El debate tras la tragedia en Newtown

26/12/12

Carpe Mundum

La tragedia de Newtown, Connecticut, en donde fallecieron 26 personas, entre ellos niños de edad primaria, llamó la atención del mundo entero. Es casi imposible imaginar cómo es que un joven de 20 años abrió fuego indiscriminadamente en una escuela primaria llena de pequeños inocentes antes de tomar su propia vida. El suceso en sí no puede ignorarse, ya que los pronunciamientos sobre el control de las armas en nuestro vecino del norte nuevamente toman fuerza. A continuación, trataré de dar un poco de contexto al debate estridente que podría dominar varias agendas en los próximos meses.

Actualmente, ¿Quién pude comprar un arma?

En términos generales, todos los ciudadanos y residentes permanentes de los Estados Unidos pueden adquirir un arma siempre y cuando no hayan sido convictos de algún crimen grave (felony). Quienes se dedican a la venta de armas como su actividad económica principal se denominan Federal Firearms Licensees (FFL). En estos casos, el comprador tiene que proporcionar una identificación y sus datos personales, mismos que el FFL ingresa a una base de datos que verifica instantáneamente los antecedentes penales (si existiesen) de la persona. Si aprueban, el arma se vende de inmediato. De otra manera, ni el gobierno federal ni el FFL tienen la obligación de mantener los registros de quien haya comprado un arma. Meramente se mantienen estadísticas anónimas.

El caso de los “coleccionistas” o “aficionados” es un poco más complejo. En estos casos, una persona puede ser dueño o dueña de un arsenal entero y puede transferir (vender, intercambiar o regalar) cualquier arma sin verificar antecedentes penales. En la mayoría de los casos, uno se puede topar con coleccionistas dedicados a la venta de armas en los Gun Shows. El denominado Gun Show Loophole se refiere a la facilidad que tiene una persona con antecedentes penales en comprar un arma en estas ferias, todo conforme a derecho. Según The Huffington Post, en EUA hay mas armas personales circulando que en cualquier otro país industrializado. El número de armas vendidas se ha incrementado constantemente desde 2002. Sin embargo, las ventas han alcanzado sus niveles más altos en las fechas alrededor de las elecciones presidenciales que ha ganado Barack Obama; ello es muestra de la noción recurrente entre los entusiastas del armamento de que el gobierno federal “quiere quitarte tu arma”.

¿Porqué es tan complejo regular la compra-venta de armas?

La ley primordial a nivel federal que norma la portación de armas es el Gun Control Actde 1968. El primer obstáculo en la regulación de armas es la Segunda Enmienda constitucional, que establece el derecho a portar armas, aunque de forma limitada. Textualmente, dice: “A well regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.” Este no es el espacio oportuno para desarrollar un resumen de los volúmenes enteros de jurisprudencia que existen sobre esta frase. Sin embargo, hay que entender que la Segunda Enmienda, a como ha sido interpretada a lo largo de los años, dice que ciertas armas, como ametralladoras totalmente automáticas, pueden ser prohibidas, aunque no necesariamente confiscadas. Asimismo, la portación de armas es ahora un derecho individual, por lo que el concepto de “milicia” queda, para fines prácticos, sin efecto (aunque hay mucha literatura interesante sobre este punto).

Detrás de todo se encuentra la famosa National Rifle Association (NRA), una organización con vastos recursos financieros y una maquinaria política formidable. La organización ostenta miles de miembros en todo el país. Cuenta con un “Instituto Legal” y un canal de noticias sobre las armas. En respuesta a la tragedia de Connecticut, propone fortalecer la infraestructura de seguridad en las escuelas y armar a policías, o en su defecto a los propios maestros, para contrarrestar la amenaza. No es una idea nueva, ya que hay algunos estados que ya permiten la portación de armas en los campus de educación superior bajo distintas circunstancias.

¿Porqué es un debate tan apasionado?

Estados Unidos se auto-identifica como baluarte global de la libertad individual. La expresión más ferviente de tal individualismo es el derecho a la autodefensa. Resulta que este derecho de autodefensa se tiene tanto en contra de “agresores” (criminales que quieren hace algún daño) como de “tiranía” (gobierno represor que viola garantías constitucionales). Aunado con la desconfianza inherente que mantienen muchos estadounidenses a un gobierno grande y poderoso, su derecho a portar armas es, para muchos, algo que los “founding fathers” quisieron garantizar para evitar la represión. Es por ello que todos los estados de la unión cuentan con milicias y grupos armados anti-gobierno, generalmente de corte ultraderechista.

Si aceptamos que los estadounidenses ven las armas como un legado cultural nacional, es de esperarse que cualquier esfuerzo para limitar sus derechos será sujeto a sospechas generalizadas. Incluso, han llegado a argumentar que las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el desarme están dirigidas a ellos. Estas impresiones, aunadas con el poderío del NRA y sus grupos afines, generan resistencia a toda medida (por muy sensata que sea) dirigida a controlar o reducir el acceso a las armas.

¿Qué sigue?

Por todo lo anterior, al escuchar el debate que se avecina, propongo tener en cuenta lo siguiente:

· Sí existen leyes que regulan las armas en los Estados Unidos. Sin embargo, el sistema federalista de aquel país hace que éstas sean muy diversas en cada estado, ocasionando un inevitable popurrí de leyes provenientes de los tres órdenes de gobierno.

· No existe la posibilidad de cambiar la Segunda Enmienda constitucional, ya que una enorme mayoría de los ciudadanos estadounidenses se identifica de alguna forma u otra con la cultura de las armas. La mejor guía respecto a la constitución seguirá siendo la jurisprudencia desahogada en la Suprema Corte.

· La industria armamentista en los Estados Unidos representa miles de empleos y miles de millones de ganancias. Estos intereses empresariales no caerán en oídos sordos en momentos difíciles para la economía.

· No es conveniente enmarcar el tema del tráfico de armas hacia México dentro del debate interno estadounidense sobre el control armamentista. El traspaso ilegal de armas de norte a sur es una problemática compleja que requiere atenderse de manera quirúrgica y que no encontrará soluciones en el debate apasionado de la sociedad norteamericana. Si los estadounidenses regulan mejor sus armas, nos veremos beneficiados sin duda, pero es algo que les corresponde exclusivamente a ellos.

· No se puede ignorar la dimensión de salud pública en todo esto. Si bien, mayores controles en materia de venta y posesión de armas son deseables, éstos quedarán sin efecto si se descuida la necesidad de atender a las personas con enfermedades mentales en un esquema preventivo.

Esperemos que los resultados del debate que viene y el equipo que lidera el Vicepresidente Biden sean fructíferos.

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