El ascenso de la democracia en Brasil

18/07/13

Mathilde Tisserand

153Manifestaciones empezaron en Brasil el 06 de Junio, primero por causa de un aumento del precio del transporte público y luego por el descontento de la población brasileña por otros asuntos: corrupción, gasto público, inflación, mala calidad de vida etc. Estos eventos ponen en riesgo la estabilidad del país – primera potencia de América Latina – en el cual el pueblo no se había levantado así para protestar en contra del gobierno desde 1992, cuando exigió la destitución del Presidente Fernando Collor del Mello.

En efecto,  los brasileños empezaron a salir en las calles en la capital del país, Sao Paulo, para manifestar su vivo descontento en contra de la decisión del gobierno que había decidido incrementar el precio del boleto de autobús y del metro de 3 reales hasta 3.20 (MXN$18.20) – cuando la tarifa del transporte público en Brasil ya es unas de las más caras del mundo.

Como consecuencia, miles se movilizaron, especialmente bajo las redes sociales y el Movimiento “Passe Livre” (Pase Libre) que lucha para un servicio de transporte público gratuito. A través de estas primeras manifestaciones en las grandes ciudades del país, los brasileños rechazaron el aumento ya que el servicio  es malo e insuficiente (autobuses en mal estado, paradas no respetadas, mala conducta al volante etc).

Al principio, todo era pacífico. Sin embargo, las manifestaciones cambiaron de papel el 13 de Junio cuando la policía intervino de manera brutal, utilizando balas de goma, gas lacrimógeno así como gas pimienta para hacer frente a los manifestantes en Sao Paulo, sin razón particular para justificar sus acciones. En consecuencia, cerca de cien personas fueron heridas y muchos otros detenidos.

A partir de ahí, y sobre todo desde el 17 de junio, el movimiento se transformó en uno aún más fuerte, reuniendo más grupos sociales que se unieron bajo el eslogan “Queremos cambiar a Brasil” para exigir más del gobierno: lucha contra la corrupción y la impunidad, reducción del gasto público, control de la inflación, mejor servicio de transporte público así como  mejor inversión en el sector de la salud y de la educación. Así por ejemplo, los brasileños se quejan que Brasil ya gastó 7 billones de reales para la construcción de los estadios – lo que representaba 3 veces más dinero que por la Copa del Mundo en África del Sur hace 4 años – cuando todavía falta más de la mitad que construir.

El 18 de Junio, el gobierno cedió en parte y canceló el aumento del precio del transporte público, pero los brasileños siguieron en las calles. El 20 de Junio, más de un millón de personas manifestaron en las calles. La presidenta del país, Dilma Rousseff, anunció que estaba orgullosa de su pueblo por salir a las calles para salvar la democracia, lo que casi no se había hecho desde el fin de la dictadura militar en 1985. Según ella, “el tamaño de la manifestación (…) es una evidencia del fortalecimiento de nuestra democracia”. El 25 de Junio, el Congreso hizo un nuevo paso adelante y votó una ley – que había sido rechazada el año pasado – para dedicar tres cuartos de las regalías de los nuevos yacimientos de petróleo para los sectores de salud y educación, y rechazó abrumadoramente la Propuesta de Enmienda Constitucional, conocida como la “ley de impunidad”, que hubiera puesto frenos a la Fiscalía para investigar a los políticos acusados de corrupción. Asimismo, al día siguiente, el Tribunal Supremo Federal decretó la prisión para el diputado Natan Donadon, haciéndole el primer diputado preso en Brasil desde 1974.

A fin de seguir complaciendo a sus ciudadanos, la presidenta se reunió con los alcaldes y gobernadores importantes del país para proponer un pacto nacional. En este último, la Sra Rousseff propuso desarrollar 5 puntos para mejorar la situación de Brasil: crear una Asamblea Constituyente para fomentar reformas políticas; hacer de la corrupción un delito;  invertir 50 billones de reales en el transporte público; invertir más en el sector de la salud y de la educación; y reiterar la importancia de la responsabilidad fiscal así como el control de la inflación. Más particularmente, prometió más doctores en las aéreas pobres, aumentar el número de doctores del extranjero para alimentar la demanda y crecer el número de médicos graduados.

Además, propuso organizar un plebiscito sobre el financiamiento de las campañas electorales así como el sistema de votación en vigor. Según el ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), este proyecto “tiene el mérito de sacar del punto muerto esta situación que está en debate desde varios años”. En respuesta, el 04 de Julio, los líderes de la coalición de la presidenta se pusieron de acuerdo para organizar el plebiscito pero no este año, sino el año próximo para que sea efectivo a partir de 2016.

La imagen de la presidenta se desplomó desde el inicio de las manifestaciones. Según una encuesta de Datafolha, su popularidad bajó de 27 puntos, pasando de 57% a 30% de opiniones favorables. 81% de los entrevistados están en favor de las manifestaciones, otros 30% piensan que el gobierno es “bueno” cuando 57% lo pensaban tres semanas antes del inicio de las protestas. Un problema mayor para la presidenta de Brasil es que aún cuando escuchó las reivindicaciones del pueblo, no contestó realmente a lo que más preocupa a los brasileños, es decir, la política económica. En efecto, como consecuencia de la inflación, el poder de consumo ya no crece, lo que provoca el descontento y miedo de las clases medias que representan más de 40 millones de personas en el país. Según una encuesta, 38% de los brasileños piensan que su poder de consumo está bajando (en comparación con 25% el año pasado) Y 44% piensan que la tasa de desempleo subirá.

Muchas reformas tienen que desarrollarse para regresar a la estabilidad del país. A pesar de las concesiones del Gobierno y del Congreso, las manifestaciones siguen hasta la fecha, aunque en un número más reducido. Esta etapa marca un momento difícil para la presidenta Rousseff quién anunció hace poco que iba a intentar seguir un segundo mandato presidencial. Tendrá que vigilar a los otros candidatos que ahora tienen más probabilidades para las próximas elecciones presidenciales en 2014.

 

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