Corea del Norte: retórica vs amenaza real

16/04/13

Frania Duarte*

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Kim Young-un. Imagen de KCNA/Reuters

Desde hace un par de semanas han surgido preocupaciones por la retórica beligerante que Corea del Norte ha dirigido contra Corea del Sur y Estados Unidos. Al respecto, hay quienes se preguntan si nos encontramos ante el comienzo de una nueva guerra, ya que las acciones que ha emprendido el joven líder norcoreano, Kim Young-un, sobre anular el armisticio de 1953, suspender las actividades del complejo industrial Kaesong y declararse en estado de guerra contra Corea del Sur, no tienen precedente en la diplomacia reciente de su país. Sin embargo, hay otros tantos que señalan –y la presente autora se suma a esta opinión– que el actual comportamiento hostil de Kim Yong-un es un medio para legitimar su poder.

La retórica beligerante norcoreana no es reciente, sino que se remonta a la década de los ’60, en parte para legitimarse al interior, en parte para no parecer débil e intentar ganar respeto entre sus vecinos, especialmente Corea del Sur. Ha desafiado a estos países a través de pruebas de misiles y ensayos nucleares, pero nunca ha ido más allá. De hecho, Victor Cha, director del departamento de Estudios Asiáticos de la Universidad de Georgetown, recuerda que Corea del Norte ha llevado a cabo este tipo de provocaciones militares cada vez que ha habido un cambio de presidente en Corea del Sur, justo como sucedió el pasado 25 de febrero. Aunado a esto, tampoco hay que olvidar que Corea del Norte ha respondido de manera similar cada vez que Estados Unidos y Corea del Sur llevan a cabo ejercicios militares conjuntos, los cuales considera como movimientos preparatorios para una invasión. Pero hoy este comportamiento hostil se vuelve aún más imprescindible para Kim Jong-un, quien en diciembre acaba de cumplir un año en el poder, apenas ronda los 30 años de edad, carece de experiencia para liderar su país y aún no se gana el respecto de la guardia militar norcoreana, por lo que busca formarse una imagen de líder militar.

Pero aún cuando estos antecedentes lleven a descartar la posibilidad de que realmente se desate una guerra, no se desecha la idea de que el régimen norcoreano pudiera intensificar sus provocaciones, tal y como ocurrió en marzo de 2010, al hundir un barco de guerra surcoreano, o que pudiera probar algún misil o practicar un ensayo nuclear para demostrar su poderío militar. Desde luego, no está por demás estar preparado para lo que pudiera ocurrir ya que, en 1950, una retórica y acciones similares desencadenaron la Guerra de Corea. Además, en el contexto actual de un “estado de guerra” anunciado por Corea del Norte, es menester que Corea del Sur, Estados Unidos y Japón se preparen para responder.

Sin embargo, la retórica beligerante es una cosa y hacer la guerra otra, particularmente en un contexto en el que Corea del Norte tendría más que perder que ganar. En primer lugar están las capacidades militares. Es innegable que Corea del Norte posee misiles, pero éstos son de corto y mediano alcance, por lo que únicamente pueden llegar a Japón. Y a pesar de que la semana pasada Estados Unidos admitiera, a raíz de un informe de inteligencia elaborado por el Pentágono, que Pyongyang pudiera tener misiles nucleares, no se descarta la posibilidad de que su alcance sea igualmente corto –aunque esto no es, desde luego, un alivio para Corea del Sur y Japón. Por otro lado, a pesar de que el ejército norcoreano cuenta con mayor número de elementos (1.1 millones de soldados y 4 millones de reservistas) en comparación con el surcoreano (700 mil soldados y 4.5 millones de reservistas), a éste último se sumaría el apoyo de soldados y marines estadunidenses (aproximadamente 30 mil). Además, si bien Corea del Norte tiene mayor cantidad de equipo militar terrestre y aéreo que su vecino del sur (alrededor de 4,200 tanques y 820 cazas vs. 2,400 tanques y 460 cazas, respectivamente), lo cierto es que sus tanques no son tan modernos y tampoco podría poner a volar a todos sus aviones –y los que lo hicieren no podrían hacerlo por tiempo prolongado– porque carece de combustible suficiente. Todo esto lleva a concluir que los norcoreanos tendrían capacidad de ataque, pero no para contra atacar.

En segundo lugar está el respaldo y apoyo que los países darían a uno u otro bando. Corea del Norte es un país que poco a poco ha sido aislado por la comunidad internacional a raíz del desarrollo de su programa nuclear. Incluso desde 2009, China y Rusia, sus aliados, han apoyado las sanciones que en su contra se han dictado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, de manera particular, China ha estado trabajando estas últimas semanas de la mano de Estados Unidos para presionarlo a bajar el tono de sus provocaciones y conminarlo a alcanzar una solución pacífica con Corea del Sur. Y, en caso de iniciarse la guerra, Corea del Norte no contaría con ningún apoyo externo, mientras que Corea del Sur sería ayudado por Estados Unidos.

En tercer lugar están las necesidades de Corea del Norte. Aunque para algunos resulte increíble, lo que este país ha deseado desde hace mucho tiempo es tener una relación cordial y sólida con Estados Unidos, ya que así parecería menos débil en su región. Además, siendo un país con problemas sociales (vgr. hambre), sin producción significativa de recursos energéticos (particularmente petróleo, cuya producción en 2001 fue nula y carece de reservas probadas) y objeto de sanciones económicas, Corea del Norte busca satisfacer sus necesidades desde el exterior. Es por eso que el otrora miembro del “eje del mal” busca atraer, a través de la diplomacia nuclear, a países como Estados Unidos a la mesa de negociación. Sin embargo, una solución pronta se antoja difícil ya que una de las peticiones de éste es que Corea del Norte abandone su programa nuclear, a lo cual se rehúsa.

Así las cosas, la tensión provocada por Corea del Norte quizá sea efímera, como en otras tantas ocasiones. Ojalá Kim Jong-un no se deje invadir por la paranoia de que Corea del Sur y Estados Unidos pretenden invadirlo y, en cambio, sea consciente de que una conflagración sería un suicidio para su país. Y si, como se ha llegado a especular, está siendo aconsejado por militares y altos funcionarios muy cercanos a su difunto padre, quizá le estén ayudando a crearse la imagen de líder militar que éste y su abuelo, el fundador de su país, tuvieron y que necesita –junto con otra serie de conocimientos– para dar continuidad a su estrategia de diplomacia militar y, desde luego, a su régimen.

 

*Frania Duarte es asistente de investigación en el área de estudios estratégicos del Centro de Investigaciones Sobre América del Norte, profesora adjunta en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y colaboradora en Revista Cuadrivio. @franiadu

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