración y producción de recursos no convencionales son la pieza clave en el actual panorama energético estadounidense. La posibilidad de acceder a nuevas fuentes adicionales de energía a partir de nuevas técnicas ha cambiado la percepción estadounidense sobre su futuro energético. Sin bien las alarmas sobre la contracción de la producción petrolera y la incertidumbre de satisfacer la demanda de gas natural en el largo plazo colocaron a Estados Unidos en una posición de fragilidad estructural. La explosión de la producción de combustibles no convencionales desde el segundo lustro del siglo XXI ha revitalizado el sueño del establishment de alcanzar la independencia energética y así, fortalecer el poder de Estados Unidos en el sistema internacional.

En el proceso de exploración de combustibles no convencionales, el presidente Barack Hussein Obama ha concedido mayores subastas de zonas federales que en administraciones anteriores, según consigna el analista en temas geoenergéticos Michael T. Klare. En su discurso sobre el Estado de la Unión dirigido ante el Congreso en enero de 2012, el presidente Obama reiteró su compromiso para “abrir más del 75% de nuestros recursos potenciales de gas y petróleo costa fuera”. Además señaló que Estados Unidos posee “suministro suficiente de gas natural para cerca de 100 años y que su administración tomará todas las acciones para desarrollar de manera segura esta energía”.

Desde la perspectiva del presidente de Estados Unidos, “el desarrollo del gas natural creará empleos y energizará caminos y fábricas de una manera más limpia y barata probando que no tenemos que escoger entre nuestro medio ambiente y nuestra economía”. Detrás de esta declaración se encuentra el respaldo a la producción de gas de lutitas (shale gas en inglés) responsable del actual optimismo energético en el país.

Estás reservas potenciales de combustibles no convencionales no fueron desarrolladas en otras etapas debido a que las condiciones de mercado las hacían más costosas que las convencionales. Es decir, el petróleo barato y de fácil acceso inhibió el desarrollo de todo tipo de energía fuera de sus márgenes, el constante aumento del precio del petróleo a lo largo de la primera década del siglo XXI y el pico de la producción se convirtieron en las variables que empujaron a Estados Unidos a explotar potenciales fuentes de energía remanentes en su territorio.

El perfeccionamiento de una revolucionaria técnica de exploración y producción de petróleo y gas natural en formaciones de lutitas desde la década de 1970 son la base del aumento en la producción de petróleo y gas natural en Estados Unidos. Desde 2005, la introducción de la técnica de perforación horizontal y de fracturación hidrológica ha permitido acceder a reservas de hidrocarburos consideradas económicamente inviables hace apenas dos décadas.

La primera evaluación de las reservas potenciales de gas de lutitas en el mundo fue llevada a cabo por el Departamento de Energía de Estados Unidos mediante el estudio denominado World Shale Gas Resources: An Initial Assessment of 14 Regions Outside the United States, donde se identifican las principales regiones con viabilidad de desarrollo de gas de lutitas colocando a Estados Unidos en la segunda posición a nivel mundial tal como se muestra en la siguiente tabla.

 

País

Millones de millones de pies cúbicos de reservas técnicamente recuperables de shale gas[2] Millones de millones de pies cúbicos de reservas convencionales de gas natural[3]
China 1,275 107
Estados Unidos 862 299
Argentina 774 12
México 681 12.5
Sudáfrica 485 N/D
Libia 290 52.8
Argelia 231 159.1
Polonia 187 4.3
Francia 180 N/D
Noruega 83 73.1

 

A la tabla anterior, adicionamos una columna para comparar los volúmenes de gas convencional contra las reservas potenciales de gas de lutitas. En todos los casos, las últimas son superiores a las primeras y, particularmente, el gas de lutitas se encuentra disponible en países altamente dependientes en energía situación que los podría colocar en una mejor condición geopolítica. En particular, para Estados Unidos, la rápida explotación de yacimientos de gas y petróleo no convencionales está en el camino de modificar sustancialmente la geopolítica energética mundial.

