Los candidatos presidenciales y sus propuestas de política exterior para América Latina

18/06/12

Sergio González Serna

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Con el triunfo de Vicente Fox en la elección presidencial del año 2000 y la alternancia política que significó, se dio origen a un amplio debate con respecto a los principios rectores de la política exterior mexicana consagrados en la Constitución: autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de controversias, prohibición de la amenaza o uso de la fuerza, igualdad jurídica de los Estados, cooperación internacional para el desarrollo, lucha por la paz y la seguridad internacionales. La discusión central giraba en torno a la vigencia de estos principios al inicio de un nuevo siglo y en plena transición democrática, y se buscaba incorporar la defensa de los derechos humanos y la democracia.

En ese marco de controversia ideológica, las decisiones en materia de política exterior durante el sexenio del 2000 al 2006 generaron una serie de desencuentros diplomáticos con los interlocutores obligados de México en América Latina que en su mayoría estaba girando a la izquierda. Cabe recordar que en el sexenio de Fox, la relaciones diplomáticas se tensaron con la Cuba de Castro por el tema de los derechos humanos y por el tristemente célebre “comes y te vas”, con la Venezuela de Chávez por lo del “cachorro del imperio”, con la Argentina de Kirchner por la discusión sobre el ALCA en la Cumbre de las Américas en 2005, con la Bolivia de Morales por la venta de gas natural vía puertos chilenos y hasta con el Chile de Lagos por la necedad de querer imponer a Derbez sobre Insulza en la OEA.

No obstante, en el sexenio de Felipe Calderón, se retomó la dirección histórica de la política exterior mexicana, es decir, se abandonó el debate sobre la vigencia de los principios rectores. En el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, los principios rectores siguen siendo el hilo conductor de la política exterior y, además, se da prioridad a las relaciones con América Latina. En la práctica se observó una política exterior de corte clásico, congruente con la práctica histórica del país, que privilegia el multilateralismo y los foros regionales y sacrifica el activismo internacional.

En ese sentido, México normalizó su relación con los países de la región, estabilizó las tensiones diplomáticas y se enfocó en la apertura comercial, tal como lo indican los acuerdos comerciales con Centroamérica y Perú, así como la alianza estratégica del Pacífico con Colombia, Perú y Chile. Mientras la política de normalización daba sus frutos, también exhibía sus limitaciones, como el despunte de Brasil como la potencia regional latinoamericana y como poder emergente ante la débil reacción de México al respecto, lo cual es posible apreciar comparando las actuaciones de ambos países en los caso de Haití y Honduras.

Por otra parte, cabe mencionar que tanto el Plan Puebla-Panamá de Fox cuanto el Proyecto Mesoamérica de Calderón de apoyo a la inversión, la infraestructura y el desarrollo económico por parte de México en Centroamérica no han dado los resultados esperados. México ha perdido el brillo de la década de los ochenta cuando México era un referente obligado en las negociaciones de paz en las guerras civiles que sumían a la región.

Ante el escenario descrito, los retos de México en materia de política exterior en América Latina son muchos, variados complejos y urgentes. Desde retomar su posición como líder de la región, hasta la profundización de los lazos económicos y comerciales, pasando por temas como las operaciones de mantenimiento de paz, asistencia electoral, fortalecimiento de la OEA y hasta el voto para otorgar o no el reconocimiento internacional a Palestina. De tal forma que, leyendo las propuestas de los cuatro candidatos presidenciales en materia de política exterior hacia América Latina, éstas resultan lugares comunes y son insuficientes, vagas y meramente descriptivas. Se entiende que por cuestión de tiempo y prioridades, los candidatos y sus analistas le dediquen poco espacio a la plataforma de política exterior y todavía menos a lo referente a Latinoamérica, sin embargo, no es razón válida para no proponer acciones concretas y viables o compromisos claros para con la región.

En general, los cuatro aspirantes coinciden en lo fundamental: recuperar el liderazgo en la región (lo cual indica que lo dan por perdido frente a Brasil); la cooperación (objetivo mínimo de cualquier política exterior) en temas económicos, de seguridad, migratorios, culturales, de infraestructura y hasta ambientales; privilegiar el multilateralismo (lo que ya ocurre actualmente); buscar la integración (¿en qué temas?, ¿cómo lograrla?); ser un puente entre la América septentrional y la América meridional; y fortalecer la relación con Brasil, tratándolo como un socio estratégico más que como un adversario comercial (¿por qué nadie se atreve a decir que la política de Itamaraty ha sido una de las mejores del presente siglo?). De igual forma, todos coinciden en relanzar las relaciones bilaterales con Cuba y Venezuela (Fox las tensó y Calderón las normalizó, pero ¿quién las relanzará?).

En lo particular, resaltan las siguientes propuestas:

· Josefina Vázquez propone la utilización de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) para fortalecer los vínculos con Cuba, Centroamérica y los países del Caribe, lo cual resulta de vital importancia luego de ver la actuación de la Agencia Brasileña de Cooperación Internacional en Honduras, Haití e incluso en países Africanos;

· lo más novedoso que propone Gabriel Quadri para la región es la cooperación para la protección ambiental y la conservación de los ecosistemas en América del Sur, Centroamérica y el Caribe;

· Enrique Peña propone proyectos trasnacionales en la región en materia de infraestructura, energía, telecomunicaciones y educación como vehículo de integración, siguiendo el modelo de integración energética para abastecer de gas natural y energía hidroeléctrica al Cono Sur que actualmente construyen Chile, Bolivia, Argentina, Paraguay y Brasil;

· Andrés López propone relanzar el Parlamento Latinoamericano mediante la elección directa de sus miembros, aunque no dice cuáles serían las capacidades legislativas de este cuerpo de deliberación, y la homologación de todos los tratados comerciales existentes de México con la región y la fusión de las diferentes asociaciones latinoamericanas de libre comercio para hacer más ordenada la integración. Por lo demás, la plataforma de la izquierda no contempla la incorporación de México en la Alianza Bolivariana dirigida por Venezuela.

A manera de conclusión, es posible establecer que ninguno de los cuatro candidatos tiene propuestas claras y concretas sobre cuál será la actuación de México en América Latina. Todos prometen que México recuperará su lugar central en la región, pero no explican cómo lo hará. Todos caen en los lugares comunes de la promoción de la democracia, la cooperación, el combate al crimen organizado o el multilateralismo, pero ninguno tiene una agenda precisa de los pasos que se seguirán para lograrlo. Por lo tanto, el próximo sexenio, en lo que respecta a las relaciones con América Latina, augura una política exterior pasiva, de corte clásico y enfocada en la firma de más tratados de libre comercio. Al mismo tiempo, los retos de los próximos seis años exigirán a México un papel más activo en cuestiones de cooperación internacional, posibles intervenciones humanitarias, donativos a instituciones multilaterales, construcción de instituciones democráticas y de seguridad, integración energética, etc. Parece que los retos superan y por mucho a las propuestas y su puesta en práctica.

 

Fuentes consultadas:

· Covarrubias, Ana, Cambio de siglo: la política exterior de la apertura económica y política, El México, D.F., Colegio de México, 2010.

· Foreign Affairs Latinoamérica, en www.revistafal.com

· Informa tu voto, en www.informatuvoto.org

· Plataformas electorales de los partidos políticos, en http://www.ife.org.mx/portal/site/ifev2/Plataformas_electorales/

 

Sergio González es candidato a Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México. Anteriormente, fungió como Asesor para la Fundación Bill & Melinda Gates y también fue Asistente de Investigación y Coordinador del Programa Multidisciplinario de Verano “México Contemporáneo” en El Colegio de México.

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