Comentarios en torno a la participación ciudadana. Segunda parte.

02/08/12

Rodolfo Jarquín Nava

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Apostar a construir ciudadanía a partir del debate de ideas. Puede leerse como una frase lógica, sin embargo, ha sido precisamente el elemento que se ha mantenido ausente durante varios años en nuestro país.

Hace algunas semanas, escribía para comentar el acontecimiento al que estábamos asistiendo en la coyuntura del pasado proceso electoral, relacionado con el despertar nuevamente de una sociedad civil, ahora más organizada.

Volteo la mirada y me parece observar líneas algunas veces ambiguas y otras poco definidas, tal vez poco alumbradas por los “árbitros” de la comunicación, pero también por un confuso mensaje del propio movimiento.

Sin embargo, vale la pena retomar el elemento que desató la movilización de los grupos organizados en nuestro país, es decir, la coyuntura electoral. Esto ha sido un diferenciador respecto de las protestas internacionales, algunas ante el agotamiento de totalitarismos anacrónicos, otros ante las condiciones materiales que la economía sigue afectando, y unos más simplemente frente a lo que ya he mencionado: una cultura política que ya no pertenece a las nuevas generaciones.

Lo anterior no significa que en estricto sentido las movilizaciones obedezcan a un factor en específico, me parece que sobra decir que en algunos casos –México es un ejemplo- la combinación de estos factores provoca llevar al límite las condiciones de convivencia entre los actores que confluyen en la esfera de lo público.

Esta combinación de factores, como se ha señalado, culminó con la protesta pública en las calles en un contexto electoral, por lo cual las principales demandas han sido en este sentido: No a la imposición, denuncia a la coacción del voto, al uso desmedido de recursos a favor de cierto candidato, al apoyo de los medios por tal candidato, etc.

No obstante, al día de hoy se han sumado más organizaciones a las protestas, lo cual ha agregado un mayor número de intereses y demandas a representar. Desde el tema estrictamente electoral, pasando por grupos de “estudiantes, maestros, sindicatos, trabajadores y empleados, campesinos y ejidatarios, migrantes, colonos e indígenas”.

Es decir, se ha convertido en un movimiento que pretende la defensa del agravio histórico, reivindicado las causas sociales aparentemente abandonadas, tarea nada fácil y con gran valor social. Por el otro lado, el gran problema también ha sido evidente: el asalto de las tribus que se alimentan de las prebendas propias del conflicto, y la indefinición alimentada por la pluralidad poco conciliadora.

Así, comentando esto no pretendo otorgar una opinión categórica respecto a las virtudes y críticas al indudable momento de la sociedad civil, a esta pequeña y efímera primavera mexicana. El objetivo es reflexionar en torno a los factores que detonaron el hartazgo de los verdaderos grupos en protesta, ¿qué continua sin una solución?, ¿cuál de las mil y una realidades queremos que sea la historia correcta, la cual nos haga olvidar el constante deseo de venganza?

 

Rodolfo Jarquin Nava es Politólogo y Administrador Público. Ha colaborado en la Embajada de México en Alemania y en el Instituto de Estudios Latinoamericanos (ZILAS) de la Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt en Alemania. En el ámbito académico, fue Profesor Adjunto en la Universidad Iberoamericana, Campus Puebla. Actualmente es asesor en la Subsecretaría de Egresos de la Secretaría de Finanzas del estado de Puebla.

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