Las principales cuencas con recursos potenciales de explotación comercial de shale gas en Estados Unidos son: Barnett[4], Forth Worth, Eagle Ford (todas en Texas), Marcellus[5] (Nueva York, Virginia, Pensilvania y Ohio), Haynesville-Bossier (Luisiana), Bakken (Dakota del Norte y Montana), Fayetteville (Arkansas) y Woodford (Oklahoma). En la siguiente imagen mostramos la distribución de los desarrollos de gas de lutitas a lo largo de Estados Unidos.

Fuente: Energy Information Administration, US Department of Energy 2012

De acuerdo con la perspectiva energética 2012 de ExxonMobil, la producción de gas de lutitas en Estados Unidos pasó de 11% en 2008 a 20% en 2010 para alcanzar 35% del total de la producción de gas natural en 2012, si consideramos que en 2000, la producción de gas de lutitas sólo representaba el 2%. La tasa media de crecimiento de la producción de gas de lutitas presenta niveles extraordinarios.

Tan sólo entre 2005 y 2010 el promedio anual de crecimiento se situó en 45%, según del DOE/EIA. A continuación presentamos una gráfica con la evolución de la producción de gas de lutitas en Estados Unidos entre 1991 y 2012.

Fuente: Elaboración propia con información de Energy Information Administration US Department of Energy 2012

Durante el periodo representado en la gráfica anterior se exhibe un aumento asombroso de la producción de gas lutitas al pasar de 0.75 millones de millones de pies cúbicos diarios a 8.1 millones de millones en 2012. Aún más, si las tendencias presentes continúan, la producción de gas de lutitas podría acercarse al 50% en 2035; esto colocaría Estados Unidos en una posición de exportación neta de gas natural. Este rápido ascenso en la producción de gas no convencional ha conducido a una etapa de precios bajos.

Actualmente, el precio promedio del gas natural asciende a 3.3 dólares cada 1,000 pies cúbicos, el precio más bajo del mundo, comparado con los 11 dólares en Europa y 15 dólares en Asia. Este precio se explica por el aumento de la disponibilidad del gas doméstico proveniente de las formaciones de lutitas. Desde 2008, año en el cual, el precio del petróleo y del gas natural llegaron a sus puntos máximos, el precio del gas natural se ha reducido en 60%.

El bajo costo del gas natural ha servido al establishment energético estadounidense para justificar el incremento de las actividades de exploración y explotación a pesar de las implicaciones ambientales y sociales derivadas de estas acciones. Según el establishment, el bajo precio del gas natural producirá un efecto competitivo y de atracción de capitales para establecerse en Estados Unidos. Ello contribuiría a la creación de empleos y a la superación del estancamiento económico que sufre actualmente el país.

No obstante, el verdadero costo energético del alza en la producción de gas no convencional se factura en la huella de carbono que produce. Por tal motivo resulta esencial el análisis puntual del ciclo de vida del gas de lutitas para verificar su verdadero potencial como energético de transición que coadyuve a que Estados Unidos alcance la tan anhelada independencia energética.

Como señalamos anteriormente, para la extracción rentable del gas no convencional se emplean dos técnicas conocidas como perforación horizontal y fracking o fractura hidráulica. En un principio se localizan a través de estudios tridimensionales de geología potenciales depósitos de lutitas (shale) que es una roca con bajos niveles de permeabilidad. Esta característica impide que el gas se desplace a través de la roca para formar un reservorio de combustible convencional. Las lutitas son rocas donde yace el gas natural atrapado y para su liberación se requiere del proceso de fractura.

La perforación inicia verticalmente y al alcanzar el depósito el tubo cambia de dirección continuando con una perforación horizontal. Esto permite que el yacimiento sea perforado en diversas vertientes cubriendo una extensión mayor. Una vez alcanzado el objetivo, a través del tubo de perforación se activan detonadores con dispositivos explosivos que fracturan la formación.

A esta primera fractura se suma el fracking que consiste en la inyección de agua a alta presión mezclada con químicos y arenas con la finalidad de profundizar las fracturas en la roca y propiciar la liberación del gas atrapado y su flujo hacia el tubo de extracción.

