Israel – Palestina ¿Israstina?

11/12/12

Logan Sandoval

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Palestina

Tratar de entender el llamado “conflicto en Medio Oriente” sin conocer sobre el mandato británico en Palestina, el Comité Especial de Naciones Unidas sobre Palestina, la determinación para dividir el territorio en dos Estados, la guerra tras la independencia de Israel, la guerra de los seis días, los Acuerdos de Oslo y el Acuerdo Económico de Paris es prácticamente imposible. Asimismo lo es, hablar de todo ello en un documento como este. Después de 65 años de negación, de 45 años de ocupación y 20 años de intentos fallidos para alcanzar la paz; la semana antepasada, la Asamblea General (AG) de las Naciones Unidas votó, de manera aplastante, el cambio de estatus de la Autoridad Palestina. Esta pasó de ser considerada una “entidad” a un “estado no miembro”; incluso con una clara oposición de Estados Unidos e Israel. La noticia resonó en todos los rincones del planeta. Los noticieros vendían la historia histórica porque Palestina daba un paso más para formar parte de la comunidad de naciones. Lo sucedido el jueves 29 de noviembre es sumamente interesante y también irónico. Este hecho es el mejor ejemplo de los contrastes que la historia le puede deparar a un territorio y a una nación.

Hace poco me regalaron unos libros, entre ellos se encontraban Pensar el siglo XX de Tony Judt y La invención de la soledad de Paul Auster. La verdad es que conocía muy poco de los autores y fue hasta que comencé a leer sus libros que me enteré que ambos provenían de familias judías. Estos dos autores nos hablan del siglo XX a partir de la historia de sus vidas y las de sus familias. Y se preguntaran que tienen que ver estos dos autores con Palestina. Muy poco para ser sincero. Sin embargo, la relación se encuentra en que en la vida de ambos autores, por azares del destino, ellos mencionan que alguno de sus parientes se fue o regresó de Palestina. Comentarios que podrían ser notas a pie de página me parecieron relevantes en el contexto de nuestros días, porque dos autores de familias judías (poco practicantes), una asentada en los Estados Unidos y la otra en Inglaterra, relatan de la manera más común sobre la existencia de un lugar llamado y reconocido como Palestina. Al leer estos fragmentos, al escuchar en las noticias sobre el renaciente conflicto en la franja de Gaza y al saber que Mahmud Abbas volvería a la AG de la ONU a buscar el reconocimiento de Palestina como Estado no miembro, no pude dejar de preguntarme en que momento se hizo tan difícil el reconocer a Palestina y la respuesta son en cada uno de los casi 24,000 días que la comunidad internacional le ha negado ese estatus y en los 45 años de ocupación que han ido consumiendo al territorio y llevándolo hacia su extinción.

Durante todo este tiempo, la narrativa de los medios internacionales tampoco ha sido de mucha ayuda para el reconocimiento y la concientización de que debería existir un Estado Palestino. El peor momento para tratar de comprender un conflicto político es en medio de una confrontación militar y en la mayoría de los casos los medios internacionales postran su mirada sobre Palestina solo cuando las hostilidades vuelven. Las explicaciones, si bien hacen mención a un conflicto latente, se limitan condiciones inmediatistas, como es el caso del asesinato Ahmed Yabari hace algunas semanas. Esta narrativa deja al margen la verdadera problemática que se vive en la región y presenta un conflicto entre dos entes con capacidad de entrar en un conflicto armado en condiciones casi pares. Cualquier conflicto armado es devastador y debe intentar evitarse a toda costa. Por ello es que los conflictos deben ser atacados, entendidos y estudiados desde sus orígenes, no desde sus consecuencias. Las poblaciones en los territorios de Gaza y Cisjordania se enfrentan todos los días a una violencia estructural que merma la capacidad de conformación de un estado verdadero. Los acuerdos de Oslo dejaron a Cisjordania divida en tres áreas y tres regímenes de administración, que imposibilitan tanto la integración del territorio como la de los pobladores.