De acuerdo con diversas compañías distribuidoras de fluidos de perforación como Schlumberger, BJ Services, Halliburton, Key Energy Services, RPC y Weatherford International, el fluido está constituido entre un 98 a 99% de agua y arena. Mientras entre el 1% al 2% se compone de aditivos químicos. Entre los químicos empleados en la mezcla se encuentran el acido sulfúrico, benceno, metanol, naftalina, oxido de etileno, inhibidores de corrosión y espesantes. En promedio, el fluido de perforación registra una mezcla de 596 productos químicos.

Ahora bien, el empleo del fracking dentro del proceso general de producción de gas de lutitas siempre genera sismos en la zona donde es utilizado debido a la presión con la que es inyectado el fluido para fracturar las rocas. En promedio, se registran sismos de magnitudes cercanas a los 2º en escala de Richter, según la AIE. Adicionalmente, la exploración y producción de gas no convencional presenta los siguientes retos económicos, ambientales y sociales:

1) Perforación intensiva

Debido a la composición geológica de los depósitos, la baja permeabilidad de las rocas, los niveles de presión y la disponibilidad del gas recuperable hace que los ritmos de producción sean menores en comparación a un reservorio tradicional. Las reservas de gas no convencional se encuentran menos concentradas lo que hace difícil estimar tanto los volúmenes disponibles cómo los niveles de producción.

Para compensar esta incertidumbre sobre los volúmenes económicamente recuperables de gas, los operadores perforan a gran escala pozos de producción. De acuerdo con la AIE, “mientras que en los yacimientos convencionales tierra adentro se requiere de menos de un pozo en un radio de 10 kilómetros cuadrados, los yacimientos no convencionales requieren de más de un pozo por kilómetro cuadrado, en promedio”. Esto implica una mayor densidad de perforación que depende de la concentración del gas y de la dimensión de los depósitos. En consecuencia, se puede afirmar que la producción de gas no convencional es una actividad industrial intensiva.

En las imágenes que presentamos a continuación se muestra sólo una zona de la cuenca productora Barnett en Texas a partir de la cual se puede dimensionar la tasa de perforación, la voraz disponibilidad de agua y tierras que requiere la producción de gas de lutitas en comparación a la situación de la región apenas hace 15 años. Este escenario se repite a lo largo de las cuencas productoras en Estados Unidos.

Fuente: Energy Information Administration 2012

En la imagen de la izquierda se muestra la cuenca Barnett en 1997 cuando la producción de gas lutitas era prácticamente nula, ésta contrasta con la imagen de la derecha que corresponde a la situación actual. Desde 1997 se han completado en la región 15,177 pozos productores de gas no convencional y 679 de petróleo de lutitas. Mientras tanto, en la cuenca Marcellus, los pozos de producción pasaron de sólo 27 en 2005 a 11,544 en 2011, según el Departamento de Energía.

Además, como se observa en la imagen, los yacimientos en proceso de producción se encuentran aledaños a las zonas urbanas lo que contribuye a la aceleración de la contaminación del aire, del suelo y de los afluentes de agua subterránea.

La multiplicidad de los pozos de perforación muestra el volumen intensivo de la explotación en las cuencas productoras a consecuencia de las bajas tasas de recuperación que presentan los yacimientos. De acuerdo con la AIE en su reporte especial sobre gas no convencional titulado Golden Rules for a Golden Age of Gas de 2012, la producción de gas en un pozo convencional puede durar 30 años o más. Para el desarrollo de yacimientos no convencionales, la producción desciende más rápido. El promedio de pérdida de producción en un pozo de gas de lutitas se sitúa entre 50 a 75% en el primer año de desarrollo del yacimiento.

Tanto la producción de petróleo como de gas natural en formaciones geológicas no convencionales descienden extraordinariamente rápido. Lo cual obliga a los operadores a perforar intensivamente. Esta perforación intensiva provoca que los costos de producción aumenten y para que la producción en este tipo de formaciones sea rentable se requiere que el precio del gas natural sea relativamente alto para continuar con el financiamiento de los proyectos de perforación.

Empero, el precio deprimido que presenta el gas natural en estos momentos constituye un serio reto para las empresas energéticas. Ante este escenario, algunas de ellas se han visto en la necesidad de reducir sus proyectos de producción a largo plazo y buscan la producción simultánea de petróleo y gas para compensar el bajo precio comercial de este último.

Esta ventaja económica aparente de los bajos costos del gas natural para Estados Unidos se está convirtiendo un freno potencialmente poderoso para el desarrollo a largo plazo del gas no convencional. Rex Tillerson, CEO de ExxonMobil señaló en octubre de 2012 que con los precios actuales “no estamos haciendo dinero, todo está en números rojos”.

En consecuencia, existe un serio riesgo de que la burbuja del shale gas estalle. Tanto las empresas energéticas como los financieros en Wall Street ven un serio problema de crisis. Actualmente, las empresas energéticas se encuentran endeudadas pues producen más de lo que pueden ganar con el precio del gas natural.

De acuerdo con el rotativo The New York Times, las 50 principales compañías de gas y petróleo han invertido un promedio anual de 126 mil millones de dólares desde 2006 en perforación, adquisiciones de tierras y otros costos de capital para la producción en formaciones de lutitas en Estados Unidos. Este optimismo en el gasto para el desarrollo de shale oil/gas no durará por mucho tiempo.

El estallido potencial de la burbuja especulativa de créditos para el desarrollo de proyectos de shale gas provocará grandes pérdidas a los operadores, pero también, a los principales portafolios de inversión de Goldman Sachs, Barclays y JP Morgan Chase, por mencionar algunos.

Las líneas de crédito otorgas por Wall Street son más cuantiosas que el precio estimado del gas natural para solventar los pasivos en el mediano plazo, construyéndose el proceso de la mega burbuja de los activos shale. La perforación masiva demanda de altas inversiones de capital, si el precio continua tan bajo Estados Unidos tendrá un duro despertar en su idílico camino hacia la independencia energética.

Pues la etapa de perforación demanda la mayor parte de los costos producción de un proyecto de desarrollo de gas de lutitas. Estos costos varían según la profundidad del depósito potencial, de la ubicación geográfica, de la presión estimada del pozo y de las condiciones de la infraestructura. Más la operación de la torre de perforación, los servicios asociados a ésta y al fracking.

Con la estimación de estas variables, la AIE señala que los costos de perforación de gas de lutitas en la cuenca Barnett, en Texas, promedian 4 millones de dólares; en la cuenca Marcellus los costos se sitúan en una banda entre los 2.3 a 4 millones de dólares. Mientras los costos en la cuenca Haynesville-Bossier en Luisiana ascienden a 8 millones de dólares. Estos costos pueden aumentar al requerirse de más servicios especializados de perforación en comparación a un yacimiento tradicional.

Ahora bien, el ritmo intensivo de la perforación para producir gas de lutitas nos lleva a una segunda implicación.

2) Uso de agua en el proceso de fracking

Al ser una actividad de perforación intensiva, el uso de agua también enfrenta sus propias problemáticas. En promedio, cada pozo puede requerir de la técnica de fracking entre 10 y 20 veces durante el proceso de producción. De acuerdo con la AIE, cada pozo durante el proceso de fractura hidráulica, puede requerir entre 7,500 a 20,000 metros cúbicos de agua. Lo cual significa que, de este monto, entre 150 a 400 metros cúbicos corresponden a componentes químicos.

Si bien algunos de los químicos del fluido de perforación son dados a conocer por las empresas prestadoras de servicios, éstas se reservan el derecho de publicar, en su totalidad, la mezcla que abastecen a los operadores y, es que se ha comprobado que el fluido contiene agentes cancerígenos y radioactivos, los cuales, por su composición, resulta prácticamente imposible reutilizar para consumo humano.

El fluido recuperado es, por mucho, inferior a lo inyectado inicialmente para ser reutilizado en el fracking del mismo pozo más adelante. De hecho, sólo se recuperan volúmenes que oscilan entre el 20 y el 50% del fluido inyectado, de acuerdo con la AIE. El resto permanecerá en el subsuelo lo que multiplica el riesgo de contaminación de los cuerpos de agua.