Campo de refugiados en Palestina

Campo de refugiados en Palestina

Otro factor que ha mermado la creación del Estado Palestino es la ocupación y el establecimiento asentamientos por parte de Israel. Solo un día después del reconocimiento palestino en las Naciones Unidas, Israel anunció la construcción de 3,000 nuevas viviendas en la zona llamada E-1. La nota Tiro de gracia al Estado palestino, que publicó el diario El País el 4 de diciembre, indica que “por su emplazamiento estratégico, si Israel termina construyendo en E-1, Cisjordania se partiría prácticamente en dos. La continuidad territorial de una futura Palestina quedaría de facto hecha trizas.” Asimismo, Israel ha decidido acelerar el plan de construir 1.700 viviendas en la colonia de Ramat Shlomo. Sobre este tema, las palabras emitidas por el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu el dos de diciembre ayudan a explicar de manera clara la postura del gobierno de Israel hacia la consecución de independencia palestina. “Hoy estamos construyendo y seguiremos construyendo en Jerusalén y en todas las zonas que sobre el mapa resultan estratégicas para los intereses del Estado de Israel”

Por último, la cuestión económica también se ha convertido en uno de los grandes obstáculos. El Acuerdo Económico de Paris (1994), que regula las relaciones económicas entre ambas partes y otorga una libertad económica limitada a los palestinos, ha hecho más profunda la crisis pues condiciona parte de los ingresos de la Autoridad Palestina al estado de ánimo del ejecutivo israelí. También como respuesta al reconocimiento en Nueva York, Israel decidió confiscar cerca de 92 millones de euros, correspondientes a la cuota mensual que transfiere a los palestinos en concepto de impuestos recaudados y que el Gobierno de Ramala utiliza para pagar salarios de los funcionarios.

Durante años, la izquierda israelí ha manifestado su compromiso por la solución de dos estados. Pero ese compromiso ha dado pocos resultados en la práctica. Tal vez es tiempo de observar de manera fría y objetiva la realidad en existe palestina y hacia sus pobladores. La dependencia económica que los territorios palestinos tienen de Israel es innegable. Los asentamientos y la ocupación en las áreas A y B de Cisjordania también lo son. Pensar que el reconocimiento, abrumador, en las Naciones Unidas es un paso definitorio para la consolidación en el Estado Palestino es pensar que la construcción de nuevos asentamientos y casas por parte del gobierno de Israel es para regalárselas a la población palestina. Como dice el filosofo y activista por la paz palestino Sari Nousseibeh, en su libro What is a Palestinian State Worth?, es momento de darnos cuenta que el gobierno israelí no renunciará a la soberanía de Cisjordania. El votó del 29 de noviembre nos ayuda a seguir con los ojos cerrados para soñar que el Estado Palestino está más vivo que nunca y que su consecución solo depende de tiempo. No obstante, la realidad es que sin una retirada de Israel de los territorios ocupados, lo que debemos empezar a pensar es en la solución de un único estado. Sé que esta idea parece descabellada y que la creación de este nuevo Estado se enfrentaría a múltiples problemas pero este Estado al oeste del Jordán sería algo más apegado a la realidad que vivimos hoy en día. Carlo Strenger del Departamento de Psicología de la Universidad de Tel Aviv asegura que el surgimiento de Israstine no será indoloro pero que representa lo que la mayoría de los israelís han apoyado con sus acciones y sus votos; además de lo que los palestinos han permitido con una serie de errores históricos en múltiples negociaciones.

Es momento de aceptar que en más de medio siglo, el “conflicto en Medio Oriente” en lugar de resolverse se ha ido profundizando y que tal vez las soluciones más descabelladas son las que pueden dar cauce positivo a todos los individuos que habitan en la región.

Logan Sandoval colabora en la Secretaría Técnica para el Consejo Consultivo, CNDH. Es licenciado y maestro en Relaciones Internacionales.

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