Adicionado al evidente riesgo de contaminación del agua subterránea con el fluido de perforación se encuentra la abierta competencia que la producción de gas de lutitas abre entorno a la disponibilidad del liquido para el consumo humano. De acuerdo con los operadores, esta competencia no existe debido a que el fluido de perforación es reutilizado. Sin embargo, como la evidencia demuestra, los volúmenes recuperados son inferiores para mantener los ritmos de producción y, la demanda de agua aumentará conforme se mantenga el actual ritmo de perforación en Estados Unidos.

De esta manera, la AIE señala que el monto de agua requerido para la producción de shale gas calculado por unidad de energía producida es mayor que en la producción de gas convencional. Por si fuera poco, aunado a la contaminación del agua producto de la mezcla de perforación, encontramos que, en las cercanías de los pozos productores el agua es contaminada con altos niveles de metano filtrado desde el yacimiento.

En la cuenca Marcellus, en la porción que corresponde al Estado de Pennsylvania se encuentra que en los poblados aledaños a los centros de producción de gas de lulitas el agua del servicio público que fluye a través de las tuberías se ha convertido en un elemento altamente inflamable. Situación que ha provocado la conformación de importantes grupos sociales de oposición a la producción de gas natural en la región.

En este sentido, los operadores no dudan en recurrir a todas las tácticas de presión y/o propaganda para disuadir a la población de los altos niveles de seguridad con que opera la producción de gas de lutitas. En Pennsylvania, Estado con unos de los grupos más vigorosos de oposición al fracking se vive una situación de extrema tensión derivada de la intimidación que los operadores ejercen sobre los grupos opositores.

De acuerdo con el rotativo Pittsburgh Post-Gazett, en la cuenca Marcellus las empresas energéticas dedicadas a la explotación del gas de lutitas están contratando a ex oficiales militares expertos en contrainsurgencia que recomiendan el uso de operaciones psicológicas o de espionaje para lidiar con la ciudadanía opositora a la perforación en las comunidades de Pennsylvania; y es que la cuenca Marcellus es el reservorio de la mayor parte de los recursos potenciales de gas de lutitas en Estados Unidos. De ahí el alto interés de los operadores de desactivar a las organizaciones sociales que rechazan la perforación de hidrocarburos en sus comunidades.

Por su fuera poco, la producción de gas de lutitas cuenta con otro factor desestabilizante, lo cual nos lleva a una tercera implicación:

3) Contaminación del aire

Según un estudio de la National Oceanic and Atmospheric Administration y la Universidad de Colorado, las fugas de metano[6] son potencialmente altas en las inmediaciones de los pozos productores de gas y petróleo de lutitas.

El estudio consistió en la medición de las diferentes concentraciones de contaminantes en la atmosfera cercana a los yacimientos de gas y petróleo de lutitas en el Estado de Utah. Según resultados preliminares presentados en diciembre de 2012 en el marco del coloquio de la Unión Americana de Geofísica, los pozos de shale gas dejarían escapar 9% de metano durante el proceso de producción.

Esta proporción es tres veces superior al valor estimado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos que en 2009 señaló que el gas metano venteado equivalía al 2.4%. Si bien este estudio se reduce a una porción de pozos productores en Utah podría esperarse que esta situación se repita a lo largo de las cuencas productoras en Estados Unidos.

Además de las fugas y del venteo de metano en el proceso de preparación del yacimiento se adiciona el problema de la contaminación de los equipos de perforación. Prácticamente todos los instrumentos de perforación, desde la torre, las maquinas de inyección de fluido y la iluminación artificial son abastecidas por diesel que operan las 24 horas al día más los movimientos de camiones necesarios para abastecer al complejo productor del agua, del fluido de fracturación y para transportar el recurso producido. Esto nos lleva a una cuarta implicación.

4) Modificación del entorno

La preparación de un yacimiento productor de gas natural de lutitas implica la construcción de carreteras que sirvan al tránsito y suministro de insumos para el desarrollo del pozo. La mayor parte de los abastos y del recurso producido llega al complejo a través de camiones cisterna, lo cual, incrementa el tránsito vehicular en la zona.

Una vez identificado el pozo productor se construyen las torres de perforación, los depósitos de almacenaje del fluido de perforación y del gas producido, así como, las piscinas artificiales que contienen la mezcla química recuperada del proceso de fracking. En la siguiente imagen perteneciente a la cuenca Haynesville-Bossier se pude observar la transformación del medio.

Fuente: Michael Stravato para The New York Times 2012

Para el despliegue de la infraestructura necesaria para la producción de gas no convencional se requieren, en promedio, 16 hectáreas situación que entraña una transformación profunda del paisaje considerando que una parte importante de las reservas potenciales se encuentran en zonas federales donde la infraestructura es nula. Además existe fuerte interés en construir múltiples gasoductos que transporten el gas producido hasta los centros de consumo lo que contribuirá aún más a la modificación del entorno.

De esta manera, el proceso industrial de producción de gas natural de lutitas es intensivo en agua y en tierras con un potencial mayor de emisiones de gases de efecto invernadero durante todo su ciclo de vida. Por ello se considera que este combustible impone una huella ambiental mayor que el desarrollo de proyectos de gas convencional y, al menos, igual a la producción de carbón.

La carta geopolítica

Pese a estas implicaciones ambientales y sociales, el optimismo sobre el futuro energético estadounidense permanece. El establishment energético continúa con su ambicioso portafolio de inversión en proyectos de gas natural no convencional. Desde su perspectiva, están contribuyendo al anhelado objetivo de la independencia energética perseguido desde la administración de Richard Nixon.

Para alcanzar esta objetivo no dudan en recurrir a las estrategias de propaganda para justificar la producción de shale gas y situarlo como el combustible limpio de la transición energética que impulsará a Estados Unidos a dominar la producción mundial de energía en el siglo XXI.

Según la AIE hacia 2035, Estados Unidos será autosuficiente en abasto energético gracias, en mayor medida, a la producción de gas natural y petróleo de lutitas. Esta situación incentiva al establishment energético estadounidense a continuar con la explotación de gas no convencional y no dejan de señalar que la producción de este combustible es segura. Al respecto, Rex Tillerson señaló que “las perforaciones se llevan a cabo en un nivel de seguridad realista” pero la multiplicidad de los pozos tiene una mayor propensión de presentar un black swan event[7].

La empresa de Rex Tillerson, ExxonMobil administra uno de los planes de negocios más ambiciosos de producción de shale gas en Estados Unidos. Al respecto, Tillerson afirmó que “la economía mundial tiene un apetito voraz por la energía, así que gracias a Dios que podemos hacer esto”, respecto a la técnica de fractura hidráulica para la producción de gas natural.

La participación de las grandes empresas en el desarrollo de los yacimientos de gas no convencional es particularmente interesante. Tras el inicio del boom del shale gas desde 2005 se ha ido consolidando un proceso de concentración de la técnica y de la práctica de producción en un pequeño grupo de empresas.

Las pequeñas empresas energéticas como Anadarko Petroleum, Cabot Oil and Gas, Chesapeake Energy, Noble Energy y Talisman Energy eran las principales operadoras y explotadoras de los recursos no convencionales, las cuales, cuentan con larga experiencia en el uso de la perforación horizontal y del fracking. Ahora, estas compañías se han fusionado con las grandes empresas energéticas.

Por ejemplo, XTO Energy ha sido adquirida por ExxonMobil (en 2010) y Atlas Energy por Chevron (en 2011) sólo por mencionar a las más representativas. Estos movimientos corporativos tienen el objetivo de monopolizar la técnica de producción; hecho de suma relevancia geopolítica si tomamos en cuenta que Estados Unidos es el epicentro de la producción mundial de gas no convencional con poco más del 75%.

Ante tal circunstancia, las empresas energéticas estadounidenses concentran el know how del shale gas para asegurarse una participación atractiva en el desarrollo internacional de yacimientos no convencionales de gas natural. Pues cómo señalan las previsiones de la AIE la producción mundial de gas natural proveniente de depósitos no convencionales pasará de 14% al 32% en 2035.

Esto se convierte en una nueva apuesta para las grandes compañías energéticas estadounidenses de controlar un parte importante del mercado de gas natural en los años por venir.

La ventaja geoestratégica de las compañías estadounidenses en la producción de gas natural no convencional coloca a los países con potenciales reservas de gas de lutitas en un circulo de presión para la apertura estás. Desde el gobierno de Estados Unidos se incentiva la producción mundial de gas no convencional, no sólo para favorecer a sus empresas energéticas, sino también, para disminuir el poder relativo de sus principales competidores en la escena económica mundial.

Por ejemplo, existe fuerte interés del gobierno estadounidense en que Polonia, (la potencial 8º reserva mundial y la 1º en Europa) desarrolle sus recursos de shale gas. En aquel país, Chevron y ExxonMobil son las principales interesadas en explotar los recursos polacos; incluso el mega especulador, George Soros ha invertido 500 millones de dólares en proyectos no convencionales en Polonia.

Esta situación, aunada al esperado inicio de las exportaciones de gas natural desde Estados Unidos en 2015 estaría dirigida a minar la influencia rusa en el suministro de energía a la Unión Europea. Esta teoría exportadora de Estados Unidos se mantendrá sólo si el precio del gas natural continúa alto en Europa y Asia.

En este sentido, las empresas estadounidenses que se habían adelantado en la construcción de instalaciones de recepción de gas natural licuado de importación se apresuran a reinvertir su capital para reconfigurar las centrales de regasificación a licuefacción para su exportación desde California y el Golfo de México.

Esta estrategia está diseñada a crear la imagen tanto interna como internacional de que en Estados Unidos el costo de la energía será el más bajo que en cualquier país industrializado y con ello, se encontraría en posición de potencializar las ventajas estratégicas sobre sus competidores económicos.

Con esta postura, Estados Unidos fomenta su liderazgo en la producción de combustibles fósiles no convencionales para influenciar el desarrollo internacional de estos recursos. Con ello, el país pretende estandarizar la práctica y la técnica de producción que obligue al resto de países dependientes tecnológicamente a colaborar en materia regulatoria y de operación en condiciones que beneficien a las empresas estadounidenses del sector.

Estados Unidos también tiene interés en los recursos de México, potencial cuarta reserva mundial. De acuerdo con el think tank Stratfor, la cooperación energética entre México y el Estado de Texas se incrementará mientras México se convierta en un mercado para el shale gas a través de las cuencas cercanas a la frontera, pues se ha comprobado que México comparte la formación Eagle Ford en sus Estados del norte.

Las cuencas de interés para Estados Unidos en México se encuentran en: Burgos (Formación Eagle Ford), Sabinas, Tampico, Tuxpan y Veracruz (Formación Maltrata). Durante 2011, Petróleos Mexicanos (PEMEX) desarrolló su primer pozo exploratorio denominado Emergente 1 en la cuenca de Burgos (Estado de Coahuila), en mayo de ese año, PEMEX produjo 84,000 metros cúbicos de gas de lutitas al día. De acuerdo con información de la Secretaria de Energía, se estima un aumento general de la producción de hidrocarburos en el país con especial desarrollo de yacimientos de gas de lutitas.

Sin embargo, la Comisión Nacional de Hidrocarburos prevé que empresas privadas participen en la exploración y producción de shale gas en México, pues PEMEX considera que el desarrollo de este tipo de proyectos entraña una baja rentabilidad optando sólo por el financiamiento de proyectos petroleros.

En consonancia, el ex Subsecretario de Hidrocarburos, Mario Gabriel Budebo, de la pasada administración, en el marco del Segundo Foro Internacional: “Perspectivas Económicas y Empresariales de las industrias de Gas y Aceite de lutitas, celebrado en Octubre de 2012 en la Secretaria de Relaciones Exteriores señaló:” Dados los altos requerimientos de ejecución, la enorme cantidad de inversiones y la baja rentabilidad petrolera asociada a los recursos en shale, es necesaria la revisión y, en su caso, reforma del marco normativo vigente que permita una mayor participación de empresas en la explotación de este tipo de yacimientos”.

Ante tal circunstancia no será extraño presenciar en el país una fuerte actividad de empresas energéticas estadounidenses en el sector del gas no convencional en México pues la visión de la presente administración no dista mucho de esta postura conforme se acerque la discusión sobre la segunda reforma energética programada para el segundo semestre del 2013, según la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

Otro de los frentes donde las empresas estadounidenses muestran gran interés es Argentina, la tercera reserva potencial. En este caso, la importación del expertise a través de la participación de ChevronTexaco en la provincia de Neuquén para desarrollar la rica cuenca de Vaca Muerta se ha convertido en unos de los principales objetivos corporativos.

De este modo, para el establishment estadounidense, la revolución del shale gas reforzará el poder y la influencia de Estados Unidos durante la primera mitad del presente siglo. Esto representara una oportunidad para redistribuir el poder en el mapa energético mundial desplazando a los mega abastecedores de energía como Rusia, Arabia Saudita y Venezuela como señala el Council on Foreign Relations.

A la par, mientras Estados Unidos refuerza su protagonismo en los mercados energéticos mundiales. También lo hará en el resto de la escena económica, pues desde el punto de vista de los defensores de la supremacía estadounidense, la presente revolución del shale gas disminuirá las importaciones energéticas y con ello, aliviará la carga de la factura energética que representa cerca de la mitad del déficit comercial. Ante tal condición, se podría fortalecer el dólar y, de esta manera, contribuir al reposicionamiento internacional de Estados Unidos.

Empero, está aspiración difícilmente podrá concretarse, las implicaciones ambientales y sociales serán los limites estructurales de la producción de gas de lutitas. Además, desde el establishment de los hidrocarburos se construye una conspiración contra el desarrollo de las energías alternativas al privilegiar la producción de combustibles no convencionales. La bonanza de la producción del shale gas conducirá a Estados Unidos a una nueva etapa de relajamiento en el largo camino de la transición energética y de la restructuración de la demanda del modelo suburbia; dejando sin resolver las trastornantes consecuencias del cambio climático derivado de la producción y consumo de energías fósiles.

La apuesta energética estadounidense y, por tanto, su carta geopolítica están cimentadas en la explotación de un recurso no renovable que en el largo plazo es insostenible. La evidencia empírica señala que Estados Unidos se acercará primero al estallido de la burbuja del shale gas que a alcanzar su independencia energética.

El frenesí desatado por la posibilidad de acceder a la independencia energética a través de la maximización de la producción doméstica de combustibles fósiles, en particular, de petróleo y gas de lutitas está dando importantes señales de dislocación económica y ambiental.

Finalmente, el desarrollo de los yacimientos de gas de lutitas como respuesta a la creciente demanda y a las necesidades de seguridad en el abasto para la dinámica del capital corporativo, es una solución parcial que construye el espejismo de la independencia energética para perpetuar la economía de las hidrocarburos a costa de la exacerbación de las variables ambientales y sociales que continuarán poniendo en riesgo la viabilidad de la sociedad capitalista y la acercan cada vez más al caos civilizatorio.

 

Fuentes consultadas


[2] Energy Information Administration, US Department of Energy, World Shale Gas Resources: An Initial Assessment of 14 Regions Outside the United States

[3] British Petroleum Statistical Review of World Energy 2012

[4] Actualmente, la cuenca Barnett es la fuente principal de la producción de gas de lutitas en Estados Unidos, en segundo sitio se encuentra la formación Haynesville-Bossier.

[5] La cuenca Marcellus contiene el mayor potencial de reservas gas de lutitas del país. Ésta tiene una extensión de 246,000 kilómetros cuadrados. De acuerdo con el Departamento de Energía, esta cuenca puede ser el reservorio de 141 millones de millones de pies cúbicos.

[6] El factor de contaminación del metano es 21 superior al carbono

[7] Recordemos que la misma retorica fue empleada para justificar la producción de gas natural y petróleo en las aguas profundas del Golfo de México para señalar la baja probabilidad de un accidente y resaltar los altos niveles de seguridad. Esta situación cambió tras el estallido de la plataforma y la pérdida del yacimiento Macondo de British Petroleum en marzo de 2010.

 

César Augusto Díaz Olin es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México graduado con honores con la tesis Imperialismo, Petróleo y Poder Hegemónico. El Lic. Díaz Olin es especialista en temas geoenergéticos y se desempeñó en el servicio público en la Secretaria de Energía.

La opinión expresada es exclusivamente del autor y no refleja la opinión institucional del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales o su Programa de Jóvenes

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